Mientras en Davos se discute el futuro del planeta, hay una ausencia evidente, como en cada año. No aparece en las listas de prioridades, ni en los paneles estelares, ni en las fotos oficiales: las mujeres siguen siendo minoría en el lugar donde se toman las decisiones más influyentes del mundo.

Esta semana arrancó en la ciudad suiza la 56.ª reunión anual del Foro Económico Mundial, un encuentro que reúne a más de 3 mil líderes políticos, empresariales y financieros del 19 al 23 de enero. 

Bajo el lema “Un espíritu de diálogo”, la edición 2026 se desarrolla en un contexto que su presidente, Børge Brende, describió como el más complejo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial: guerras activas, fragmentación económica, crisis climática y el avance acelerado de la inteligencia artificial.

Sin embargo, entre tantas alertas globales, la desigualdad de género vuelve a quedar relegada. Te contamos. 

¿Qué es el Foro de Davos y por qué importa?

El Foro Económico Mundial (FEM) nació en 1971 como un espacio para el diálogo económico, pero con los años se transformó en una plataforma de poder donde se cruzan gobiernos, grandes corporaciones y organismos internacionales. 

Lo que se discute en Davos no es simbólico: ahí se delinean estrategias económicas, tecnológicas y políticas que terminan influyendo en millones de vidas.

Aun así, la promesa de igualdad sigue sin cumplirse. El propio Informe Global sobre la Brecha de Género 2025, publicado por el FEM, advierte que la paridad total a nivel mundial está a 123 años de distancia. Davos no es la excepción: es parte del problema.

Un escenario dominado por hombres

La edición 2026 tiene un protagonista indiscutible: Donald Trump. El expresidente estadounidense regresa al foro tras seis años de ausencia, acompañado por la delegación más grande que Estados Unidos ha enviado a Davos. Sus declaraciones sobre aranceles, disputas territoriales y confrontaciones geoeconómicas han desplazado incluso los temas ambientales del centro del debate.

Mientras tanto, la agenda de inclusión queda en segundo plano. Aunque líderes como Ursula von der Leyen defienden el multilateralismo y la cooperación, el tono general del encuentro refuerza la imagen de un foro marcado por la confrontación, el poder económico… y una presencia masculina abrumadora.

A pesar de ese contexto, algunas mujeres ocupan espacios clave dentro del foro. Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo; Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional; Nadia Calviño, al frente del Banco Europeo de Inversiones; y Ana Botín, presidenta del Grupo Santander, participan en debates estratégicos sobre economía, innovación y finanzas globales.

También destaca la presencia de Temi Marcella, fundadora de Alcent Capital, quien participa en sesiones donde se discute un dato revelador: para 2030, las mujeres podrían controlar cerca del 40 % de la riqueza invertible mundial.

Estas voces participan en sesiones como “Mujeres en la frontera de las finanzas” o “El futuro de la inclusión”, donde se plantea que cerrar las brechas laborales podría sumar hasta 28 billones de dólares al PIB global. Aun así, su presencia sigue siendo la excepción, no la norma.

Una agenda que deja fuera a las mujeres

Los números de la programación oficial confirman el problema: de las 191 sesiones previstas en Davos 2026, solo tres tienen a las mujeres o la igualdad de género como eje central. Es decir, apenas 1.6 % del total, de acuerdo con el artículo “La mujer, protagonista en solo tres de las 191 sesiones del Foro de Davos 2026"

Las razones son estructurales. En sectores emergentes como la inteligencia artificial, las mujeres siguen siendo minoría y enfrentan mayor riesgo de desplazamiento laboral. La carga de los cuidados continúa recayendo de forma desproporcionada sobre ellas, limitando sus trayectorias profesionales. 

Y aunque muchos países han aprobado leyes de igualdad, existe una profunda brecha entre la norma y su aplicación real, lo que el propio Foro denomina implementation gap.

A esto se suma un factor menos visible, pero persistente: muchas mujeres siguen siendo menos propensas a postularse a puestos de liderazgo si no sienten que cumplen con todos los requisitos, una exigencia que no suele aplicarse con el mismo rigor a los hombres.

¿Hacia dónde va la paridad en los foros globales?

El Foro reconoce que el avance hacia la igualdad se ha acelerado ligeramente tras la pandemia, pero los sesgos persisten. Las mujeres siguen concentrándose en carteras vinculadas a salud o asuntos sociales, mientras permanecen subrepresentadas en áreas como defensa, economía e infraestructura.

Las propias voces dentro de Davos coinciden en que no basta con invitar a mujeres destacadas. La paridad requiere cambios estructurales: modelos financieros distintos, eliminación de sesgos en la contratación, inversión real en cuidados y fortalecimiento de políticas públicas que no se queden en el discurso.

Mientras eso no ocurra, Davos seguirá siendo un espacio donde se habla del futuro… sin integrar plenamente a quienes sostienen gran parte del presente.

Porque no hay diálogo posible si la mitad de las voces sigue fuera de la mesa.