Amix, ¿te perdiste la visita de Junior H, el cantante de “corridos tumbados” mexicano, en la conferencia de la mañanera junto a la presidenta Claudia Sheinbaum y otros representantes del género?

Esta visita, que se suscitó el pasado 11 de mayo como parte de la campaña “México canta”, que promueve la música sin apología de la violencia y cultura de paz, despertó diferentes lecturas en redes sociales; una de ellas fue la de la periodista e influencer Arantza García, quién compartió que se trataba de “un cambio en la estructura del poder por la batalla cultural”. 

Otras opiniones señalaron que la aparición del cantante se trataba de una “cortina de humo” para ocultar las crisis en el país. Esta misma opinión surgió durante la visita de la banda surcoreana, BTS, a Palacio Nacional el 6 de mayo. A esto se suman críticas por las diversas presentaciones de artistas en conciertos gratuitos en la Plaza del Zócalo Capitalino, que acusan al Estado de omitir diferentes causas en favor de eventos que oculten las fallas dentro de sus agendas políticas. 

Aunque esta lectura omite el derecho al ocio —especialmente cuando se trata de eventos culturales—, existe un término que explica las acusaciones de este fenómeno: celebrity washing

¿Qué es el “celebrity washing”?

El celebrity washing se refiere a la práctica de utilizar a artistas, atletas o influencers famosos para mejorar la imagen de un político, otorgar legitimidad a una campaña o distraer a la opinión pública de fracasos en las políticas gubernamentales. Esta es una forma de branding político donde el espectáculo reemplaza e invisibiliza acciones políticas que garanticen el servicio del Estado.

Este fenómeno ocurre cuando, desde el gobierno, se utilizan a celebridades, aprovechando la influencia y fama de figuras públicas para mejorar la opinión o generar simpatía de las y los ciudadanos que pueden no estar involucrados con los procesos políticos tradicionales. 

Imagen

De acuerdo con el artículo, What’s the deal with celebrity endorsements in the US?, la selección de determinadas celebridades no es aleatoria; se identifican a celebridades cuya base de fans coincida con los votantes objetivo, como en el caso de estrellas de pop para las y los votantes más jóvenes, y el fin es construir conexiones que aparenten ser auténticas ante el público.

Un ejemplo claro de celebrity washing ocurrió en 2024 durante las elecciones que le dieron la presidencia a Donald Trump frente a Kamala Harris. Ambos recibieron apoyo abierto por parte de diferentes artistas; por un lado, Harris recibió el  apoyo de cantantes como Billie Eilish, Taylor Swift y Charli XCX —quien impulsó la tendencia viral “Kamala is brat”, en referencia a su entonces último albúm de estudio—, además de actores como George Clooney y figuras como Beyoncé y Oprah, mientras que Trump fue respaldo por figuras como Kid Rock, y actores como Dennis Quaid y Jon Voight.

La diasimocracia y el culto a las celebridades

Este fenómeno tiene una variante aún más preocupante: la diasimocracia. En  Celebrity Warfare: Image and Politics in the Age of Trump, se explica que, en la actualidad, la política se ha transformado en un espectáculo similar a los reality shows o la lucha libre profesional, donde la atención mediática y la narrativa visual son más importantes que la ideología o las leyes, de ahí que muchas veces se perciba a la política como entretenimiento.

Esto ha llevado a los críticos a describir la situación actual, precisamente, como una “diasimocracia”, es decir, una democracia gobernada por celebridades donde el "culto a la celebridad" anula la experiencia política y la sustancia de las propuestas. 

Aquí las celebridades dejan de ser un sujeto de atención simbólica para atraer o afianzar a las y los ciudadanos y se convierten en quienes lideran los Estados, tal es el caso de Donald Trump, que pasó de ser un multimillonario con frecuentes apariciones televisivas al presidente de los Estados Unidos en dos diferentes mandatos. 

Imagen

Esto ocurre, generalmente, como consecuencia del hartazgo de las y los votantes en la política tradicional, por lo que eligen “confiar” en las celebridades, creando un sistema donde la política se convierte en una extensión del mundo del espectáculo.

La variante del “jungle-washing”

El jungle washing es una variante del celebrity washing observada en el Reino Unido donde los políticos participan en reality shows para mejorar su imagen y carisma después de estar envueltos en escándalos.

En estos programas la estrategia es simple: intentan mostrarse vulnerables ante las cámaras las 24 horas del día, apelando a la “humanidad” de los políticos para transformarse en figuras agradables y cercanas, similar a una celebridad.

Esto ocurrió en el programa  I’m a Celebrity… Get Me Out of Here!, donde diferentes políticos intentaron cambiar la percepción generalizada que la ciudadanía tenía sobre ellos. Tal es el caso de Matt Hancock, el exsecretario de Salud quien entró al programa tras verse obligado a dimitir por romper las reglas del COVID-19, y Nigel Farage, exlíder de los partidos Ukip y Brexit quien participó en 2023 buscando una mejor aceptación después de su participación. 

Sin importar la forma en la que se producen cada una de estas expresiones, es necesario cuestionar la participación de celebridades dentro de la política o de políticos que viven como celebridades, especialmente en un panorama en donde parece que los derechos humanos fundamentales se vulneran día con día. 

¿Qué piensas? Te leemos en los comentarios.