Candela Capitán entró a la sala. Semidesnuda, envuelta en una toalla rosa y con un par de tacones negros afilados, encarnando la figura moderna de la súpermujer —un mito patriarcal performático—. Sus pisadas, vigiladas por los ojos tecnológicos del aparato móvil, frenaron ante un entramado de tuberías que rememoraba al dispositivo rudimentario pero futurístico de la máquina.

Esta es la primera vez que la artista, bailarina y coreógrafa, Candela Capitán, —en colaboración con LABOR, Galería de Arte Contemporáneo— presenta la instalación performativa y exposición individual, Apnea, en la Ciudad de México. 

Foto: Cortesía de la artista y LABOR
Foto: Cortesía de la artista y LABOR

En medio del circuito metálico compuesto por un depósito de agua, un sistema de depuración y una bañera, la súpermujer de Candela Capitán, mimetizada con la maquinaria, cede ante las prácticas elementales del cuidado impulsadas por el agotamiento capitalista

La respiración, la meditación y el descanso se exponen en su estado cabal contemporáneo de ser monitorizadas mediante dispositivos tecnológicos que buscan optimizar, aislar e inscribir sus dinámicas de rendimiento sobre el cuerpo de las mujeres. 

En entrevista con La Cadera de Eva, Capitán reflexiona sobre la conceptualización de Apnea

“Llevo el cuerpo al cuidado y a un ritmo siempre lento para enfrentar al espectador a aquello que el sistema no nos está dejando vivir”

¿Cuál fue la semilla que cultivó el proyecto Apnea?

Todos mis proyectos forman parte de una investigación y, normalmente, se enlazan con el proyecto anterior. La semilla y el tema de investigación principal de este trabajo era la contemplación. En mi obra siempre relaciono mis temas con las nuevas tecnologías, analizo cómo el cuerpo se vincula con ellas y cómo estas editan nuestra manera de vivir. 

Mi última pieza, Granjas humanas —que se estrenará en julio del año que viene en Barcelona—, hace una relación entre los animales de ganado, sobre todo las vacas, y las mujeres para observar cómo el sistema optimiza ambos cuerpos. De ahí surgió el tema de la contemplación. En mis obras suelo utilizar una estética bastante contraria a lo que estoy diciendo; llevo el cuerpo al cuidado y a un ritmo siempre lento para enfrentar al espectador a aquello que el sistema no nos está dejando vivir.

Foto: Cortesía de la artista y LABOR
Foto: Cortesía de la artista y LABOR

¿De qué manera el circuito hidráulico se convierte en una especie de extensión del cuerpo y no solo en un soporte técnico?

Normalmente en mis obras diseño un dispositivo que encierra al cuerpo; llevo muchos años hablando de cómo el cuerpo se enfrenta a este aislamiento o encerramiento. En esta obra ocurre un poco lo contrario, el cuerpo ya está completamente sumergido en la máquina y se relaciona con ella de manera amigable. 

La pieza lo que hace es ir a la par con la máquina. La máquina hace ruido, el cuerpo hace ruido, el sistema entra en funcionamiento y, al llegar al límite, ambos hacen una especie de suspiro y se quedan en suspensión. Todo el tiempo la relación con la máquina es paralela.

“Soy una persona muy emocional. En todas mis obras hay una pasión por poner el cuerpo al límite”.

¿Cuál es el motivo detrás de la elección del color rosa pastel en el dispositivo y en los objetos que utilizan las personas que te acompañan en el performance?

Utilizo estéticas que tienen que ver con lo que de pequeña llamaba pacifiers, que representan cómo el sistema nos intenta adormecer para inscribir en nuestro cuerpo todo lo que quiere. Siempre aparecen elementos estéticos que suavizan la mente. En mis piezas, los elementos pueden significar muchas cosas y no hay una decisión única o súper clara; como soy bastante emotiva y la danza no es un arte con un mensaje directo, los elementos se pueden leer de muchas maneras. 

