En México, el 68 % de las mujeres mexicanas ejerce la maternidad bajo diversas condiciones atravesadas por la desigualdad sistemática, de acuerdo con cifras del INEGI. 

Datos de 2023 indican que 3 de cada 10 mujeres en México son madres y jefas de hogar, lo que equivale a 11.5 millones de mujeres. Esto nos revela una realidad que a menudo es ignorada y trivializada: el 33 % de los hogares en el país están encabezados por mujeres.

A pesar de que las mujeres que encabezan hogares en México sostienen múltiples jornadas de trabajo entre las remuneradas, las domésticas, las emocionales y las de cuidados, con frecuencia son objeto de burlas, estigmatización y violencia discursiva en redes sociales por criar sin una figura masculina o fuera de la estructura familiar tradicional.

Estos discursos minimizan el esfuerzo cotidiano que implica sostener la vida en contextos marcados por la desigualdad económica y la precarización de los cuidados y, además, refuerzan estereotipos de género que colocan sobre las mujeres la responsabilidad total de la crianza, mientras cuestionan su capacidad de maternar en autonomía.

Es maternidad autónoma, no "soltería"

Las maternidades autónomas se entienden como la realidad de aquellas mujeres que, ya sea por elección propia o por las circunstancias de su vida, asumen de manera individual la responsabilidad total de criar y mantener a sus hijos e hijas, sin la presencia o el apoyo de una pareja, generalmente masculina.

De acuerdo con Gabriela Gutiérrez Mendoza, jefa de la Unidad de Educación y Extensión para la Igualdad en la Coordinación para la Igualdad de Género (CIGU) de la UNAM, en una entrevista para la Gaceta UNAM, “la maternidad no está ligada a formar una pareja y existen otras dinámicas propias entre los vínculos de madres, hijos, hijas e hijes”.

Foto: Cuartosccuro
Foto: Cuartosccuro

Reconfigurar el lenguaje es fundamental porque permite eliminar formas sutiles de violencia que se manifiestan en el habla cotidiana y que, históricamente, han descalificado a las mujeres. Un lenguaje más preciso y respetuoso facilita la creación de políticas públicas con enfoque de derechos humanos e interseccionalidad que realmente reconozcan las realidades diversas. 

¿Por qué cambiar la perspectiva y evitar el término "madres solteras"?

El uso de este término busca derribar estigmas para transformar la percepción social común, pues elimina el término “madre soltera”—que frecuentemente se utiliza en connotaciones negativas y prejuicios—, para dignificar la labor de las mujeres que asumen la crianza solas. 

Y es que este término está ligado a estereotipos comunes. Frases como “las feministas odian a los hombres porque no tienen papá” o “el hombre es el jefe de la familia” también apoyan la idea de que una “madre soltera” o el coloquial “mamá luchona” no puede sostener el liderazgo familiar

Hablar de “madres” o de “maternidades autónomas” también implica visibilizar a las mujeres que sostienen familias monoparentales. Nombrarlas desde la autonomía es, precisamente, un acto de justicia social pues se reconoce su capacidad de decisión, cuestiona los modelos familiares tradicionales y confronta los prejuicios que históricamente han deslegitimado otras formas de criar y construir hogar.

Piénsalo: ¿durante tu infancia únicamente te cuidaron tu madre y tu padre? Nuestras vidas están atravesadas por redes de cuidado que descentralizan la crianza y demuestran que maternar no tendría por qué ser una tarea individual.

Foto: Cuartosccuro
Foto: Cuartosccuro

Romper con este estigma también abre la puerta a construir redes de apoyo más amplias, donde participan tías, abuelas, hermanas, amigas e incluso comunidades enteras. Esto permite redistribuir de manera más justa y equitativa las labores de cuidado y crianza.

Reconfigurar los cuidados, pensar en colectivo

Históricamente, los estereotipos de género han asignado las tareas de cuidado exclusivamente a las mujeres. Los datos de esta desigualdad estructural son claros: en México, las mujeres dedican en promedio de 37.9 a 38 horas semanales exclusivamente al trabajo de cuidados no remunerado, una cifra que se eleva a más de 63 horas semanales si se suman las tareas domésticas generales, según datos de la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022.

En este contexto, dejar de ver la maternidad como una labor aislada y empezar a pensar en colectivo también es reconocer la autonomía materna y el poder de la colectividad. Es necesario transitar hacia una visión colectivista que permita que el maternaje sea acompañado y que los cuidados se asuman como un compromiso compartido por toda la sociedad.

¿Qué piensas? ¿Eres o conoces a una madre autónoma? Te leemos.