¿Cuántas veces te has sentido culpable por disfrutar de tu propia sexualidad? En un país en el que hablar de salud reproductiva, placer y autocuidado no solo sigue siendo un estigma, sino también una batalla por garantizar nuestros derechos, repensar la autonomía sexual, el gozo y el disfrute continúa siendo un acto de rebeldía. 

Este 28 de mayo, Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, recordamos que la salud integral de las mujeres debe denunciar, incluir y derribar las barreras que aún afectan a la salud sexual y reproductiva de las mujeres en México. 

De acuerdo con cifras del Inegi, en 2023, el 34.8% de mujeres adolescentes entre 15 y 19 años de edad ya había iniciado su vida sexual y la mitad era sexualmente activa, mientras que el 10.4 % ya había tenido un embarazo en, al menos, una ocasión. Estas cifras revelan la necesidad de empujar la agenda por el derecho a la salud sexual y reproductiva desde la infancia y adolescencia. 

Sin embargo, hablar de la garantización de este derecho implica reconocer todo lo que nos atraviesa: la menstruación —desde la menarquía hasta la menopausia—, métodos anticonceptivos, el derecho al aborto, la diversidad en las relaciones sexoafectivas y el placer y autoconocimiento, pues el acceso a servicios de salud debe basarse en la dignidad y el placer, eliminando estigmas y reconociendo el derecho a decidir sin necesidad de autorizaciones externas. 

¿Por qué sigue existiendo la culpa alrededor del placer y el autocuidado?

En clases de biología básica solían platicarnos sobre los peligros del embarazo adolescente, los malestares de las enfermedades e infecciones de transmisión sexual (ETS e ITS, respectivamente) y, si las condiciones lo permitía, sobre cómo poner un condón de manera eficiente para prevenir la gestación adolescente pero, ¿recuerdas que se haya hecho mención sobre el placer y la exploración de la sexualidad?

En ese entonces, muchas preguntas permanecieron en la penumbra: meramente nombrarlo era como invocar a una especie de mal que estaba vetado en la educación hegemónica y tradicional. Dialogar con perspectiva de género era aún más inimaginable.

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Para responder a estas inquietudes, reafirmar nuestro sentido de deseo y hablar fuera del tabú, platicamos con la psicóterapeuta y educadora en sexualidad Sharom Flores, asesora en la organización M de Mujer —dedicada a promover información accesible y adecuada sobre la salud sexual y reproductiva de las mujeres en México y América Latina—, y colaboradora en el portal El Diván Sensual. 

“¿Por qué sigue existiendo la culpa alrededor del placer y el autocuidado?”, se pregunta Flores en entrevista. La culpa, esa que ha alimentado nuestros miedos y nos ha permanecido sin información asequible por muchos años. 

“Históricamente, la culpa ha sido utilizada como un medio de control social para que las mujeres no podamos vernos desde la autonomía y contactar con situaciones que son nutritivas para nosotras, que ayudan, que aportan al autoconocimiento y que al sistema pues no le funciona”, explica Flores para La Cadera de Eva. 

Esta percepción está ligada a la percepción social de los roles de género, que dictan cuáles son las actividades que las mujeres deben realizar, como la crianza, el cuidado y el servicio a otras personas —ni hablar del amor romántico, que viene a perpetuar estos actos bajo la idea del amor de pareja y la familia ideal—. 

¿Qué pasa cuando una mujer decide buscar su propio bienestar o placer? Para la especialista la respuesta es evidente: está rompiendo con estos esquemas establecidos, lo que conlleva una suerte de “castigo” social que se manifiesta internamente como culpa.

Detrás de estos estereotipos y estigmas hay un problema vigente: la falta de educación sexual integral, una herramienta fundamental que nos permite reconocer y enunciar nuestros deseos, cuerpos y contextos, permitiéndonos vivir nuestra sexualidad desde la autonomía y el bienestar en cualquier etapa de la vida.

Placer y autocuidado femenino 

De acuerdo con la Primera Encuesta Nacional sobre la Carga Mental del Trabajo de Cuidados no Remunerado, el 62% de las mujeres cuidadoras reportan agotamiento emocional y 72% malestar emocional. Esta cifra está directamente relacionada con la falta de cuidado real, es decir, silenciar necesidades básicas como comer, dormir o ir al baño por priorizar el cuidado de otros. Esto incluye no responder al deseo y goce de nuestra propia sexualidad. 

Tal vez crees que te estás cuidando, pero ¡ojo!, la realidad, según explica Flores, es que existe una idea de autocuidado comercial —desde las mascarillas, tés y spas, hasta las promociones del Día de las Madres o del Día del Amor y la Amistad para, supuestamente, disfrutar de un momentito para ti y tu “autocuidado”—.

Sin embargo, es necesario especificar qué entendemos por placer. Si bien se trata de una experiencia de goce, diversión y gusto, esta sensación no se limita al ámbito sexual, también surge en cualquier actividad que nos haga sentir bien, plenas y felices.

“Algo muy poderoso dentro de la educación sexual es el autoconocimiento, saber a través de estas experiencias placenteras y vivencias, qué me gusta, cómo me gusta, en qué momento, e, incluso, con quién me gusta o gustaría (o no) vivirlo y nos da herramientas para solicitarlo y para poner límites” explica Flores, y añade que “cuando nuestra educación sexual integral se centra únicamente en lo sexual y lo coital, corremos el riesgo de no entender cuál es toda la estructura social que sostiene que no podamos vivir ese placer y esa potencialidad erótica en nuestro cuerpo”.

Buscar el placer fuera de los fines reproductivos es una forma de reapropiarnos del cuerpo como ese primer territorio corporal que no obedece ni pide permisos externos —¡Así es! Hermana, date—.

Salud integral pública como un derecho para todas

“La salud no solamente se entiende como la ausencia de enfermedad, sino como un estado completo de bienestar. Desde M de Mujer explicamos cómo vivir la salud desde la globalidad: desde este bienestar para trabajar. Y las alternativas que tenemos para cuidar nuestra salud integral”, explica Flores. Integrar esta perspectiva permite identificar cómo las estructuras de desigualdad, la carga mental y las tareas de cuidado no remuneradas generan síntomas físicos y emocionales como insomnio, depresión y ansiedad.

“Hablar de estos temas también es proponer servicios que nos garanticen tratos dignos sin sentirnos enjuiciadas de promover la vergüenza o creencias que generan estigma al momento de pedir alguna asesoría de cómo puedo vivir mi cuerpo desde lo que yo quiero y necesito”.

Esto significa que hablar de placer permite que los programas de salud pública dejen de centrarse exclusivamente en la prevención de infecciones o embarazos y comiencen a enfocarse en el acceso a vidas dignas. Además, una mirada integral de la salud ayuda a las mujeres a identificar violencias y a entender cómo el sistema patriarcal utiliza la culpa para invalidar sus deseos.

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Para avanzar hacia la reconciliación con el placer, Sharom Flores recomienda ser empáticas con nosotras mismas y entender que vivirnos desde el placer es un proceso de validación personal y, sobre todo, que es necesario buscar redes de apoyo entre amigas y organizaciones como M de Mujer o El Diván Sensual para validar nuestros sentires, tiempos y necesidades sin juicios. 

¿Qué piensas? Te leemos en los comentarios.