Un proyecto universitario, un trabajo soñado, la posibilidad de construir una vida propia. Para miles de personas jóvenes en México, esos planes se quiebran de manera abrupta con una sola palabra: desaparición.

El 28 de agosto, la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM abrió sus puertas al conversatorio “Juventudes Buscadoras”, organizado por la organización Fundar en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, que se conmemora el próximo 30 de agosto.

La atmósfera es solemne pero profundamente humana. No es solo un foro académico: es un espacio donde las historias atraviesan el corazón, donde los silencios pesan tanto como las palabras, y donde las y los estudiantes —la gran mayoría mujeres— no logran contener las lágrimas al escuchar los testimonios de quienes buscan a sus seres queridos.

“Ya llegué, ma”: el eco de una ausencia

Una de las voces que más conmueve es la de Martha Leticia García Cruz, conocida como Marlety, integrante del colectivo Entre Cielo y Tierra Oficial Jalisco.

Marlety busca desde hace ocho años a su hijo, César Ulises Quintero, un joven universitario de 19 años, lleno de proyectos. Estudiaba agrobiotecnología y soñaba con iniciar la carrera de Derecho.

Con voz entrecortada, comparte:

“Me dicen la señora de la luz porque yo mantengo encendida una lámpara en mi casa. Mi hijo siempre llegaba y desde la puerta me gritaba: ‘¡Ya llegué, ma!’. Yo le decía: ‘Apaga la luz y cierra bien’. Desde que desapareció, esa luz nunca se ha apagado. Sigue encendida, esperando que regrese y me diga otra vez: ‘Ya llegué, ma’”.

Marlety García / Foto: Sandra Rojas
Marlety García / Foto: Sandra Rojas

El aula se queda en silencio. Varias estudiantes limpian discretamente sus mejillas. No es un relato ajeno: Ulises era uno de ellos, un joven con aspiraciones, amistades y sueños.

Marlety, que dejó empleo y estabilidad para volcarse en la búsqueda, insiste en un mensaje claro para las jóvenes:

Cuiden con quién andan, con quién se juntan, con quién conviven. Que sus madres no vivan lo que estamos viviendo nosotras

Un hermano que falta

En el estrado también está Carlos Ramírez, del colectivo Hasta Encontrarte CDMX. Busca a su hermano Ángel Gerardo Ramírez Chaufón, desaparecido en noviembre de 2019 en Lindavista, junto con dos jóvenes más.

Con firmeza denuncia la inacción de las autoridades:

“Cuando mi hermano desapareció, no se aseguraron las cámaras de la zona. Esa diligencia nunca se hizo y el material se perdió. Tal vez ahí hubiéramos sabido si se lo llevaron en un coche particular, en una patrulla… pero nunca lo supimos”.

Carlos habla no solo como hermano, sino como parte de una juventud que carga con la doble herida: la ausencia y la revictimización institucional. Y alerta sobre un riesgo constante:

Cuando buscamos, lo que queremos es encontrar, pero nunca hay que dar nuestro número personal. Por seguridad, porque en la desesperación uno se expone a extorsiones y amenazas

La voz de una hija

El turno de Helem, integrante del colectivo Unión Esperanzas del Estadode, trae consigo otra herida: la desaparición de su padre en marzo de 2020. Fue localizado sin vida en 2023.

Ella se dirige directamente a las jóvenes presentes:

“Somos muy rutinarios. Un cambio drástico en esas rutinas, como no llegar a casa a dormir sin avisar, es una señal de alerta. Estén atentos. No esperen a que pase una semana para denunciar. Yo perdí tiempo valioso, perdí grabaciones, perdí oportunidades porque las autoridades se tardaron".

Su consejo es concreto, práctico, pero también doloroso:

Siempre insistan. Si la fiscalía les dice que necesitan un oficio, díganles: ‘Dámelo, yo lo llevo, yo lo gestiono’. No esperen a que lo hagan ellos solos

Cuando la juventud se convierte en blanco

Los testimonios resuenan con cifras duras. En México hay 133 mil 27 personas desaparecidas del 31 de diciembre de 1952 al 28 de agosto de 2025, de las cuales 55 mil 203 son jóvenes de 12 a 29 años, es decir, el 40.28% del total de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO).

Jalisco encabeza la lista con el mayor número de personas desaparecidas con 15 mil 511 casos. La mayoría de ellos son hombres entre 20 y 29 años. Es ahí donde surge el concepto de juvenicidio, para visibilizar cómo las y los jóvenes —muchas veces estudiantes, trabajadores, soñadores— son tratados como “sujetos desechables” por el crimen organizado y la indiferencia institucional.

Consejos de vida y cuidado

Las juventudes buscadoras no solo comparten dolor: también entregan herramientas de protección. En el conversatorio, se enumeran consejos vitales:

  • No dar números personales en una búsqueda: usar canales oficiales.
  • Observar cambios de rutina: son una alerta temprana.
  • Cuidarse en redes sociales: no publicar ubicación en tiempo real.
  • Actuar rápido: denunciar en el lugar de la desaparición, insistir con oficios.
  • Mantener comunicación familiar honesta: avisar dónde y con quién se está.

Marlety introduce también la idea de un “kit de identificación”, porque más de 72 mil cuerpos sin identificar aguardan en el país. Recomienda guardar cabello para ADN, registros dentales, huellas dactilares y hasta pequeñas marcas como tatuajes familiares. Lo llama un acto de amor preventivo.

El aula de Filosofía y Letras se convierte en un espacio de reflexión, lágrimas y también esperanza. No hay aplausos estruendosos ni gestos teatrales: lo que predomina es la escucha atenta, los ojos enrojecidos, el silencio que acompaña y respeta.

Marlety recuerda que en marchas recientes, universidades enteras salieron a las calles en Jalisco para acompañar a las familiasbuscadoras. La solidaridad universitaria, dice, es clave para romper la indiferencia. El conversatorio cierra con palabras que se quedan grabadas:

“No permitan que sus madres vivan lo que nosotras vivimos. Cuídense, ámense y pasen este mensaje. A ellos los buscamos porque los amamos” Marlety

Y también con la voz serena de Helem:

“Nadie va a amar tu vida más que tú mismo. Protégete, ámate y abrázate”.

Este 28 de agosto, en la UNAM, la ausencia se convierte en presencia, la rabia en consigna, el dolor en ternura compartida. Las juventudes buscadoras nos recuerdan que en medio de la violencia, la esperanza sigue encendida, como esa luz que Marlety se niega a apagar.