¿Has notado que en muchas películas hollywoodenses los personajes de origen árabe o musulmán suelen ser retratados a partir de estereotipos de género, etnia y religión? ¿O tal vez te has encontrado con noticias en redes sociales que aseguran que las mujeres musulmanas viven en un constante y profundo estado de sometimiento?
Estas narrativas, impulsadas por estereotipos y construcciones sociales que a menudo se basan en una racialización de la religión, donde se asignan rasgos esenciales e inamovibles a quienes profesan el Islam o son percibidos como tales, no solo simplifican la experiencia de las personas musulmanas, sino que las deshumanizan y alimentan prejuicios que derivan en discriminación.
A esto se le conoce como islamofobia, una forma de odio irracional dirigido hacia las personas que profesan el Islam, así como hacia aquellas que son percibidas como musulmanas.
En el marco del Día Internacional de la Lucha contra la Islamofobia, que se conmemora cada 15 de marzo desde el 2022, con motivo de visibilizar y combatir el odio, discriminación y prejuicios contra las personas musulmanas, platicamos con Nofret Berenice Hernández Vilchis, posdoctorante de la División de Historia del CIDE y especialista en el mundo árabe, que contó a La Cadera de Eva que la islamofobia es “más evidente para las mujeres por el uso del velo islámico o hiyab”.
¿Qué es la islamofobia?
Cuando se habla de islamofobia, comúnmente se piensa en “la aversión, odio o prejuicio hacia el islam, los musulmanes o lo musulmán”, como la define el diccionario de la Real Academia Española (RAE); sin embargo, este término es más complejo de lo que aparenta.
Según el informe, Musulmanes en la unión europe?: discriminación e islamofobia, el término “islamofobia”, que se popularizó en occidente en la década de 1990, ha sido sujeto de intensos debates sobre su definición y aplicación. Y es que, de acuerdo con Nofret Hernández, uno de los factores más complejos surge por la confusión entre etnia y religión, pues se asume que todas las personas árabes son musulmanes y que todas las personas musulmanas son árabes.

Sin embargo, la realidad señala algo diferente: por un lado, existen personas árabes cristianas, judías o ateos, y por otro, la mayoría de las personas musulmanas del mundo no son étnicamente árabes, como en el caso de Indonesia, país con mayor población de personas musulmanas, pues alberga al 11.8% de la población mundial de musulmanas y musulmanes, seguido de Pakistán y la India, con un porcentaje de 11.2% y 10.5%, de acuerdo con cifras del estudio How the Global Religious Landscape Changed From 2010 to 2020.
Esta precisión es respaldada por el Observatorio de Islamofobia en los Medios, pues explican que la islamofobia es un fenómeno aún más complejo: “Cuando limitamos la islamofobia a la discriminación de personas que racialmente se perciben como musulmanas, es decir la lectura más ligada a la xenofobia o a la maurofobia, estamos negando la diversidad del corpus de practicantes del islam, tanto geográfica como étnica, cultural o racialmente (...). No necesariamente todos los comportamientos racistas son islamófobos, ni viceversa”.
“Los medios de comunicación han jugado un papel cómplice en esta caricaturización que sigue generando miedo, desconfianza e incomprensión”. (Nofret Hernández)
Este estereotipo borra la inmensa diversidad cultural, lingüística y nacional de estas poblaciones. A pesar de ello, las personas racializadas son quienes suelen enfrentarse, en mayor medida, a esta forma de discriminación, y es que como explica Nofret Hernández, la islamofobia no se limita a un prejuicio religioso, sino que constituye una racialización de la religión, donde se asignan rasgos esenciales e inamovibles a un grupo, tratándolo como si fuera una “raza”.
La islamofobia y su relación con el orientalismo
¿Cómo se justifica un sistema ideológico basado en la discriminación y los discursos de odio? De acuerdo con el artículo Islamofobia: la construcción social de un prejuicio y su abordaje educativo, existen diferentes creencias instauradas en occidente que alimentan la islamofobia, entre ellas se encuentra la creencia de que el Islam es un bloque monolítico no cambiante, que el Islam no comparte valores con otras religiones o que el Isam es inferior a la cultura occidental (irracional, bárbara y sexista).