Durante la obra se generan emociones encontradas; el rosa suaviza el acero inoxidable y toda la dureza del dispositivo, pero a la vez es un color que transmite muchísima violencia al contrastarse con un cuerpo desnudo. En mis obras no muestro una violencia directa como en las performances de los años 90, sino una violencia tapada o no tan evidente para el espectador, que es realmente como los cuerpos sufren la violencia hoy en día.

Foto: Cortesía de la artista y LABOR
Foto: Cortesía de la artista y LABOR

¿Qué has sentido al sumergirte bajo el agua y qué cambia emocionalmente cada vez que estás ahí?

Soy una persona muy emocional. En todas mis obras hay una pasión por poner el cuerpo al límite y, normalmente, es el cuerpo de la mujer. El trato que tengo con mis bailarinas y con los cuerpos femeninos con los que trabajo es completamente contrario a la exposición a la que las someto. Hay una sensación de comunidad y de lucha conmigo misma por conseguir algo que la sociedad no pretende que el cuerpo de la mujer consiga; hay una pasión por sorprenderme a mí misma. 

Tengo otra pieza en la que doy volteretas durante 45 minutos donde busco meter el cuerpo en un estado meditativo mientras lo pongo al límite físico. Lo mismo ocurre en Solas, mi obra de las bailarinas que van de rosa. Ellas tienen una partitura de movimiento súper compleja y difícil a nivel físico, y deben estar en un estado meditativo de concentración muy grande. Son patrones que repito en todas mis obras. Mi pasión por poner al cuerpo en un límite y sorprenderme a mí misma. 

“El cuerpo desnudo con tacones de la “supermujer” pasa a ser el cuerpo que se sumerge en la máquina”

¿Cómo entender este proceso en el que sales desnuda y después te visten con este traje plateado diseñado especialmente para la puesta en escena?

Siempre me imagino a una mujer superpoderosa cuando el público entra, pero que ya está conectada a la máquina y no tiene escapatoria. Las dos intérpretes están todo el rato cuidando ese cuerpo, pero lo cuidan de la manera en que la máquina quiere que lo cuiden, no de la manera en que el cuerpo realmente necesita ser cuidado. Así, el cuerpo desnudo con tacones de la “supermujer” pasa a ser el cuerpo que se sumerge en la máquina y que acaba convirtiéndose en máquina. Adopta el mismo color plateado del dispositivo y está diseñado para meterse en él sin llamar la atención.

¿Es diferente para ti realizar el performance sabiendo que los espectadores están afuera grabando con sus celulares y tomando fotografías?

Sí, los teléfonos y la relación del público con el dispositivo siempre forman parte de mi obra. El dispositivo habla de las formas de atención que tenemos hoy en día. No es una crítica; me parece muy interesante cómo las obras se viralizan y pasan de un cuerpo a otro sin tener que pasar por instituciones. 

Mi obra circula muy bien en internet y no necesito que nadie me acepte para que sea difundida. También hay una relación con las normas de seguridad de las redes sociales, porque muchas veces me borran las publicaciones por el desnudo. La obra sigue su discurso y su movimiento lidiando con esa censura dentro de las redes, algo que ocurre en casi todas mis piezas.

Foto: Cortesía de la artista y LABOR
Foto: Cortesía de la artista y LABOR

¿Has sentido algún cambio en la forma en que el público en México ha recibido la obra en comparación con otras exposiciones, sobre todo en la relación con el cuerpo, la máquina y el desnudo?

Sí. Se me hacía muy violenta la primera imagen de la mujer tirada en lo que podría ser una mesa donde ponen a los muertos para prepararlos. He sentido esa violencia hacia el cuerpo de la mujer mucho más fuerte aquí que en Europa, porque allá no tenemos esa relación tan cercana con la muerte del cuerpo femenino. 

En Europa la violencia hacia la mujer se asocia más a niveles de roles de poder laborales, pero no tenemos tan presente la muerte en el cuerpo de la mujer. Además, me parece que en México tienen mucho más consciente el trabajo feminista; aunque en Europa también hay mucho, aquí está en todas partes y se entiende mucho mejor.

NOTA: Para asistir a la performance,  y dado que los cupos son limitados, debes registrarte a la función con anterioridad. Para más información y detalles accede a las redes oficiales de la artista y de Galería LABOR en el siguiente enlace.