La reproducción humana está avalada y protegida como un derecho humano. Si bien en la normativa internacional no está explícitamente señalada como un derecho autónomo, se reconoce a partir de ubicar el vínculo con otros derechos fundamentales, como el derecho a la vida, a la vida familiar, a la salud, a libre determinación, entre otros derechos.
De la misma manera, en la normativa nacional, el artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, reconoce el derecho de toda persona a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijas/os. La ley general de salud coloca a la salud sexual y reproductiva como una responsabilidad que el Estado debe salvaguardar, dotando a las personas de información y acceso a insumos para facilitar el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos.
Desde esta perspectiva de derechos, según los marcos normativos internacionales y nacionales, que se derivan también en disposiciones legales y políticas regionales y locales, las personas están amparadas para llevar a cabo el ejercicio de la reproducción de una manera digna en la sociedad.
Es decir, la reproducción humana no es un hecho solamente biológico, sino un hecho social; es deseable que se viva en condiciones de libre decisión, con información, responsabilidad, así como con las condiciones materiales y de salud necesarias para el cuidado de las personas, tanto de quienes ejercen el derecho a la reproducción, como de las hijas e hijos que procreen.
Así, si bien la sociedad y el Estado tienen una corresponsabilidad clara, en muchos casos ésta no se asume.
Las personas se enfrentan a diferentes problemáticas para poder ejercer de manera digna este derecho: en una sociedad que privilegia una lógica de mercado basada en un sistema económico capitalista neoliberal hegemónico, el tener hijas e hijos implica una serie de condiciones económicas difíciles de cubrir.
La pobreza de tiempo para la mayoría de las personas, es una realidad, así como los trabajos precarizados, jornadas laborales extenuantes, el ritmo de vida en las grandes urbes, acelerado y exigente.
No obstante, las personas que deciden ejercer su derecho a la reproducción, deben ajustarse a los roles y estereotipos colocados socialmente desde una lógica patriarcal, heteronormativa, que privilegia un tipo de familia nuclear. De lo contrario, les es más complejo asumir las responsabilidades de cuidado y acompañamiento hacia sus hijas e hijos.
De manera generalizada en la sociedad se entiende a la familia como una institución que “funciona” a partir de una estructura nuclear-parental; es decir, un varón que tiene un trabajo remunerado fuera de casa que puede proveer de los recursos económicos necesarios para cubrir las necesidades de las personas que integran las familias, una mujer que es la que se embaraza y por lo tanto cuida a sus hijas e hijos, además de hacerse cargo de las tareas domésticas y el trabajo de cuidado.
Sabemos que no todas las personas se adaptan a estos estándares. Lo decidan o no, las personas ejercen sus paternidades y maternidades de maneras diferenciadas.
¿Como sociedad hacemos algo al respecto? ¿Existen las condiciones sociales para apoyar a las personas en el ejercicio de la reproducción y todo lo que ello deriva?
Hay mujeres y hombres jóvenes que se encuentran en etapas de vida universitaria, en formación de una profesión que les permita posteriormente tener un trabajo remunerado digno para criar sus hijos e hijas; sin embargo, la exigencia económica, les obliga a tener un trabajo remunerado, descuidando así los estudios y metiéndoles en aprietos para poder conciliar los estudios, el trabajo fuera de casa y las labores de cuidado.
Ante esta situación ¿qué hacen las instituciones universitarias para apoyar al estudiantado que enfrenta paternidades y maternidades a “destiempo”? Porque desde el deber ser que se estipula socialmente, dicho estudiantado universitario no se encuentra en la etapa “ideal” de procrear y acompañar a otro ser humano como hija e hijo.
Creemos que es importante indagar acerca de las diferentes realidades y problemáticas que enfrentan las personas en el ejercicio pleno de sus derechos reproductivos.
Referencias:
Asamblea General de las Naciones Unidas. (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos. Naciones Unidas.
Congreso de la Unión. (2024). Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Diario Oficial de la Federación.
*Sobre las autoras:
Coordinadora del I Diplomado Violencias y Diversidades; del Seminario Estudios interseccionales de la desigualdad social y del Seminario permanente interinstitucional Familia y Diversidad, todos del Instituto Mora. Asimismo, docente en la UNAM. Realizó su estancia postdoctoral en el CEDUA-COLMEX. Sus líneas de investigación son la perspectiva de género, políticas públicas, usos del tiempo, corresponsabilidad social, vida cotidiana y trabajo de cuidados, diversidad familiar y diversidad sexual, nuevas experiencias de ser hombres (masculinidades).
@Luzapelusita
Tania Lizbeth Meléndez Elizalde
Socióloga, maestra y candidata a doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM. Docente en la carrera de Sociología en la FES Aragón UNAM. Líneas de investigación: sociología de la familia, sociología de la religión, perspectiva de género, cambio social y cultura.
@MelendezTania20

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