La pelota regresa a casa y la violencia también. Dentro y fuera de la cancha, la historia del fútbol profesional se ha caracterizado por la euforia de la afición y, de paso, por los altos índices de violencia que se registran durante temporadas futboleras.

Las cifras apuntan a una tendencia sostenida. Como cita la organización Mujeres Vivas, Mujeres Libres, en el análisis Más allá de la cancha: lo que nadie te cuenta del Mundial, en Inglaterra, la Universidad de Lancaster encontró que las agresiones crecían un 38% cuando la selección perdía, pero incluso un 26% cuando ganaba o empataba.

El caso de América Latina no es diferente: en Colombia, la violencia contra las mujeres aumentó hasta un 43% durante los partidos del Mundial de 2014, mientras que en Brasil creció casi un 24% los días de partido de la liga nacional de fútbol

“Sin importar el marcador, las que más tienen que perder siguen siendo las mujeres”, señala la organización.

Violencia de género: una realidad histórica ignorada

De acuerdo con el análisis, durante el Mundial de 2018, se registró un incremento del 12% en los reportes de violación en la Ciudad de México específicamente durante la semana en que la selección mexicana perdió contra Suecia y en el primer bimestre de 2026, las cifras de feminicidios en la CDMX aumentaron un 50% en el periodo previo a la inauguración del Mundial.

A esto se suma que la capital mexicana concentra el mayor número de llamadas de emergencia por violencia contra las mujeres en el país, registrando más de 9 mil 600 llamadas en solo dos meses

En cuanto a la vida profesional del deporte, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala que el 78% de las mujeres que participan en el mundo del fútbol (jugadoras, árbitras, periodistas y aficionadas) han sido víctimas de violencia de género, señalando a la afición como el principal agresor. Esta cifra es grave considerando que, según datos del INEGI, 7 de cada 10 mujeres en México han vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida.

Una historia de poder

La historia del fútbol no solo es celebración, también se trata de un laboratorio, de un fenómeno complejo que refleja desde conflictos en la cancha hasta problemas sociales profundos. 

Como señala Fernando Carrión Mena en  Fútbol y violencia: las razones de una violencia sin razón, desde sus orígenes el fútbol ha sido concebido como una “continuación de la guerra por otros medios”, pues ha incorporado lenguaje y tácticas militares como “estrategia”, “ataques” y “bombazos” en la cotidianidad. 

En dicho texto se retoma una leyenda inglesa que sitúa el origen de la primera pelota en la cabeza de un soldado romano muerto en batalla en el año 55 a.C. o en el cráneo de un vikingo. Como señala el autor, a finales de XVII, el juego era sumamente violento. En 1888, se registraron 23 jugadores muertos y decenas de fracturas; para 1890, la cifra de fallecidos subió a 26.

Ante la violencia extrema, surgió la necesidad de “civilizar” el conflicto para evitar su prohibición total. Esto dio lugar a la creación de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) como institución de “justicia” con reglas, además de la incorporación del árbitro como figura autoridad.

Hoy, el fútbol mainstream, como lo conocemos, ha transicionado a un esquema de deporte-entretenimiento-espectáculo, tal como se plantea durante las ceremonias de inauguración; sin embargo, la violencia se trasladó a las gradas.

En el siglo XIX surgieron grupos organizados como los hooligans en Inglaterra, las barras bravas en Argentina, como “La 12” de José Barrita y los ultras en España pero, ¿en qué consisten?

Hooligans, ultras y barras bravas

  1. Hooligans 

Aunque su origen es cuestionado, este grupo cobró visibilidad internacional durante el Mundial de Inglaterra 1966. Se caracterizaban inicialmente por aparecer con cabezas rapadas, torsos desnudos y realizar cánticos injuriosos.

El grupo alcanzó su notoriedad más funesta con la tragedia de Heysel en 1985, donde un enfrentamiento con hinchas de la Juventus dejó 39 personas muertas.

A diferencia de otros grupos, los Hooligans suelen mantener una fuerte identidad local basada en sus ciudades o clubes, incluso cuando siguen a su selección nacional.

  1. Barras bravas

El nacimiento de las barras bravas en Argentina se vincula a figuras como José Barrita, apodado “El Abuelo”, quien comandó la ya mencionada “La 12” hasta ser sentenciado en 1994 por la muerte de seguidores de River Plate. Su identidad se basa en el “honor masculino”, la idea de que deben demostrar valentía y capacidad de sacrificio físico por el grupo o los colores del equipo. 

Para estos grupos, los emblemas como banderas y camisetas son "trofeos de guerra”; robarlos o quemarlos representa una humillación suprema para el rival. Aquí, la masculinidad hegemónica comanda.

La primera barra brava en México fue la “Ultra Tuza”  del Pachuca, para la que se contrataron líderes extranjeros de Chile, Costa Rica y Argentina con el fin de organizarla.

  1. Ultras

Los “ultras” surgieron con fuerza a partir de los años 80 en España y Europa. En algunos casos estos grupos se alimentan y promueven  ideologías de extrema derecha, racistas y xenófobas, utilizando el fútbol para manifestar una supuesta superioridad racial. 

Lo preocupante está aquí: con el tiempo, estos grupos han dejado de ser simples aficionados entusiastas para convertirse en organizaciones con estructuras complejas en donde la violencia impera y, en muchos casos, concluye con agresiones y violencia de género dentro o fuera de la cancha. 

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