Amix, ya es enero de 2026, y si estás pensando en iniciar esos propósitosque enlistaste en la cena de año nuevo, es mejor que leas esto antes de seguir, porque podría salvarte de pagar esa membresía del gym por las razones equivocadas.
Todo comenzó cuando me pregunté, ¿por qué entre los propósitos más comunes entre mis amigas y las girls en redes sociales siempre se prioriza cambiar nuestras cuerpas? (Y sí, también cuando la psicóloga feminista, Marilú Rasso Ibarra, me explicó en esta nota que la violencia estética también aumentaba durante la temporada).
Que si la inscripción al gym para bajar lo que “comimos durante las fiestas”, que si hacer pilates en casa para tonificar (sí, en casa, porque los pilates de estudio desequilibran muchos de nuestros salarios), y que si comer “mejor” para supuestamente ser “más saludables”.
Cuando lo enlisto de esa forma, me doy cuenta de lo inaccesibles e irreales que son esas metas, pero ¿por qué son la máxima expresión del “nuevo año, nueva yo”? Para entender el fenómeno platiqué con la activista y creadora de contenido, Daphnia Ricalde, mejor conocida en redes sociales como La Cuerpa por su proyecto homónimo de activismo en favor de la defensa de la diversidad corporal.
La gordofobia de enero
Así es amix, yo tenía la sospecha pero en entrevista con La Cadera de Eva, La Cuerpa llegó a reafirmarlo. Enero es un mes en donde el patriarcado se alía con el capitalismo para programar la idea de que los logros personales están intrínsecamente ligados al físico.
Y es que bajo esta lógica, para alcanzar una meta o iniciar un nuevo ciclo, como el año nuevo, es imperativo poseer un cuerpo delgado y “estético”. De acuerdo con La Cuerpa, el sistema aprovecha periodos de abundancia alimentaria, como las festividades, para intensificar los discursos de control corporal.

Se promueve la idea de que, tras comer de forma abundante, es necesario castigar al cuerpo mediante dietas restrictivas o ejercicio extenuante para recuperar la estética impuesta. Este control se disfraza frecuentemente de supuesta preocupación por la salud, pero no hacen más que replicar discursos salutistas, es decir, mensajes que promueven la “salud y el bienestar” como valores culturales y objetivos primordiales de la vida, aunque en realidad, son narrativas que perpetúan el control de los cuerpos no hegemónicos.
Y es que si una persona logra algo pero tiene un cuerpo gordo, se le juzga como “descuidada”, invalidando su éxito bajo la premisa de que no tiene control sobre su cuerpo.
Pero, ¿de qué manera opera la gordofobia?
El sistema patriarcal y capitalista utiliza la gordofobia como una herramienta de control sistémico que va mucho más allá de un prejuicio individual. Como explica Ricalde, la gordofobia no es “odio a las personas gordas”, se trata de una discriminación estructural que dicta cómo deben verse y comportarse los cuerpos para ser considerados valiosos.
El capitalismo se alimenta de las inseguridades que él mismo impone, inventando incluso nuevas necesidades para que las personas anhelen cuerpos, pieles o rasgos diferentes. Esto genera una industria de la dieta que es extremadamente lucrativa y, a la vez, excluyente.
“Todo va ligado en lo que son los inicios. Inicio de semana, inicio de año, inicio de metas y siempre es esta imposición patriarcal de controlar nuestros cuerpos y vernos lo más hegemónicamente posible para que el sistema supuestamente nos premie”.
¿Has sentido angustia, estrés y cansancio derivado de una dieta restrictiva de enero, o del simple hecho de tener que realizar determinadas acciones para llegar a ese “objetivo”? Hermana, no eres la única, y es que este control tiene repercusiones directas en nuestras vidas como:
Costo de vida: la cultura de dieta es costosa, convirtiendo el acceso a ciertos alimentos “saludables” o estilos de vida en un privilegio para una minoría.
Consumo forzado: se nos empuja a consumir una cantidad infinita de productos, suplementos y servicios de gimnasio para intentar alcanzar un estándar eurocentrista e inalcanzable (delgada, joven, con curvas específicas).
Las redes sociales, la incubadora contemporánea de la dismorfia
Mientras conversaba con La Cuerpa, pregunté inocentemente, “¿por qué en redes sociales la conversación gira en torno al propósito de cambiar físicamente”? Su respuesta fue clara: las redes sociales desempeñan un papel fundamental en la creación y el mantenimiento de la dismorfia corporal, actuando como un escaparate de imposiciones estéticas y capitalistas.
Recuerda que, según la definición de la Secretaría de Salud de México (Sedesa), la dismorfia es una enfermedad que se manifiesta como una preocupación excesiva en la apariencia, derivada de una distorsión de la imagen corporal.
El bombardeo visual y la publicidad de “soluciones”, es decir, lo que vemos constantemente en las plataformas digitales se centra alrededor de promociones de gimnasios que, como explica Ricalde, además suelen ser edadistas, mostrando únicamente a personas jóvenes, extremadamente delgadas, musculosas y con piel perfecta.

Así como de medicamentos para bajar de peso que prometen delgadez y juventud a cualquier costo, reforzando la idea de que envejecer o habitar un cuerpo gordo es un signo de descuido (te escribo a ti, ozempic).
Por supuesto, también está el tema incómodo: las influencers y creadoras de contenido de belleza, salud y wellness, que promueven el ideal de belleza hegemónico. Y esto no sólo lo dice La Cuerpa y activistas que se dedican a generar espacios de reflexión por la corporalidad.
La escritora argentina feminista, Lala Pasquinelli, lo explica en su libro, La estafa de la feminidad (Planeta, 2024) con la siguiente analogía: la escuela de belleza enseña una pedagogía de la sumisión y dócilidad que se replica entre las mujeres, maestras una de la otra de tácticas de adoctrinamiento corporal y que se gestan de manera pública en supuestas guías espirituales y simbolicas: las modelos e influencers.
No nacemos queriendo transformar nuestro cuerpo año con año, nos enseñaron a odiarlo y someternos a herramientas de transformación que replican el control de nuestras cuerpas. El patriarcado, al que Pasquinelli se refiere como director de la escuela de belleza quién decide los códigos y tareas de autocuidado que se consumen en redes sociales.
El acto de seguir a personas con las que nos comparamos constantemente drena nuestra autenticidad y daña la salud mental. Por ello, Dafnia Ricalde sugiere depurar nuestros feed y cuestionar bajo qué mirada seguimos a ciertas personas.
Y entonces ¿cómo derribo la gordofobia interiorizada?
S así que si como yo, los propósitos de año nuevo gordofobia que se disfrazan de renovación te invitan a reflexionar, La Cuerpa nos invita a combatir la dismorfia y la violencia estética, siguiendo a personas diversas, activistas, creadores de contenido y periodistas que se asemeje a nuestra propia corporalidad y estilo de vida real, así como buscar salud desde una perspectiva no peso-centrista, más bien a seguir a profesionales que promuevan la alimentación intuitiva y el movimiento corporal sin centrarse en el peso.

Por: 



