Cada cuatro años, el patinaje artístico sobre hielo es uno de los deportes más esperados de los Juegos Olímpicos de Invierno. Este año, las competiciones se llevarán a cabo en Milano Cortina, Italia, un país que se ha consolidado como una potencia en patinaje artístico. 

Sin decir más, las expectativas son altas, pues este año también compite Donovan Carrillo, el primer mexicano en competir en los Juegos Olímpicos, sin embargo, la emoción se diluye cuando, al observar con detenimiento las competencias, aparece un patrón en común: las patinadoras sobre hielo suelen ser evaluadas no solo por la ejecución técnica de sus rutinas, sino también por criterios estéticos profundamente atravesados por estereotipos de género, raza y corporalidad. 

A esto se le suma que, durante las evaluaciones, las puntuación dictaminadas por las y los jueces también parecen decir que existe una preferencia dependiendo de la nacionalidad de la o el competidor y es que, seguramente has notado que, durante la competencia, algunos participantes realizan movimientos técnicos muy similares, pero al momento de conocer la puntuación, la diferencia, en muchos casos, es astronómica. 

La brecha de género en el patinaje artístico

Históricamente, las patinadoras artísticas sobre hielo no solo se han enfrentado a una evaluación técnica por su desempeño, sino también a dimensiones simbólicas y estereotipos de género que condicionan la lectura de sus rutinas, premiando la delicadeza, la docilidad y la expresividad asociadas a una feminidad, mientras se penalizan propuestas corporales, narrativas o estéticas que se apartan de ese molde.

De acuerdo con el artículo, Figure Skating Has Always Blurred The Lines Of Gender Segregation, desde la creación de la categoría para mujeres en 1906 de patinaje artístico, las mujeres eran valoradas por ser “dancísticas”, suaves y mostrar flexibilidad. En ese sentido, patinar “como una mujer” se convirtió en parte de la evaluación, y las patinadoras eran elogiadas por su elegancia y apariencia. 

Esta separación se dio después de que, en 1902 y con tan solo 20 años de edad, la patinadora Madge Syres, obtuviera la medalla de plata, quedando solo por detrás del patinador, Ulrich Salchow.

Imagen

Las brechas de género en el patinaje sobre hielo se han perpetuado a través de la segregación y han sido reforzadas mediante la puntuación subjetiva para castigar a quienes desafiaban las normas de masculinidad o feminidad, en el caso de los hombres que abrazaron movimientos supuestamente “asociados con la feminidad”, que hoy son aplaudidos por el público.

Pero a esto se le suma otro factor, la discriminación racial. Un caso emblemático es el de la ex-patinadora francesa, Surya Bonaly, quien realizó el denominado “salto prohibido” de Nagano en 1998. Bonaly hizo un mortal hacia atrás como cierre de su carrera, sin embargo, en ese entonces, la Unión Internacional de Patinaje (ISU) prohibía este salto por considerarlo peligroso. Esto ocasionó que fuera penalizada, a pesar de ejecutarlo de manera impecable. 

Este 2026, el patinador Ilia Malinin ganó la medalla de oro en la prueba libre individual precisamente con el salto que le costó una penalización Bonaly, por lo que la pregunta surge: ¿a quién celebra el patinaje artístico y a quienes castiga por no pertenecer a la hegemonía?

Preferencias por nacionalidad

A esto se le suma que, de acuerdo con el estudio, A reputation bias in figure skating judging, los jueces no solo juzgan aspectos técnicos, también se dejan guiar por la popularidad de la o el patinador. Sin embargo, el debate se agudiza cuando los jueces toman en cuenta la nacionalidad de las concursantes. 

Piénsalo: sin importar el género, durante las competencias de patinaje, quienes dominan la disciplina, generalmente  son originarios de países como Estados Unidos y Rusia. Según los registros históricos del medallero olímpico, Estados Unidos encabeza la lista de países con más medallas en patinaje artístico, con 54 preseas, mientras que Rusia tiene 50. Y, ¿qué sucede con el resto?

Cuando un concursante que no pertenece a la hegemonía histórica, ya sea por nacionalidad, o acceso a recursos, especialmente marcados por género, cuando llega a la pista olímpica, se enfrenta no solo a sus rivales en el hielo, sino también a estructuras de reconocimiento y valoración preestablecidas.

Imagen

Esta es una realidad constante, de acuerdo con los investigadores James Spriggs, Brian Sala y John Scott identificaron un sesgo “patriótico” consistente en el que los jueces favorecen sistemáticamente a los patinadores de su propio país. Este comportamiento se ha mantenido tanto durante la Guerra Fría como en el período posterior, según se rescata en el artículo, Researchers find political bias in figure skating judging.

Tal es el caso de Donovan Carrillo que, durante su presentación el pasado 10 de febrero, perdió el equilibro y tocó sutilmente la pista de hielo con las manos, el mismo error que cometió Ilia Malinin. Aunque las presentaciones fueron distintas, el error fue el mismo sin embargo, esto no se reflejó a la hora de la calificación pues la puntuación de los jueces fue diferente en ambos casos: uno recibió una penalización y el otro no recibió una deducción. 

¿Qué piensas? Cuéntanos en los comentarios