Hemanx, el mundo nos está consumiendo. Entre disputas geopolíticas, crisis ambientales y desplazamientos forzados, el cuerpo de las mujeres continúa siendo utilizado como uno de los primeros campos de batalla. 

Después de años en los que hablar de diversidad corporal se había convertido casi en la norma, hoy la realidad es muy diferente. El auge de celebridades extremadamente delgadas, la epidemia del ozempic y la tendencia de las trad wifes nos dice algo: nos quieren pequeñas, controlables, hambrientas. 

¿Has sentido que, sin darte cuenta, te comparas con tu cantante favorita? ¿Te preocupa entrar en los jeans más pequeños que encuentres? ¿Dejas de desayunar en nombre del “ayuno intermitente” que le aprendiste a las supermodelos?

Esto tiene un nombre y se le conoce como body checking, una conducta repetitiva y compulsiva de examinar, medir o evaluar el peso, tamaño y forma del propio cuerpo, de acuerdo con el National Institutes of Health (NIH). Esta tendencia suele incluir acciones diarias como pesarse varias veces al día, pellizcarse la piel para calcular la grasa corporal, medirse zonas específicas o mirarse al espejo constantemente para buscar supuestos defectos.

En entrevista con La Cadera de Eva, la activista y creadora de contenido anti gordofobia, Daphnia Ricalde, conocida en redes sociales como “La Cuerpa”, explica que no solo se trata de “enseñar el cuerpo”, sino que “es un comportamiento en el que una persona revisa o exhibe constantemente ciertas partes de su cuerpo para comprobar que siguen acercándose al ideal de belleza”.

¿Cómo se manifiesta el body checking en redes sociales?

Aunque el body checking aparenta ser una práctica que se realiza en la intimidad, los espacios digitales se han convertido en un laboratorio en el que esta conducta se ha normalizado y pasa desapercibida. 

Suele manifestarse a través de contenido que se centra en aspectos como la delgadez de la cintura, qué tan plana está la panza, si se marcan las costillas o la presencia de celulitis: lo que parece lifestyle en realidad es una constante comparación corporal.

El problema fundamental no es el acto de mostrar la corporalidad, sino cuando la validación personal depende totalmente de qué tan cerca se está de un estándar estético imposible. “Una cosa es existir en tu cuerpo y otra convertirlo en una medida de éxito o de valor”, señala Ricalde. 

Este comportamiento nos enseña a mirar a nuestro cuerpo como un error, como algo que nunca está terminado  y que debe ser un proyecto constante. Ricalde explica que esto fomenta una vigilancia constante y la idea de que siempre hay algo que debe ser cambiado o mejorado.

La creación de una posible relación violenta con el cuerpo tiene consecuencias: la comparación constante es un factor de riesgo importante para el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria (TCA), especialmente en las generaciones más jóvenes, quienes están más expuestas a contenido digital sin supervisión. 

Influencia de las redes sociales

Ricalde reflexiona y señala que el algoritmo de las plataformas digitales tiende a privilegiar los cuerpos normativos, convirtiendo la delgadez en una “moneda social” que genera vistas y comentarios. Lo hemos visto millones de veces: influencers delgadas que promocionan suplementos alimenticios, ropa para adultos con medidas para niñas y adolescentes, ejercicios y bebidas mágicas que supuestamente ayudan a perder peso. 

Las redes sociales han dado una visibilidad masiva a estos estándares, que ahora son más inmediatos y difíciles de evitar que en la época de las revistas o la televisión. “Solo se cambió de formato, pasamos de la tele, las revistas, el periódico a lo digital y como lo tenemos tan a la mano ha ganado tanta visibilidad".

“El algoritmo no tiene ética, nos muestra lo que más nos engancha, no lo que más bien nos hace”.

Pero la realidad es otra: muchas de las imágenes que fomentan el body checking carecen de contexto, ocultan el uso de filtros, edición, cirugías o, incluso, situaciones de salud como la depresión y acaban por normalizar imágenes que son inalcanzables para la mayoría. 

“Estamos cayendo otra vez en un discurso muy blanco, eurocentrizado (...) te tienes que ver impoluta, y por limpia me refiero a no tener un solo vello, que no se te marque ninguna cicatriz”.

Ricalde precisa que estos estándares no son neutrales; responden a un sistema patriarcal, blanco y eurocentrista

¡Para! Lee lo siguiente para evitar comparaciones corporales

Sí, hermanx, las redes sociales nos consumen pero hay maneras de reflexionar sobre esto en la individualidad y en lo colectivo. 

Para evitar las comparaciones, Ricalde sugiere realizar un ejercicio constante de cuestionamiento sobre lo que consumimos en el entorno digital. Cuando tomes tu celular y veas a tu cantante o influencer favorita, detente y pregúntate si su contenido realmente te inspira o, por el contrario, te hace sentir insuficiente. 

“Muchas personas terminan sintiendo que su cuerpo está fallando, cuando en realidad el problema es el estándar”, cuenta Ricalde. “Hay que entender que las celebridades e influencers son humanos, aquí más bien la tarea está en nosotres”. 

“Las celebridades y los influencers son parte responsable del mensaje que lanzan, pero la otra parte de la chamba la tenemos que hacer nosotras (...). Es parte de la responsabilidad de lo que consumimos, porque al final sí influye en la autopercepción corporal”.

Por ello, recuerda: tenemos el poder de elegir qué permitimos que entre en nuestro espacio personal digital y de reclamarlos como nuestros. “Creo que es momento de  retomar esos espacios, porque también lo digital es un espacio público”.

“Nuestro cuerpo no necesita parecerse al de nadie para ser un cuerpo valioso. Todos los cuerpos merecen respeto, honramiento y, sobre todo, ser vistos (...) Combatir toda esta ola conservadora... es el seguir mostrándonos tal cual somos. Ese es el verdadero poder”.