La patologización de la menstruación y la desconexión con nuestra espiritualidad han sido resultado de la violencia simbólica enfocada a la destrucción de los símbolos de poder femenino y lo natural, ejercida por el sistema patriarcal para la subordinación social de las mujeres, personas menstruantes y diversidad1A diferencia de nuestra actualidad, la ciencia del sangrado de las mujeres y personas menstruantes comenzó con mujeres estudiando las dimensiones incorpóreas del cuerpo femenino

En tiempos ancestrales se reconocía la menstruación como un proceso físico pero principalmente como un proceso emocional y mental. Un proceso de renovación profunda, siendo imprescindible conectar con ella a través de la conciencia de los cambios emocionales, mentales y físicos que se viven durante ese periodo. En algunas culturas era ritualizada y las mujeres se tomaban espacios de retiro para conectar con ella (Egipto, Grecia, Atenas, indígenas nativas de América del Norte, la cultura Maya o la población matrialcal de Mosuo en China, por mencionar algunas). 

En estas y en distintas culturas nuestra sangre era ritualizada y se tenían espacios de retiro en hospedajes lunares, en los que se reunían en círculo a menstruar con el fin de compartir, descansar, arraigarse y reflexionar sobre su papel en el mundo para el próximo ciclo. 

Imagen

En el hinduismo, en especial en la sabiduría Kundalini, se habla de que la mujer crece y mengua emocionalmente de acuerdo al movimiento de su propia luna interna, en relación con la energía de la luna exterior2. Mi maestra de namm, María del Pilar Reyes Cruz, fundadora de BRS Training Center, en el webinar “La sexualidad de la mujer, mapa de energía”, explicó que el cuerpo femenino tiene once mapas internos (lunas) y sistemas de energía que se requieren sincronizar y equilibrar para que puedan desarrollarse de manera intuitiva e inteligente en cada faceta de nuestra vida. Otro anclaje simbólico que tiene el ciclo menstrual es estar relacionado con las estaciones del año y con los cuatro elementos.  

Esto es importante, pues si conocemos los cambios físicos, emocionales y cognitivos que predominan de forma individual durante cada fase de nuestro ciclo menstrual, no sólo vamos a identificar nuestras necesidades particulares, sino que podemos utilizar ese autoconocimiento de forma inteligente en la toma de decisiones en nuestra vida diaria (sin olvidar nuestro privilegio).

Por esta razón, afirmo que la educación menstrual está intrínsecamente relacionada con el desarrollo personal de las mujeres y personas menstruantes y, consecuentemente con nuestros derechos humanos a la dignidad, libre desarrollo de la personalidad, educación, salud y la libertad misma, porque no podemos tener identidad ni un pleno desarrollo personal sin antes habitarnos, sin antes conocer la sabiduría de nuestro cuerpo.

Tenemos que retomar los conocimientos ancestrales vinculados a la naturaleza de nuestro propio cuerpo y, el derecho debe reconocer y proteger el acceso y difusión al conocimiento ancestral, en la lógica de velar por el verdadero ejercicio consciente de nuestros derechos humanos.

No obstante, en nuestra actualidad se estudia y se entiende la menstruación únicamente como un proceso físico desde una visión patriarcal que la patologiza, llevando a la sociedad a estigmatizarla y reforzar una cultura del silencio que implica la escasa difusión de información e investigación sobre el enfoque emocional y mental de la menstruación.  

Imagen

Esta escasa información que se nos ofrece a las mujeres y a las personas menstruantes sobre nuestro propio cuerpo, ocasiona estereotipos y violencia de género por parte del Estado y de la misma sociedad, excluyéndonos de la agenda pública y del sistema educativo que consecuentemente ha sido una barrera para nuestro desarrollo, impidiendo que ejerzamos con plenitud de conciencia nuestros derechos humanos al libre desarrollo de la personalidad, identidad personal, sexual y propia imagen.

