En América Latina, hablar de sexualidad es más importante que nunca, mientras crecen los intentos y se concretan decisiones políticas para censurar contenidos y restringir políticas públicas, es necesario ampliar el enfoque dominante y recuperar una dimensión históricamente silenciada: el placer como parte central de los derechos humanos.

En este contexto inicia sus actividades en al año 2025  el Centro del Placer para América Latina y el Caribe, impulsado desde Perú y alojado en Promsex, el cual plantea incidir en transformaciones en las que entendemos la sexualidad, la educación y el bienestar.

La iniciativa parte de una premisa, y es que hablar de placer es hablar de derechos, de autonomía, de consentimiento y de la propia vivencia humana, buscando así construir un espacio que articule investigación, evidencia, historias de vida, saberes comunitarios y acción política.

El escenario actual no solo limita el acceso a información basada en evidencia, sino que refuerza silencios históricos, el problema no es solo la ausencia de contenidos, sino un “silencio estructural” que vincula la sexualidad con la culpa, el pecado o la enfermedad. Esto se traduce en políticas educativas que censuran, profesionales de salud que reproducen prejuicios y jóvenes que no encuentran espacios seguros para informarse ni decidir.

Frente a ello, el enfoque del placer propone un cambio de paradigma. No se trata de reemplazar la prevención, sino de integrarla en un modelo más amplio que reconozca el deseo, el bienestar y la autonomía de las personas con una visión positiva de la sexualidad.

Y todo ello basado en la evidencia, experiencias desarrolladas muestran que este enfoque puede mejorar la calidad de la atención en los servicios de salud, fortalecer la confianza y ampliar la capacidad de decisión de las personas; y podría ser una herramienta central para que más hombres se cuestionen sus patrones de violencia.

La apuesta también es política. Incorporar el placer para afianzar una educación sexual integral, implica desafiar las lógicas de control sobre los cuerpos y avanzar hacia un enfoque de derechos. Se trata de posicionar el placer no como un tema accesorio, sino como un estándar en las políticas de salud y educación.

Reivindicar el placer, entonces, no es un gesto provocador. Es una forma de recuperar la dignidad, la autonomía y el derecho de todas las personas a vivir su sexualidad de manera libre, informada y segura. En una región donde estos derechos aún están en disputa, también es, necesariamente, una forma de resistencia.

Este enfoque cuestiona décadas de políticas públicas centradas casi exclusivamente en el riesgo, en una lógica biomédica y restrictiva. Incluir el consentimiento, el deseo y el bienestar puede ser, en cambio, una herramienta transformadora