Cuando las mujeres se reúnen para bordar, no sólo el tejido crece, también lo hacen las redes solidarias que se entretejen en el acompañamiento simbólico que surge en los hilos. Ahí, donde la puntada cobra vida, nace “Mujeres testigo”, un proyecto multidisciplinario que entrelaza una pieza textil colectiva con una puesta en escena para honrar la memoria, cultura e identidad del pueblo palestino y que estará disponible en el Museo Universitario del Chopo el 29, 30 y 31 de enero de 2026.

En la obra, el ancestral bordado palestino conocido como “tatreez” se transforma en un puente de solidaridad internacional y una herramienta de resistencia política y social. La obra, cuya creación constó de la participación de 40 mujeres de diferentes partes del mundo, es resultado de un proceso de investigación liderado por la actriz y bordadora, Amanda Schmelz.

El motivo central es la silueta del torso de una mujer palestina de espaldas con la cabeza cubierta por una kefia que se niega a voltear hasta que su tierra sea libre, en la que se plasman diferentes patrones que representan aldeas, historias familiares y la geografía de Palestina.

Acompañada de materiales audiovisuales, videoarte, iluminación y testimonios que revelan los significados profundos del bordado, Mujer testigo se convierte en una exposición que trasciende lo artístico. Como explica Amanda Schmelz en entrevista con La Cadera de Eva, “estamos tejiendo redes. Y esas redes son lo que podemos hacer. Porque mientras unos destruyen, las mujeres palestinas nos han enseñado que ellas bordan. Ahí donde han borrado pueblos, ellas los han bordado”.

El tatreez como símbolo de resistencia

Para Amanda Schmelz, el tatreez, un arte generalmente practicado por mujeres palestinas, no es simplemente una labor decorativa, sino una poderosa herramienta de resistencia política y cultural. Es un símbolo de lucha principalmente porque permite al pueblo palestino afirmar su existencia y preservar su memoria frente a los intentos de borrar su historia.

El tatreez, más allá de su función artística, es la prueba material de existencia histórica de Palestina, pues su origen se remonta desde hace más de tres mil años. Al ser un arte con siglos de antigüedad, “demuestra que el pueblo palestino existía y tenía una cultura vibrante mucho antes de 1948 o la llegada del sionismo”, explica Schmelz.

Cortesía: Amanda Schmelz
Cortesía: Amanda Schmelz

Desde 2021, el tatreez fue incluido en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, una pequeña victoria contra la narrativa que busca negar la existencia de Palestina como nación.

Durante la entrevista, Amanda reflexiona: ¿qué pasa cuando las palabras ya no son suficientes para denunciar el genocidio en palestina? La respuesta: el acto de bordar se convierte en forma de comunicación profunda cuando las palabras son insuficientes frente al horror, pues la aguja actúa como una lengua y el hilo como una extensión de las entrañas. “Ahí donde el lenguaje se agota, el hilo continúa”. 

¿Cómo es que nace “Mujeres testigo” y qué urgencias detonaron esta necesidad?

Sí. Creo que tocas palabras muy importantes: urgencias, necesidades y despertar, porque en este encuentro mío con el tatreez, desde ser bordadora y desde estar muy acongojada, muy metida también y muy preocupada por el tema de Palestina, por la situación espantosa del genocidio, que además, en tanto que soy una persona judía, me afecta desde este lugar en el que supuestamente se está haciendo en mi nombre.

Me importa muchísimo dejar muy claro que no presto esa agencia a nadie para cometer un genocidio en mi nombre, para aniquilar a ningún pueblo, que no me siento parte de eso en absoluto. Y no por decir “yo no tengo nada que ver”, sino justamente porque tal vez entonces mi voz puede significar algo para cambiar esa idea de que esto es por los judíos en el mundo.

Entonces encuentro el tatreez en este camino del antisionismo. Y como bordadora me fascinó totalmente, porque es un universo espectacular, enorme, fascinante, bello. Y me parece muy interesante cómo, en medio de este horror y de esta cosa tan atroz que estamos viendo, las imágenes terroríficas del genocidio, de repente la belleza aparece, y la belleza porta o guarda esta memoria de un pueblo ancestral.

Me resuena muchísimo porque vivo en México, amo México, soy mexicana y, como bien dices, el bordado ha sido siempre un espacio fundamental de la expresión y de la libertad femenina

¿Cómo se desarrolló el proceso de la obra?

Cuando hago esta convocatoria, recibí muchas más respuestas de las que imaginaba. Me di cuenta de la necesidad colectiva de hacer algo, de participar de alguna manera, de tantas personas que no saben cómo. Y de repente decir: “Esto sí, así puedo, aquí entro”. Para mí eso reverbera. No es solamente bordar esta pieza que termina siendo parte de este mural, sino que reverbera el colectivo, la comunidad que se teje bordando juntas y lo que eso representa en el mundo.

Hicimos un taller que duró tres semanas, donde les enseñé a hacer este patrón. Hice varios diseños distintos y cada quien escogía el diseño que le gustaba, que quería bordar. Les llevé material, les enseñé cómo hacerlo y lo hicimos. Trabajamos una técnica en tela cuadrillé, que es la que está en el mural. Y la segunda parte era aprender a usar una tela que es desechable, para bordar en telas distintas, para que la pieza no solamente fuera lo que queda en este collage, sino que fuera también una parte andante de la pieza.