Estos prejuicios no son neutrales, responden un fenómeno conocido como orientalismo, término acuñado por el crítico palestino-estadounidense, Edward Said, que se entiende como la representación estereotipada, exótica e inferiorizada del Oriente, particularmente de los países arábicos y asiáticos.
En entrevista, Nofret Hernández explica que la islamofobia también puede entenderse como una forma de “racismo cultural”, vinculada al orientalismo que, a diferencia del racismo convencional, se basa en la idea de que el “otro” es inherentemente inferior. “Se cree que el ‘otro’ tiene una cultura atrasada e irracional porque ‘le rezan al dios equivocado’, lo que se utiliza para justificar su exclusión o despojo”.
La islamofobia diferenciada por género
La dimensión de género es fundamental para entender la islamofobia y es que, de acuerdo con Nofret Hernández, las mujeres experimentan de manera diferenciada este prejuicio en comparación con los hombres, especialmente debido al uso de prendas religiosas como el velo islámico.
Mientras que para los hombres la pertenencia religiosa puede no ser evidente a simple vista, el velo hace que las mujeres sean identificadas de inmediato, convirtiéndolas en blancos rápidos de discriminación, críticas o agresiones en espacios públicos
“Debemos aprender a respetar cómo la mujer quiere vestirse o desvestirse... enseñar o no enseñar el cuerpo es cosa de la mujer, no del estado y no de la familia”. (Nofret Hernández)
Uno de los estereotipos más dañinos es la creencia de que el Islam es inherentemente opresivo para las mujeres y que todas las musulmanas son sumisas o carecen de autonomía. Como señala la especialista en entrevista, se suele ver a la mujer que porta el velo como alguien “sometida a una religión machista como si el resto de las religiones no lo fueran”.
Interseccionalidad y feminismo
La experiencia de las mujeres musulmanas está atravesada por múltiples ejes de opresión: ser mujer, ser percibida como extranjera y, en ocasiones, ser una mujer de color. A menudo, estas experiencias son invisibilizadas y minimizadas en occidente.
Nofret Hernández menciona que el feminismo mainstream o blanco a veces rechaza a las mujeres veladas, asumiendo erróneamente que no pueden ser feministas si no se quitan el velo bajo la premisa de que esta prenda es un supuesto símbolo de sumisión.
“El feminismo hegemónico exige a las mujeres musulmanas demostrar que están dispuestas a occidentalizarse o se les verá como falsas feministas. Sin darse cuenta, las feministas hegemónicas que las orillan a elegir el feminismo occidental como la única vía de liberación del patriarcado, están reproduciendo un discurso colonialista, patriarcal, racista, orientalista e islamófobo”, escribió la especialista en mundo árabe en el artículo Las narrativas también migran, junto con ellas los prejuicios: Cómo afecta la islamofobia a las mujeres musulmanas en México.
Este acoso constante basado en estos estereotipos de género tiene efectos profundos. De acuerdo con las investigaciones de Hernández, algunas mujeres deciden dejar de usar el velo para evitar la hostilidad o el rechazo en ámbitos como las marchas feministas o el entorno escolar. Otras relatan sentir un “sesgo implícito” y un cambio en el trato de la gente en cuanto se enteran de que son musulmanas, lo que genera sentimientos de inseguridad y exclusión.
Sin embargo, la resistencia continúa, el pasado 11 de diciembre, la Suprema Corte de la Justicia de la Nación (SCJN) avaló que las mujeres musulmanas utilicen hiyab u otra indumentaria religiosa que no cubra el rostro en la fotografía del pasaporte, por lo que es urgente, desde los feminismos, avanzar hacia una agenda anticolonial, fuera del esquema hegemónico occidental.
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