¿Alguna vez te has preguntado en qué condiciones viven las y los artesanos en México? ¿Cuánto vale la identidad cultural de una comunidad y qué es lo que estamos omitiendo al comprar una prenda de carácter cultural?
El informe Tejiendo el cambio. Por un trabajo justo para las trabajadoras de la artesanía textil en México, elaborado por UNIDAS e impulsado por Oxfam, que forma parte de una amplia y ambiciosa investigación sobre la industria indumentaria, reveló que el 96.6% de las artesanas textiles trabaja bajo condiciones de informalidad.
Esta cifra funciona como una ventana para comprender que, tanto en el sector de artesanía-textil como en el de maquiladora-textil, las mujeres no solo se enfrentan a la informalidad laboral, sino también a condiciones de precariedad laboral, desigualdad y violencia de género, discriminación por género, étnicidad, territorio, edad, clase social y riesgos psicoemocionales.
No es extraño escuchar historias en las que el trabajo de personas artesanas, sobre todo el de mujeres, es explotado en favor de la bonanza industrial y corporativa. Un caso reciente ocurrió durante la Copa del Mundo 2026, cuando la empresa de ropa y calzado deportivo, Adidas, lanzó una camiseta conmemorativa de la Selección Mexicana junto a la empresa intermediaria, Someone Somewhere.
150 artesanas originarias de Naupan, en la Sierra Norte de Puebla, participaron en la elaboración de los bordados. Activistas como Luz Valdéz denunciaron que las artesanas realizaron los bordados en condiciones de precariedad laboral, sin seguro social ni prestaciones de ley con un sueldo de entre 25 y 36 pesos la hora, cuando las camisetas tenían un precio estimado de 3,999 pesos mexicanos.
Este caso, como muchos otros, perpetúa un patrón de explotación laboral y exotización de las hechuras artesanales indígenas para su comercialización.
El costo de ser artesana textil en México
En México, aproximadamente 771 mil 480 personas de 15 años o más se dedican a la producción de artesanías textiles y las mujeres representan el 78.5% de la fuerza laboral total.
Pero, ¿qué actividades realiza una trabajadora artesana textil? El informe define a una artesana textil como “una persona que produce, mediante técnicas heredadas comunitariamente, objetos textiles como huipiles, rebozos, blusas bordadas, tapetes, cobijas y otros tejidos elaborados en telar, con bordado u otras técnicas específicas; o productos de fibras vegetales como canastas, sombreros, petates, bolsos, tortilleros, entre otros”.
A pesar de que esta es una rama “dominada” por las mujeres —67.1% de los puestos de supervisión, incluso dentro de los talleres domésticos y unidades sin establecimiento, se concentran en hombres—, son ellas en las que recaen las ocupaciones más intensivas en mano de obra y de menor reconocimiento económico.
El 54.4% de las artesanas se dedica a la sastrería, costura y confección de prendas, mientras que en el bordado y deshilado la proporción es de dos mujeres por cada hombre artesano.

Esta asimetría se refleja directamente en la brecha salarial. Las mujeres artesanas perciben un ingreso mensual promedio de 3 mil 699 pesos —menos que el costo de una camiseta conmemorativa de Adidas—, mientras que los hombres reciben un promedio de 7 mil 399, es decir, el doble de los ingresos percibidos por las mujeres.
El ingreso mensual promedio de las artesanas equivale a menos de la mitad del salario mínimo de 2025, que se ubicó en 8 mil 364 pesos. A esto se suma que las mujeres artesanas deben realizar largas jornadas de trabajo para alcanzar esta cifra. El informe estima que los ingresos diarios alcanzan entre 100 a 120 pesos por jornadas de 5 a 6 horas, lo que significa que el pago promedio por hora se sitúa en 20 pesos.
Este esquema de trabajo perpetúa una práctica común en la industria: la compra de una prenda a la artesana por debajo de su costo de producción para la reventa en espacios turísticos o urbanos.
No son sólo artesanías: los cuidados y la doble carga
El 79.54% de las mujeres artesanas textiles labora en micronegocios sin establecimiento, es decir, en sus hogares, mientras que solo el 49.19% de los hombres trabaja en esta modalidad. Esto no es casualidad, pues las mujeres artesanas dedican aproximadamente 57 horas semanales a las labores del hogar y de cuidados.
Según datos del 2025 de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, el 96.5% de las mujeres artesanas dedica al menos una hora de su tiempo semanal al trabajo doméstico, en comparación con el 78.7% de los hombres, mientras que en el caso de los trabajos de cuidados, el 43.9% de las artesanas asume estas tareas, frente al 28.8% de los hombres del sector.

Esta carga de trabajo no remunerado de las artesanas es 43.6% mayor que el promedio nacional de las mujeres en México, cuya cifra promedia en 39.7 horas a la semana. La falta de seguridad social agudiza esta doble jornada, y es que solo el 2.4% de las mujeres artesanas tiene acceso a seguridad social, frente al 12.4% de los hombres.
El informe es claro: la invisibilización del trabajo de las mujeres artesanas, la violencia laboral y económica, el abandono institucional y el extractivismo cultural, así como la crisis de cuidados, son factores relevantes para avanzar hacia una agenda y modelo de trabajo justo.
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