La pornografía juega un papel importante en la socialización de los hombres jóvenes. Su consumo, especialmente en la adolescencia temprana, influye en la forma en que se construye la sexualidad masculina, afectando tanto las masculinidades como las relaciones personales.

De acuerdo con la investigación No por ser hombre: Masculinidades, pornografía y relaciones afectivo-eróticas de la organización Gendes, especializada en promover relaciones igualitarias entre mujeres y hombres, alrededor del 10% de los hombres consume pornografía desde los 10 años.

El acceso a la pornografía se ha vuelto cada vez más temprano debido a la llegada de la llamada "nueva pornografía", que describe el cambio en la forma de acceder a estos contenidos. En el pasado, se consumía a través de revistas, videos, cassettes y DVDs, pero en los últimos 20 años, internet ha facilitado un acceso mucho más rápido y amplio, lo que permite que los jóvenes hombres empiecen a consumir este contenido desde edades más tempranas, explica Ismael Ocampo, investigador de Gendes y especialista en temas de género, en entrevista con La Cadera de Eva.

“La pornografía funciona como un espacio en el cual los jóvenes hombres, los adolescentes, encuentran ese acercarse a determinado conocimiento sobre sexualidad, a determinadas formas de relación entre varones a partir de los productos pornográficos y acceden a un aprendizaje de la masculinidad y la sexualidad masculina”, de acuerdo con el experto.

Consecuencias del consumo de pornografía 

La investigación de Gendes reveló que muchos hombres de entre 15 a 29 años de edad, recurren al consumo de pornografía y a la masturbación para aliviar estado de estrés y ansiedad. El especialista explica que este proceso suele ser corto y acelerado para generar alivio corporal y mental, sin embargo, después del alivio, los hombres jovénes suelen experimentar un sentimiento de culpavergüenza agravado por el desconocimiento y  la culpa del consumo de pornografía.

Tanto los discursos conservadores que satanizan la sexualidad, como las ideas de la masculinidad tóxica de grupos de hombres radicalizados en internet como los incels o los hombres de la manosfera, provocan que los jóvenes consuman pornografía desde un estado vergüenza y culpa, ya que en estos espacios muchas veces los hombres se prohíben explorar su sexualidad como muestra de control de la masculinidad. “Es una sensación muy ambivalente la que viven muchos jóvenes y que están atravesados por un contexto de mucha desorientación, malestar masculino y de estados de estrés, ansiedad, depresión”, explica el especialista.

Esto se ve reflejado al momento de entablar relaciones con otras personas, especialmente en el ámbito afectivo y sexual. Además, los hombres suelen experimentar menos confianza en su propia sexualidad.

Ismael Ocampo explica que jóvenes que habían pasado por procesos críticos hacia hacia la pornografía y la masculinidad, y que después se vincularon con espacios y mujeres feministas pudieron identificar la pronografía les habíaa encaminado a determinadas prácticas o deseos de sexualidad heterosexual que promovía la violencia y una sexualidad autocentrada, es decir, que sólo se enfoca en el deseo de los hombres.

“Nosotros pudimos identificar que (la pornografía) genera determinados impactos en la forma en la cual pues los jóvenes, los hombres nos vamos relacionando con nuestra propia sexualidad, con el placer, con cómo entendemos, en este caso, las relaciones heterosexuales, a las mujeres y a la sexualidad de las mujeres".

Algunas consecuencias por el consumo de pornografía en los hombres son:

  • Problemas de  erección y bajo desempeño sexual.

  • Problemas para conectar con el propio placer y deseo.

  • No entender el deseo de las mujeres y construir referentes poco realistas de la feminidad.

  • Tendencia a reproducir creencias androcéntricas, machistas, misóginas, homofóbicas y racistas.

A pesar de que no se han encontrado relaciones directas entre el consumo de pornografía y la realización determinadas prácticas sociales, este tipo de contenido tiene un rol de orientación del deseo masculino que se ve acompañado por otros factores como el contexto social que vive cada personas, explica Ocampo.

¿Qué hacer para hablar de sexualidad integral con las infancias y adolescencias?

El retroceso en la educación sexual, impulsado por el auge de las políticas de derecha en países como Argentina y Estados Unidos, especialmente tras la llegada de Javier Milei y Donald Trump a la presidencia, ha provocado importantes retrocesos en la conversación sobre el tema, explica el especialista.

La educación e información sobre sexualidad continúa siendo pobre y limitada, y además es difícil de abordar en espacios e instituciones como la familia y las escuelas, que los socializan a través de tabúes, miedos y dificultades sobre el tema, especialmente por parte de madres y padres.

“Nosotros identificamos a lo largo de las investigaciones que en México sigue habiendo muchos tabúes en cuanto al tema de la educación sexual integral y sigue habiendo muchos miedos. En México sigue habiendo una importante carencia a nivel social, miedo y resistencia y a nivel internacional sigue siendo difícil, donde ha habido avances en ello, ahora estamos viendo retrocesos”.

Es por ello que Ismael Ocampo recomienda lo siguiente: 

  • Descentralizar la conversación y la mirada adultocéntrica sobre sexualidad integral e incluir a las infancias y adolescencias.

  • Respetar su derecho a la información, al conocimiento y a la sexualidad.

  • Entender el contexto que habitan los jóvenes  y las necesidades que tienen para poder abordar el tema de la sexualidad desde ese lugar no androcéntrico 

  • No crear miedo alrededor del tema de la sexualidad