El derecho interno e internacional ha limitado nuestros derechos humanos, pues, si bien relaciona la menstruación con el derecho humano a la dignidad, lo cierto es que lo limita a un enfoque de salubridad y saneamiento. Una verdadera educación menstrual tiene que incluir información ancestral oportuna sobre los cambios físicos, emocionales y mentales que se presentan en cada etapa de nuestro ciclo menstrual, ya que desde ese información ancestral podremos identificar las necesidades particulares de nuestro cuerpo, tomando en cuenta nuestra edad, situación económica, identidad, religión y cultura que influyen en la formación de nuestra autonomía.

¿Cómo afecta la patologización de la menstruación a nuestros derechos humanos al libre desarrollo de la personalidad, identidad personal, sexual y propia imagen?

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, en las Jurisprudencias P.LXVII/2009 y 1a./J. 4/2019, de rubros: “DERECHOS A LA INTIMIDAD, PROPIA IMAGEN, IDENTIDAD PERSONAL Y SEXUAL. CONSTITUYEN DERECHOS DE DEFENSA Y GARANTÍA ESENCIAL PARA LA CONDICIÓN HUMANA”, y “DERECHO AL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD. SU DIMENSIÓN EXTERNA E INTERNA”  ha definido estos derechos como personalísimos; entendiéndolos desde la libertad de mostrarnos y desarrollarnos como queramos ante la sociedad, a ser uno mismo desde la propia consciencia que nos individualiza ante la sociedad y nos permite identificarnos.

Nuestro más Alto Tribunal ha dejado claro que:

“De acuerdo a ese ajuste personalísimo en el desarrollo de cada individuo, proyectará su vida en todos los ámbitos, privados y público, por lo que al ser la sexualidad un elemento esencial de la persona y su psique, la autodeterminación sexual forma parte de ese ámbito propio y reservado de lo íntimo, la parte de la vida que se desea mantener fuera del alcance de terceros o del conocimiento público. Por consiguiente, al constituir derechos inherentes a la persona, fuera de la injerencia de los demás, se configura como derechos de defensa y garantía esencial para la condición humana, ya que pueden reclamarse tanto en defensa de la intimidad violada o amenazada”3.

La situación sociohistórica actual exige visibilizar la importancia de una educación menstrual que difunda la interrelación del cuerpo físico con el emocional y mental, su relación con los derechos humanos e inclusión en la agenda pública para la adopción de medidas orientadas a reducir la violencia que enfrentamos en los diferentes aspectos de nuestra vida. Asimismo, se debe visibilizar la violencia de género que ejerce el Estado y la sociedad al patologizar el ciclo menstrual.

Para la sociedad patriarcal nuestros cuerpos son un campo que controlar. A lo largo de la historia hemos sido magullades, sometides, negades, colonizándonos para dejar de ser misterioses y “peligroses” para la ciencia, religiones y política patriarcal-falocéntrica.

Descolonizar nuestro cuerpo de los tabús con la sangre y sabiduría femenina también es un acto de protesta contra el patriarcado que ha magullado nuestro cuerpo, despojándonos de la fuerza que cohabitamos, de nuestra sexualidad, nuestra totalidad, nuestra dignidad…

 

Este tema es parte del trabajo de investigación de la autora para la obtención de grado en la Especialidad de Género y Derecho, Facultad de Derecho, UNAM.

 

Fuentes:

1 Verdú Delgado, A. D. (2012). La desaparición de las diosas como metáfora de la pérdida de autoridad de las mujeres. Feminismo/s, (20), 63–80. https://doi.org/10.14198/fem.2012.20.04, Recuperado el 4 de junio de 2023, de https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/30023/1/Feminismos_20_04.pdf

2 Sat Ganesha Kaur. (2021). Los centros lunares de las mujeres. https://es.scribd.com/doc/287765587/Centros-Lunares-Mujer

3 https://sjf2.scjn.gob.mx/detalle/tesis/165821