Entonces cada quien llevó una prenda, una playera, una falda, donde bordó su mujer, y esa prenda anda por el mundo circulando. Así fue que surgió. Fueron más o menos tres meses: alrededor de 40 mujeres participaron, entre el taller y las que llegaron después. Luego hice un taller de un día en Tepoztlán, y también hubo amigas que me dijeron: “No pude ir, pero quiero aprender”. Venían a la casa, les daba su material, les enseñaba, y así durante tres meses, mientras yo seguí bordando otras cosas, imaginando.

Cortesía: Amanda Schmelz
Cortesía: Amanda Schmelz

Después vinieron otros tres meses de la confección de la pieza, de unir las partes y encontrar cuál iba a ser la narrativa de la pieza. Yo tenía también algunas piezas de tatreez original; una se quedó dentro, y también imprimí imágenes en tela que fueron intervenidas en su mayoría, pero que forman parte de la pieza. La confección fue en el taller textil de Huerto Roma, con la directora de ese taller, Erika Raso. Estuvimos trabajando tres meses arduos, pero hermosos, porque es un trabajo muy difícil, lento, laborioso y delicado.

Finalmente, la pieza vio la luz a finales de 2024. El 14 de diciembre hicimos un gran evento en La Quiñonera. Fue muy hermoso porque estuvo lleno de manos solidarias y voluntarias: hubo que conseguir luces y sonido, vino quien trajo comida libanesa. Todo fue muy conmovedor.

¿Por qué es importante que las mujeres y personas de la diversidad de México sigan solidarizándose con la causa palestina?

Yo siempre he sido feminista. Hemos estado en las marchas, en los eventos, hemos hecho cosas por esa causa y seguiremos estando ahí. Para mí no se diferencia una cosa de la otra. El llamado a estar con las hermanas palestinas es fuertísimo y no lo puedo negar. No sé explicarte del todo por qué, ni si está bien o está mal que me preocupe más, o que me ocupe más en este momento de mi vida por esa conexión que por otra. Pero para mí no es distinto: cuando defiendo a las mujeres palestinas, cuando les hago un homenaje o las reconozco, estoy reconociendo el trabajo de las mujeres. Es universal lo de lo que estamos hablando.

Como sucede en el arte en general, cuando tomas un caso particular y te vas realmente al fondo, lo que encuentras es lo universal. Cuando hablas del recordatorio del hogar para los desplazados, de ese espacio del murmullo de las mujeres en el hogar, mientras hierve la mermelada en la cocina, eso que te hace saber que ahí está la mamá, la tía, la hermana, haciendo lo que hacen para que el hogar exista, sea cálido y esté vivo, eso es aquí y en China. Eso es lo que yo estoy defendiendo.

Cortesía: Amanda Schmelz
Cortesía: Amanda Schmelz

Defiendo esos hogares destrozados, esos hogares rotos, esos pueblos destruidos, ocultos bajo bosques artificiales de pinos, esa gente que ha sido desplazada y que es desplazada todos los días. Yo no he visto una violencia tan terrible durante tanto tiempo, tan cínica, frente a los ojos de todo el mundo. Eso es lo que me pone mal, lo que me genera muchas cosas. Siento que ahorita Palestina es un corazón importante del mundo, que el hecho de que se permita lo que estamos viendo ahí todos los días es lo que está permitiendo que Estados Unidos invada otro país, que amenace con invadir otro, que se le pueda disparar a una mujer en la calle impunemente, porque se les dio la gana.

Hemos visto que durante más de dos años se ha permitido matar gente sin ninguna consecuencia: en la calle, en sus casas, a señoras, a personas adultas mayores, a niños. Si permitimos eso allá, lo estamos permitiendo aquí. Mañana es aquí. ¿Qué es lo que los va a detener? Ya nos dijeron que se puede.

Por eso siento que hablar hoy de Palestina aquí es hablar de aquí. Siempre hablas desde donde estás. Para mí, tratar de acompañar, tratar de enviar un mensaje solidario a estas mujeres increíbles que están sosteniendo la memoria de su pueblo de esta manera, bordando, es fundamental. Son generaciones: las mujeres de hoy, las de ayer y las que van a ser mañana. Es impresionante ver a las niñas, y también a los niños, con sus vestidos, con el orgullo que eso representa, sabiendo ya lo que significa.

Eso me da, no sé si la palabra sea esperanza, pero por lo menos me da ganas de estar ahí para ellas. Qué fuerza, qué fortaleza, qué ejemplo tan impresionante.

¿Qué es lo que las personas asistentes van a experimentar y qué le gustaría a la artista que se llevaran de este proyecto?

Me parece muy importante no dejar de hablar de Palestina en este tiempo en el que sabemos que están tratando de borrar el tema: han eliminado videos de YouTube, películas de las plataformas, para que no se hable de Palestina, para que lo olvidemos. Y entonces ahora vamos a hablar de Irán. Eso es lo que están empujando con fuerza en todas las plataformas, en todas las redes sociales, con noticieros cómplices, tratando de echar tierra porque ya quieren hacer un resort en Gaza.

Entonces, que nos indignemos, que no lo permitamos y que no dejemos de hablar de Palestina. Y, por último, que se empapen del tatreez, que lo conozcan más. Desde luego, el objetivo principal de un suceso escénico es que podamos juntarnos, vernos, abrazarnos, dolernos juntes, recordar nuestra humanidad, por qué estamos aquí, quiénes somos, a dónde vamos, y recordar que no estamos solos.