El Día del Amor y la Amistad celebra la intimidad y la confianza, pero en la era de la Inteligencia Artificial (IA), esos mismos vínculos se han convertido en un campo minado para las mujeres jóvenes. En Ola Violeta aprovechamos el ambiente romántico para analizar "El amor en los tiempos de Grok" en nuestro reporte mensual; el hallazgo es contundente: la tecnología amplifica la práctica machista de convertir a las mujeres en objetos disponibles para el consumo visual.
Para sorpresa de nadie, ocho de cada diez imágenes generadas como contenido sexualizado Grok son de mujeres. Además, las víctimas tienen una media de edad de 22.5 años, de hecho, el 92% de las mujeres retratadas aparentan tener menos de 30 años, frente al 40% en los hombres. Este no es un dato aleatorio, se trata del reflejo digital de una cultura que enseña que el deseo masculino tiene derecho al cuerpo joven femenino.
Y México no es ajeno a esta realidad. Según el INEGI, en 2024 el 21% de la población usuaria de internet de 12 años o más vivió ciberacoso, equivalente a 18.9 millones de personas. Entre las mujeres, la prevalencia fue del 22.2%. Pero el dato más alarmante apunta al grupo de mujeres de 20 a 29 años: el 31.1% reportó ciberacoso en los últimos 12 meses.
Estas son precisamente las mujeres en edad de relaciones románticas activas, las que comparten intimidad digital, las que confían en parejas o exparejas que pueden traicionar esa confianza.
La violencia en las relaciones no es nueva, pero la tecnología la ha reconfigurado. Un estudio de la Fundación Pew Research Center encontró que el 41% de los estadounidenses ha experimentado acoso en línea, y que las mujeres jóvenes son particularmente vulnerables a formas severas de acoso sexual y amenazas físicas.
Cuando esa dinámica se traslada a las relaciones afectivas, el daño se multiplica: la intimidad compartida –fotos, videos, conversaciones– se convierte en balas.
Los deepfakes de venganza son solo la punta del iceberg. ONU Mujeres reporta que cerca de la mitad de las mujeres y niñas del mundo –alrededor de 1.8 mil millones– carece de protección legal frente al abuso digital. En contextos donde la norma existe pero la aplicación es laxa, las plataformas operan con impunidad.
El caso Grok que se viralizó a finales del año pasado ilustra esta falla: tras el escándalo, la plataforma solo restringió la generación de imágenes a cuentas de pago, una medida que no elimina el riesgo, sino que lo monetiza.
El amor en tiempos de IA exige más que afecto, requiere conciencia de que la tecnología hereda el machismo cultural y lo amplifica. En Ola Violeta no dudamos: la innovación sin derechos no es progreso: es regresión.
En este 14 de febrero, el mejor regalo está en la exigencia colectiva de que las plataformas rindan cuentas y de que el diseño tecnológico incorpore perspectiva de género desde su origen.

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