¿Qué tendrías que hacer para tener un “hogar” propio? ¿Cuál sería el costo de perseguir una meta que parece imposible para las y los jóvenes de hoy? ¿Qué abandonarías? ¿Tiempo, espacio para el ocio y esparcimiento, oportunidades para robustecer tus estudios? ¿Cuánto dinero tendrías que ganar? ¿Es posible adquirir una vivienda cuando la mayoría de las personas percibe apenas el salario mínimo en el país?
Un hogar, pero ¿a qué costo?, se titula el último informe de la organización sin fines de lucro, Hábitat para la Humanidad Internacional, en el que participaron más de 300 mil personas de 22 países en cinco regiones del mundo, incluído México.
El informe responde a las preguntas e incertidumbres actuales.
Aproximadamente el 48% de las personas afirmó que un problema inesperado podría poner en riesgo su capacidad de permanecer en su vivienda, y es que el costo de “tener un hogar” ya es palpable.
A nivel mundial, el 75% ha recortado al menos un gasto en el último año para cubrir los costos de su vivienda, de acuerdo con el informe.
Las personas están dejando de vivir por sostener un hogar que no garantiza el Estado. Entre los principales recortes se encuentra la reducción del 33% en el gasto en alimentos, el incremento del 32% en el uso de ahorros o fondos de emergencia, la necesidad de asumir trabajos adicionales en 31% y el aplazamiento o cancelación de atención médica en acuerdos de vivienda informal.
Como se señala en el informe, en la actualidad “el desafío no es solo encontrar vivienda, sino también conservarla”.
La crisis de vivienda para las mujeres
¿Qué sacrifican las mujeres para tener un hogar? Para ellas, las presiones económicas sobre la vivienda generan sacrificios desproporcionados pues el 42% ha disminuído su gasto en comida frente al 34% de los hombres.
En ese sentido, el 39% de las mujeres también ha dejado de realizar actividades sociales frente al 33% de los hombres; el 35% de las mujeres agota sus ahorros, el 23% posterga reparaciones en el hogar y el 20% depende de ayuda familiar o de amigos.
Acceder a una vivienda digna y ser mujer es una travesía que se entreteje con la misoginia y la violencia de género. Cuando debes hacer reparaciones en tu hogar ¿temes represalias por parte de tu casero?
En contextos de bajos ingresos, las mujeres mexicanas absorben la peor parte de la crisis de asequibilidad. Según el informe, 38% de las mujeres evita exigir reparaciones a sus arrendadores por temor a aumentos de renta o desalojo, en comparación con el 32% de los hombres.

¿Cuál es el costo para México?
“Para mí, un hogar lo es todo. Hogar es una palabra corta, pero abarca mucho. Me siento bendecida de tener un hogar”, se retoma en el informe el testimonio Imelda. Estas palabras están ligadas a la verdadera crisis de vivienda en México: no se trata únicamente de acceder a una, sino de contar con mejor calidad, servicios y una ubicación segura.
En México, el 40% de las personas declaró no estar satisfecha con su vivienda actual, frente al 35% promedio a nivel mundial, mientras que el 25% afirmó que la vivienda es una de las principales fuentes de estrés en su vida.
De acuerdo con el informe, el caso de México es particular, y es que si bien sólo el 19% de las personas que no son propietarias cree que nunca llegará a poseer una vivienda propia, el 44% opina que el sistema de vivienda en el país está fallando o no funciona.
¿Qué se pierde cuando la vivienda no es accesible?
Cuando la vivienda no es asequible ni accesible, lo que se pierde no es solo el dinero destinado a una renta o hipoteca, también se pospone planes de vida ( 38% de los encuestados afirmó que permanecer en su vivienda actual implica renunciar a metas y desarrollo personal), y se pone en riesgo la salud física y mental y se deteriora la seguridad física (40% termina viviendo en entornos con deficiencias de seguridad física en puertas, ventanas o barrio debido a la falta de opciones pagables).
Para el 46% de las generaciones mayores, los costos de la vivienda dificultan la posibilidad de formar una familia. Esta cifra aumenta en personas de la generación Z y millenials, cuya cifra asciende al 62%.
Quienes ya tienen hijos permanecen inquietos por su desarrollo íntegro y digno: el 58% de las madres, padres y tutores teme que las presiones financieras del hogar limiten sus oportunidades educativas.
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