Entre el 6 y 10 de mayo de 2026, la Ciudad de México se transformó en el epicentro de un movimiento cultural sin precedentes: la llegada de la banda surcoreana, BTS, a México después de nueve años de ausencia en tierras mexicanas.
La visita de BTS al país incluyó tres conciertos en el Estadio GNP Seguros, realizados los días 7, 9 y 10 de mayo pero la aventura comenzó antes; la banda hizo su primera aparición oficial en Palacio Nacional, después de responder a la convocatoria de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para saludar a su fandom, conocido como ARMY, desde un palco del recinto, tras la apabullante demanda que se vivió el 24 de enero, fecha en la cual se vendieron los boletos para sus conciertos.
Durante el primer mes de 2026, más de un millón de personas intentaron comprar boletos para ver a la banda surcoreana, sin embargo, únicamente más de 140 mil personas obtuvieron entradas.
A casi cuatro meses después de la venta ARMY Membership, los integrantes de BTS, RM, Jin, SUGA, j-hope, Jimin, V y Jungkook iniciaron el concierto del 7 de mayo con Hooligan, una canción energética que le habla a la juventud, a la rebeldía y al ímpetu de romper las reglas después de haber realizado su servicio militar, entre diciembre de 2022 hasta mediados de 2025.

2.0 y el derecho al gozo
La visita de BTS a México da para hablar de muchas cosas; desde las críticas por la indolencia del gobierno federal, que pone al centro de la agenda mediática la visita del grupo, en lugar de priorizar demandas urgentes como la crisis de desapariciones en México, que al día de hoy suma más de 133 mil personas desaparecidas y no localizadas, hasta la importancia del derecho al ocio.
Como una fangirl de BTS desde 2017, como periodista antipatriarcal, como mujer asalariada, estás conversaciones pesan en proporciones similares; nos atraviesa la violencia, la desigualdad, la precarización así como la falta de oportunidades por acceder a un concierto de nuestras y nuestros artistas favoritos.
Mientras caminaba entre ARMY el 9 de mayo, la fecha de mi concierto, no podía dejar de pensar en una cosa: el gozo, el entusiasmo, el desenfreno y la comunidad deben ser un derecho para todas las mujeres. Entre chistes “locales”, freebies —pequeños regalos hechos a mano que las y los fanáticos obsequian o intercambian como recuerdo del concierto—, danzas y looks, ARMY le gritó al gozo y al sentido de pertenencia.
Como señaló Leslie Jimenez, abogada jurídica y colaboradora de La Cadera de Eva, en redes sociales: “les fans están pensando políticamente. Si están cuestionando, sí están discutiendo, Y eso importa muchísimo”.
Podía verlo en los ojos de quienes me extendían una photocard de mi integrante favorito, en las risas colectivas que disfrutaban del ambiente previo al concierto, en los carteles que celebraban la visita de BTS al país pero denunciaban las negligencias gubernamentales; para muchas —como para mí— este momento de comunión representaba algo más: un sueño cumplido, un nuevo comienzo, más espacio para el “muy” político gesto de esparcimiento y disfrute con consciencia política.
Los mismos BTS los cantan en una de sus canciones más recientes, perteneciente a su último álbum, ARIRANG: Sí, me siento como nueva. Otro paso con nuevas especificaciones; paso dos, ni siquiera tenemos que correr.
Mujeres, ARMYS y acompañantes
Debo confesar que, después de que la presidenta anunciara la visita de BTS a Palacio Nacional dudé en asistir; la discusión alrededor de su visita era ensordecedora. Me dije a mí misma que podría asistir con fines periodísticos y, para mi sorpresa, lo fue en cierta medida.
Fuera del espacio de prensa, entre ARMY, entre mujeres de todas las edades, pude ver la euforia y la alegría que embellecía los rostros de quienes esperaban a BTS en la plaza del Zócalo; muchas no consiguieron boletos para sus conciertos, por lo que esta era la única oportunidad que tenía para verlos. Y así fue, cuando los integrantes se despidieron desde los balcones laterales de Palacio Nacional miré a mi alrededor y encontré múltiples gestos: personas llorando porque habían visto a su banda favorita; amigas abrazándose, emocionadas y conmovidas; madres e hijas tomadas de las manos, creando recuerdos.

Ese día platiqué con una joven universitaria; lloraba y comencé a llorar también. Intercambiamos nuestra afición por el grupo a pesar de ser completos desconocidas, nos acompañamos en el placer de pertenecer, aunque sea por unos minutos. Esto también me ocurrió cuando ya estaba dentro del Estadio GNP: aunque iba sola, encontré acompañamiento en las fans que estaban a mi alrededor.
Conocí a mujeres que considero cercanas aunque estemos lejos; sin embargo, esto no sería posible de no ser por los mensajes de autoestima, confianza y amor propio que promueven en sus canciones, de las letras que resuenan con quienes pasamos tiempos de confusión, de desasosiego y de tristezas.
Los integrantes de BTS se despidieron de México el domingo 10 de mayo con una asistencia a sus conciertos de más de 300 mil personas —dentro y fuera del recinto—. Prometieron volver y ARMY prometió esperar. En este entusiasmo, en el cariño mutuo, en la reciprocidad, pienso que hay un sentido de integración y gozo que solo la comunidad puede crear. Y es que si algo me queda claro es que BTS nos unió, pero nosotras nos sostenemos.

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