¿Alguna vez te has preguntado de qué manera el sistema fiscal mexicano interactúa con la organización y estructura social del cuidado a lo largo de las distintas etapas de la vida?
En recientes años, hablar de políticas públicas y de presupuesto fiscal implica hablar inevitablemente de cuidados, una tarea que por siglos ha sido sostenida por el trabajo no remunerado de las mujeres mexicanas, quienes realizan el 75% de los cuidados.
Y es que el trabajo de cuidados no remunerado en los hogares equivale al 23.9% del PIB nacional, lo que representa una transferencia implícita de recursos hacia el sistema económico y un subsidio invisible que es sostenido mayoritariamente por mujeres.
Esto es lo que se investiga en el informe “Los cuidados y las finanzas públicas. El ciclo de vida fiscal”, realizado por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, A.C. (CIEP) y que se presentó públicamente este 9 de junio en presencia de la economista y Directora Ejecutiva del CIEP, Alejandra Macías Sánchez, quién mencionó:
“Parece anticlimático que hoy los invitemos a hablar de cuidados cuando esta semana y la siguiente parece que solo vamos a hablar de fútbol (...). Sin embargo, hay que tomar en cuenta que los cuidados no paran, independientemente de lo que pase. Estas actividades son las que sostienen la vida y es una actividad invisible”.
Te contamos.
La brecha de género
Los cuidados —entendidos como el conjunto de actividades, relaciones y procesos necesarios para sostener la vida, el bienestar y la autonomía de las personas— son el pilar que sostiene la vida y el sistema económico, pero su organización actual es profundamente desigual y recae de manera desproporcionada en las mujeres.
De acuerdo con el informe, las mujeres destinan en promedio 40.9 horas semanales al trabajo no remunerado, más del doble que los hombres, quienes solo dedican 19.5 horas. Añadiendo el trabajo pagado, las mujeres trabajan 12.3 horas más a la semana que los hombres pues la suma de las horas invertidas en el trabajo remunerado y el no remunerado resulta en un total de 83.1 horas a la semana, frente a las 70.8 horas de los hombres.

¿Y cuáles son las consecuencias de esta distribución no equitativa? La respuesta se encuentra en la restricción de la autonomía, que los feminismos han peleado desde su concepción.
Según el informe, la distribución inequitativa de los cuidados limita sistemáticamente tres tipos de autonomía en las mujeres: la autonomía económica, de tiempo y funcional. Por un lado, la carga de cuidados restringe su participación laboral, empujándolas hacia empleos precarios, de tiempo parcial o a la inactividad, mientras que la falta de tiempo o “pobreza de tiempo”, reduce sus posibilidades de descanso, educación o desarrollo personal.
Esto resulta en una pérdida de autonomía funcional, es decir, cuando las personas cuidadoras no cuentan con las condiciones para cuidar sin reducir su propia autodeterminación y bienestar.
Los cuidados por grupos etarios
El sistema fiscal no es neutral y las personas se relacionan con él de forma distinta según su edad, alternando etapas de dependencia con etapas de contribución. De acuerdo con el informe, el impacto a lo largo del ciclo de vida es, por ende, diferenciado.
En el caso de la primera infancia (0-5 años), etapa en la que el cuidado de las y los más pequeños recae casi exclusivamente en las mujeres dentro del hogar, la contribución al sistema tributarios asciende a los 1 mil 798 pesos anuales per cápita (0.3% del total fiscal), y los de 6 a 12 años aportan poco más de 2 mil pesos (0.5% del total).

Es durante la adolescencia (13 a 17 años) que se empiezan a recibir menos cuidados directos, pero asumen responsabilidades de cuidado en el hogar. Este es el grupo con el mayor gasto público per cápita (14 mil 876 pesos), concentrado en becas y educación media superior. Sin embargo, en esta etapa las personas adolescentes también inician su transición fiscal con aportaciones de 4 mil 494 pesos anuales per cápita.
Las mujeres jóvenes de 18 a 29 años de edad asumen una carga crítica, pues son el grupo que dedica más tiempo a cuidar a otros, con un promedio de 56 horas semanales; por ejemplo, del total de personas que no asisten a la escuela por realizar trabajo doméstico, el 90.6% son mujeres. Su aporte fiscal crece al 14.9% del total (más de 42 mil pesos anuales per cápita).
Mientras, personas adultas de 30 a 59 años son el principal sostén del sistema, dedicando 51.2 horas semanales a cuidar de otras generaciones mientras son las mayores contribuyentes fiscales aportando el 62.7% del total de los ingresos del Estado (casi 82 mil pesos anuales per cápita).
Finalmente, las personas adultas mayores (de más de 60 años de edad) concentran la mayor necesidad de cuidados de largo plazo y dependencia funcional. Sin embargo, a pesar de su edad, muchos siguen siendo cuidadores, dedicando 38.9 horas semanales a tareas no remuneradas. Su contribución es del 20.8% (más de 70 mil 500 pesos) del total, pero el gasto que reciben es de apenas 10 mil pesos per cápita.
Esta situación es crítica pues, como se señala el CIEP, para 2050 la población de 60 años o más se habrá duplicado, lo que ejercerá una presión fiscal y social insostenible si no se transita hacia un sistema donde el Estado, el mercado y la comunidad compartan la carga que hoy asumen desproporcionadamente las familias y las mujeres.
¿Quién sostiene al país? El papel de las personas cuidadoras
El cuidado no solo es un conjunto de acciones, también es un derecho humano fundamental tridimensional que reconoce el derecho a recibir cuidados, el derecho a brindar cuidados en condiciones dignas y el derecho al autocuidado. ¿En dónde está la atención para las personas cuidadoras en México?
En México, alrededor de 115.7 millones de personas realizan trabajo de cuidados no remunerado que desempeñan diferentes tipos de cuidados —directos, indirectos, mental y emocional, intensos y especializados—, desde atenciones como acompañamientos y vigilancias, trabajo doméstico como limpieza y cocina, hasta atenciones motrices y psiquiátricas.
Aunque la recién aprobada Ley del Sistema de Cuidados de la Ciudad de México ahora es una realidad, las deudas siguen pendientes, especialmente a nivel nacional. A pesar de la creación del Anexo 31 para visibilizar el gasto en cuidados, existe una gran desproporción: las personas cuidadoras reciben apenas el 0.06% del total de los recursos de dicho anexo.
La mayoría del gasto se orienta a transferencias monetarias que no necesariamente reducen la carga de trabajo cotidiano.
Para dignificar el trabajo de las personas cuidadoras, el estudio propone el marco de las 5R:
Reconocer: visibilizar y valorar el trabajo de cuidados remunerado y no remunerado.
Reducir: disminuir la carga de tiempo mediante servicios públicos e infraestructura.
Redistribuir: repartir responsabilidades entre el Estado, mercado, familias y comunidad, así como entre hombres y mujeres.
Remunerar: garantizar ingresos justos, derechos laborales y protección social para quienes cuidan.
Representar: asegurar la voz de las personas cuidadoras en las decisiones públicas.
¿Qué piensas? Te leemos en los comentarios.

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