La escritora mexicana Laura Baeza ha desarrollado una obra que explora las zonas oscuras de los vínculos familiares y las relaciones humanas. Entre sus libros se encuentran Época de cerezos (Paraíso Perdido, 2019), Una grieta en la noche (Páginas de Espuma, 2022), Niebla ardiente (Alfaguara, 2021) y El lugar de la herida (Alfaguara, 2024). A estos títulos se suma su más reciente novela, Santita del Agua Clara (Alfaguara, 2026).
En esta obra, Baeza narra la historia de Carlitos y Mari, dos hermanos cuya infancia transcurre entre la fe, la superstición y los conflictos familiares. En conversación con La Cadera de Eva, la autora comparte cómo surgió esta historia, cómo fue su proceso de escritura y qué cambios ha observado en la presencia de las mujeres dentro del mundo editorial.
La novela tiene un tinte de terror y te escuché decir, en alguna entrevista, que hay algo gótico, pero pienso que no deja de ser un drama familiar. ¿Cómo la cómo la pensaste?, y ahora que la tienes terminada, ¿cómo la catalogarías?
Efectivamente, es una historia de familia y de una época en concreto, porque sucede a partir de los años noventa y prácticamente concluye en 2017. Pero se inserta también con estas características de un gótico citadino, de espacios opresivos, como suelen ser casas; lugares donde los niños, Carlos y Mari, se sienten observados y cada uno decide también qué tomar de esa mirada. Mari quiere ser vista con fascinación, de una forma extraña, y Carlitos, por el contrario, no quiere que lo vean, porque tiene una relación bastante complicada con su cuerpo.
Ese es un espacio. Otro, totalmente diferente, pero que también va de la mano con la superstición, es el espacio abierto. La mitad de la novela sucede en San Simón, que es una región inventada; bueno, es una región que existe, pero se trata de un pueblo inventado. Al final, confluyen todas estas ideas respecto a qué es lo divino y qué es la familia.
La novela se plantea, al menos en gran medida, desde un punto de vista infantil, ¿qué te permitía explorar desde la visión de los niños?
Creo que era el territorio más prolífico para especular porque, si yo pensaba en Carlos adulto, veía a un hombre totalmente cerrado, con problemas para socializar y establecer relaciones, e incluso para asumir compromisos, ya fueran laborales, estudiantiles o de formación. Pero eso es complicado de explicar únicamente a partir del personaje. Entonces, yo quería irme también a la infancia para ver de dónde venía todo esto que destruyó a ese hombre de 30 años. Y son dos Carlos diferentes; el Carlitos que es un niño fascinado por la música, que ama su walkman y quiere tener una familia, mantener ese vínculo, y el Carlos de 2017, que es un hombre prácticamente destruido.
Creo que la visión de la infancia de estos dos niños me permitía mucho eso: mostrar cómo las decisiones de los adultos pesan de tal forma que se convierten, si no en una condena, sí en algo que permanece en ellos con el paso del tiempo.
Yo quería ver cómo podían convivir estos dos personajes con el mundo que los rodeaba, y es un mundo de cambios, en el año 96, con un padre que piensa que puede crear una utopía donde nadie lo llamó; con una madre que no tiene la disposición de defender a sus hijos ni su hogar; y con una abuela que está obsesionada con una familia que no le pertenece. El hecho de que estos dos niños se muevan en un entorno tan volátil me permitía sentar las bases para luego ver a este adulto con una vida que prácticamente pende de un hilo.
Un elemento importante en la novela es la fe, que está presente, por un lado, en la abuela y, por otro, en el padre, cuya ideología constituye una forma de fe: creer que un cambio social es posible.
Es que cada uno tiene una visión distinta de qué es lo que qué es lo correcto. Para Guadalupe lo correcto es mantener a su familia unida; para Cristóbal lo correcto es que sus hijos no crezcan como él, como un hombre de clase media alta, un hombre privilegiado, sino que vean otra realidad. Y no está mal, lo malo es que en esa búsqueda de un mundo diferente para sus hijos termina sacrificándolos.
Teresa es una seductora de la palabra, como suelen ser todos estos personajes dedicados a sectas o religiones. Al final, la humanidad viene de eso: de que las creencias llegan a tal punto que terminan dominando al individuo y todo lo que lo rodea.
Yo quería pensar, mientras iba trabajando, cómo poner en práctica esa esa forma de vida que tenemos, ¿por qué creemos en lo que creemos y hasta dónde nos llevan esas creencias?
