“Yo soy mexicano, de nadie me fío, cuando estoy sufriendo, antes de rajarme, me aguanto y me río”, decía Jorge Negrete, uno de los exponentes de la música y el cine más grandes de nuestro país. El discurso de “no rajarse” lo hemos adoptado y lo agregamos a nuestra cotidianidad -hasta con orgullo-; el mexicano no se acobarda, es echaleganista y por supuesto, jamás, pero jamás, se raja. 

Esta frase forma parte de la cultura popular e incluso, se ha convertido en el eslogan político de, por ejemplo, Xóchitl Gálvez quien utiliza el “¡no me rajo!” como parte identitaria de su campaña política y que recientemente resurgió tras una acusación por supuesto plagio de tesis. En su defensa, publicó vía Twitter un video donde asevera "tener muchos huevos" y nunca rajarse, pero ¿qué hay detrás de esta expresión?

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Antes de entrar al tema, debes saber que esta no es la primera vez que encontramos discursos sexistas y machistas en la campaña de Xóchitl Gálvez, acá te explicamos otras de cuando fue aspirante de la oposición en nuestro artículo “Las red flags de los y las aspirantes de oposición a la presidencia”

Las expresiones las aprendemos, heredamos y las replicamos como parte de nuestra cotidianidad que nos despierta el sentido de pertenencia. Aquel en el imaginario colectivo donde la idiosincrasia mexicana nos hace personas echadas para adelante -siempre-… y ¿machistas

Te contamos de dónde viene esta expresión y por qué es momento de comenzar a cuestionar nuestro lenguaje; no es que ya no se pueda decir nada, es que la revolución parte desde el lenguaje y el cambio está en la decisión de querer hacerlo. 

¿A poco sí muy rajón

En el artículo escrito por Cristhian Alfonso “El laberinto de la soledad: detrás de la máscara del mexicano”, se analiza la referencia de Octavio Paz en “El laberinto de la soledad" en torno al significado de la expresión "rajarse" para las personas mexicanas. Alfonso explica que, sobre todo para los varones, el hecho de “rajarse” se vuelve un impensable, pues eso implica que algo se quiebra y permite ver su vulnerabilidad. Una condición que, por supuesto, va en contra de la idiosincrasia mexicana.