La revolución también se construye en el arte. A lo largo de su historia, la gráfica ha servido como una herramienta estética y creativa, pero también como un vehículo de denuncia, protesta y liberación femenina.
La tinta, el barniz, las gubias y la madera, aunque rústicas en apariencia, se han convertido en instrumentos que narran historias de resistencia y celebran la diversidad. La gráfica de la artista afroamericana, Elizabeth Catlett, es prueba de ello.
El 15 de abril, día en el que se conmemora su natalicio, recordamos la vida de una fructífera artista que utilizó la gráfica para hacer activismo social, amplificar la imagen de las mujeres, y sacudir la conversación pública tanto en Estados Unidos, su país de origen, como en México.
¿Quién es Elizabeth Catlett?
Nacida en la capital estadounidense, Washington D.C, Elizabeth Catlett fue una destacada escultora, grabadora, feminista y activista social, considerada una de las artistas afroamericanas más importantes del siglo XX.
Fue la primera mujer negra en obtener una Maestría en Bellas Artes en la Universidad de Iowa en 1940. Durante su tiempo como estudiante, comenzó a hacer arte de lo cotidiano: lo que conocía, lo que miraba, lo que le atravesaba. De ahí que comenzara a retratar la cultura afroamericana desde una mirada más íntima, crítica y política.

Su objetivo principal era crear un arte para la liberación y para la vida, pues su convicción era clara: el arte debía estar al servicio de la gente. En su vasta obra, Elizabeth Catlett dibujó la realidad de la vida de las mujeres negras (y, eventualmente, mexicanas), la maternidad y la clase trabajadora.
De ahí que el estilo de Catlett estuviera influenciado por la escultura africana, el modernismo y el arte gráfico mexicano, lo que la llevó a ser conocida como una “artista revolucionaria negra”.
Su llegada y relación con México
La vida de Elizabeth Catlett, así como la esencia y sustancia de su obra, se vio enriquecida en 1946, cuando se trasladó a México gracias a una beca para trabajar en el Taller de Gráfica Popular (TGP), un legendario espacio fundado en 1937 por el célebre colectivo de artistas gráficos liderado por Leopoldo Méndez, Pablo O'Higgins y Luis Arenal, en donde el arte también podía servir a la protesta mediante la producción de carteles, volantes y grabados que apoyaban las causas de la lucha trabajadora, de la lucha campesina y del antifascismo.
En el TGP, Catlett se unió a mujeres artistas como Mariana Yampolsky, Celia Calderón y Fanny Rabel.
Se estableció en México de forma permanente en 1947 y, más tarde, se casó con el artista mexicano Francisco Mora. La presencia de México en su arte estaría tan marcada en la vida de la artista, que eventualmente se naturalizó como ciudadana mexicana en 1962.
A pesar de contribuir enormemente la historia del arte estadounidense, Estados Unidos la declaró “extranjera indeseable”, prohibiéndole la entrada al país, y es que durante su vida en México, Catlett afianzó y confirmó su voz política y su activismo; su gráfica (generalmente realizada en tablas de linóleo) era más que técnica y destreza, era la revolución femenina en tinta y papel.
Su ciudadanía estadounidense no fue restituida hasta el año 2002.
La representación de la mujer en la obra de Catlett
La manera en que Elizabeth Catlett retrató a las mujeres fue uno de los pilares más significativos de su obra. A lo largo de su carrera como artista y activista, se dedicó a amplificar las vivencias de las mujeres afroamericanas y mexicanas, especialmente de quienes resistían desde el campo y las periferias.
En piezas como Woman In a Yellow Hat (1942); Negro Woman (1945); Sharecropper (1952) y Harlem Woman (1992), se observan los retratos de mujeres afroamericanas, erguidas y dignas. En esculturas como Mother and Child de 1993 y en el grabado Torture of Mothers de 1970 reluce un tema recurrente en la obra de Catlett: la maternidad afroamericana. Siendo una de las primeras mujeres en retratar esa experiencia.

Para Catlett, retratar a las mujeres era un acto de activismo destinado a estimular el potencial de su pueblo y hacerlo consciente de su propia fuerza. Su legado es más que estética; se materializa en la representación poderosa, en la voz política y en la visibilidad de las mujeres que el arte moderno solía ignorar.
¿Ya conocías la obra de Elizabeth Catlett? Te leemos.

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