Ahora, quisiera preguntarte por tu experiencia como escritora: ¿cómo comenzaste a escribir esta novela? ¿Cuál fue el hilito que jalaste para empezar a escribirla?
Yo publiqué en el año 2022 un libro que se llama Una Greta en la noche, un libro de cuentos con la editorial Páginas de Espuma, y en ese libro hay un cuento policiaco que se llama “Veladoras”y trata acerca de un policía que llega a La Merced siguiendo un feminicidio. La mujer asesinada es una bruja que él conoció durante su infancia, y empieza a irse hacia atrás, hacia sus recuerdos, que comienzan a trastornarlo también en esta búsqueda de la justicia o de lo que realmente tendría que ser la justicia tras un feminicidio, pero también en la lucha con sus demonios de la infancia.
Y me gustó escribir el cuento, me sentía muy bien con esa historia, pero después seguía pensando y pensando en todo lo que significaba ese personaje masculino, en las heridas de la infancia, en detalles que puse en el cuento, pero que con el paso de los meses y de los años, yo dije: “creo que hay más”. Y, a partir de ahí, comencé a especular esta historia, que luego se ramificó de muchísimas maneras.
Pero es una idea que estuvo en mi cabeza mucho tiempo. Luego llegó el reto de armar ese enorme rompecabezas del cual tenía un par de piezas con el cuento.
¿Hubo alguna parte de la novela que disfrutaras especialmente escribir?
Es difícil porque sufrí en toda la novela. Sentía muchísima compasión por Carlos y Carlitos, por Mari… siento que emocionalmente me estrujó mucho y creo que la única parte en la que me sentí bien, porque sentí que le estaba dando algo a los personajes, fue la parte donde están en San Simón jugando con los niños. Carlitos y Mari se sienten bien, se sienten libres, están alegres. Es tan solo un paréntesis de felicidad en todo el horror que ahonda en la vida de estos niños.
Aprovechando tu experiencia en distintas áreas del mundo editorial, ¿cómo ves actualmente la situación de las mujeres en este ámbito? Aunque somos las principales lectoras, no necesariamente tenemos la misma presencia entre quienes publican. ¿Cómo percibes el panorama?
Yo leo muchísima literatura femenina por gusto. No excluyo la literatura masculina, también me gusta, pero siento que los temas y el tratamiento que se les da son muy afines a mí, evidentemente, porque creo que tenemos, si no los mismos problemas, por lo menos unas cuantas preocupaciones afines. Y creo que ahí está mi visión de la literatura. Principalmente, leo literatura hispanoamericana porque es lo que más me interesa, y en todo eso veo también riesgo en las formas, en la palabra y en el tratamiento de ciertos temas.
Yo diría que no es que ahora, porque a veces se acusa y dicen: “Ay, es que ahora nada más se están publicando mujeres”. No, no es cierto, porque yo, desde el lado editorial, también veo que sigue llegando un 70 % de trabajo masculino y un 30 % de trabajo femenino. Pero, bueno, al final, se abren espacios también; las mujeres hemos buscado esos espacios haciendo equipo. Y me encanta, me encanta que así sea porque somos más del 50 % de la población. ¿Por qué no tendría que ser así?
¿Qué comentarios has recibido sobre esta novela?, salió hace poco, pero se ha movido rápido.
La novela empezó a circular a mediados de septiembre, entonces algunas lectoras la compraron inmediatamente y, a la semana, ya me estaban diciendo: “Ay, me encantó, me hizo sentir esto, lo otro”. En eso me ayudan mucho las redes sociales porque, por lo regular, me escriben por ahí, y me parece fascinante porque creo que el hecho de que, al día de hoy, alguien destine tal cantidad de dinero a comprar un libro y se prive de otras cosas ya nos dice mucho sobre la importancia que le damos a la lectura.
Estoy muy entusiasmada por esos comentarios. Sé que, habiendo tantos libros en el mercado, puede ser difícil que uno sobresalga, pero yo estoy muy feliz con la cantidad de lectores que tengo, con la calidad también de mis lectores, y lo que espero para este libro es que se lea, que llegue a los ojos correctos, que podamos abrir también una conversación respecto a estos temas y que mi libro haga lo que han hecho otros libros conmigo cuando me gustan: llevarme a más libros y llevarme a conocer a otros autores.

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