"¿Realmente tiene sentido aprender náhuatl? ¿Por qué no optar por idiomas como el inglés, el francés o el alemán?" Estas preguntas, entre otras, han surgido en torno a la iniciativa de enseñar náhuatl en algunas escuelas de la Ciudad de México, a pesar de ser una de las lenguas más habladas del país, junto con el maya.

Según datos de 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el náhuatl es la lengua originaria con más hablantes en el territorio mexicano, con aproximadamente 1.6 millones de personas. En el país viven alrededor de 7.4 millones de hablantes de las 68  lenguas indígenas y 354 variantes lingüísticas, y dentro de ese número tan sólo el 15.1% tiene 15 años o menos de edad. 

Con el objetivo de incentivar, promover y preservar la segunda lengua más hablada en México, las y los adolescentes ahora podrán acceder a clases de náhuatl dentro del sistema de educación pública en la capital del país. Así lo dio a conocer Clara Brugada, jefa de Gobierno de la CDMX, el pasado 21 de febrero.

El plan del gobierno capitalino contempla la integración de esta materia optativa en 78 planteles de las alcaldías Milpa Alta y Xochimilco para rescatar la historia de pueblos originarios. Sin embargo, ante la noticia, usuarios en redes sociales criticaron la enseñanza de la lengua y argumentaron que dicho ejercicio no tendría valor curricular dentro del mercado laboral.

“Si una lengua desaparece, desaparece parte del conocimiento universal. (...) Queremos que las familias se sientan orgullosas de su lengua. Lo que queremos es que se siga transmitiendo la lengua, y para que siga transmitiendo tiene que haber orgullo e identidad y nos corresponde como Gobierno reconocer esa identidad y valorarla”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum, en una conferencia mañanera en respuesta a la controversia. 

¿Por qué existe rechazo al náhuatl?

En México persiste la idea de que las lenguas indígenas tienen un estatus menor que las lenguas europeas. Se cree que las lenguas indígenas son insuficientes para la expresión o que no están completamente desarrolladas, en comparación con lenguas como el francés, el inglés, el alemán, y el propio español.

En entrevista con La Cadera de Eva, el lingüista e investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, Renato García, explica que la importancia de estudiar, reconocer, documentar, conservar y difundir las lenguas indígenas influye en el bienestar cultural del país pero también permite ampliar el espectro de lo que conocemos acerca de nosotros como miembros de la especie humana. 

Sin embargo, la creencia de que las lenguas indígenas son lenguas inferiores o incompletas  las desestima de su complejidad lingüística y las reduce a ser denominadas como dialectos. Pero ¿de dónde surge el desprecio hacia las lenguas indígenas? 

En México, el desplazamiento lingüístico y el proceso de pérdida sistemática de lenguas y culturas ocurrió cuando se fundó la Secretaría de Educación Pública (SEP) y con la intervención de José Vasconcelos en los primeros programas educativos del país, relata Renato García. 

Después de la Revolución Mexicana y tras la fundación de las SEP, se iniciaron esfuerzos de homogeneización, hispanización y castellanización en favor de la unificación y constitución de una identidad nacional mestiza a la que Vasconcelos llamó “raza cósmica”. 

“Esos esfuerzos son bastante recientes en términos temporales. Si todos somos mestizos te evitas problemas. Esa forma de pensar fue lo que permeó el sistema educativo y los esfuerzos de salir a las comunidades con proyectos de alfabetización y castellanizar en español en detrimento de la diversidad lingüística y cultural”, de acuerdo con el lingüista.

El derecho a hablar, escuchar y ser escuchado

“¿Para quiénes y para qué es útil hablar náhuatl?”, es la pregunta general de quienes cuestionan el acceso al aprendizaje a través de la educación pública, y quienes ven a las lenguas indígenas con desdén y superioridad. 

 “Estas son perspectivas folclorizantes de las lenguas y culturas, que son contrastadas con la supuesta alta cultura que tienen principalmente países europeos”, cuenta Renato García, quien explica que dentro de encuentros con hablantes, investigadores y distintos colectivos de lenguas indígenas se ha planteado revertir el sentido en el que están dirigidas las políticas para promover el uso de las lenguas indígenas.

“En lugar de solo dirigirlas hacia las comunidades y a los pueblos de hablantes de lenguas indígenas, hay que dirigirlas a la sociedad general, a la sociedad “mestiza” hispanohablante. Hay que exponerlos a las lenguas, normalizar el uso de las lenguas, normalizar que se escuchen las lenguas, que se utilicen en los espacios públicos, en las oficinas públicas, en las escuelas, en distintos lugares”.

“La población general tiene el derecho de saber que existen otras lenguas y culturas, y también tiene el derecho de aprender a valorarlas, ese ha sido un derecho que se le ha negado a esta porción de la población”.

Para el especialista, la iniciativa del gobierno de la CDMX es un paso hacia la reparación y deuda que se tiene con las comunidades indígenas, por lo que debe ser refinada y se debe debe pensar en cuestiones pedagógicas y en derechos para las maestras y los maestros que permitan eventualmente expandir el programa a otras lenguas, ya que en la ciudad existen representantes hablantes de casi todas las 68 familias de lenguas indígenas.

Desobedecer al capital para no caer en la pregunta de por qué aprender náhuatl

¿Acaso todo lo que hacemos debe ser dirigido y fundamentado bajo una lógica de producción y consumo patriarcal? En México se ha impuesto  la idea de que lo extranjero es superior. Se piensa  que para ascender en la escala social y económica, las lenguas que realmente tienen valor son aquellas que se utilizan dentro del sistema económico occidental,  como el inglés, el coreano y el mandarín.  

“El capital y el sistema patriarcal buscan negar la diversidad y promover una falsa idea de homogeneidad forzada, eso se puede ver tanto en la diversidad sexogenérica como en la diversidad lingüística, incluso en la diversidad en la biodiversidad”, reflexiona Renato García.

La relación entre el sistema capitalista y patriarcal, y el desvanecimiento de las lenguas indígenas está completamente entrelazada con el adoctrinamiento y rechazo a la diversidad lingüística.

“Se busca que solo haya polos de difusión que tengan este prestigio, porque finalmente es una cuestión de prestigio, que estén orientados hacia el occidente y se niega todo lo demás, todo lo que está en medio. Es una dinámica del capital, el sistema teocrático, que no solo afecta a las lenguas, sino que es transversal a un montón de formas de experimentar lo humano”.

Entre menos razones existan para hablar lenguas indígenas, y domine la discriminación y rechazo, menos se hablarán las lenguas. Ahora la pregunta no proviene de aquellas personas monolingües e hispanohablantes que critican la enseñanza de las lenguas, sino que surge de las mismas personas hablantes: ¿para qué enseñar mi lengua, si trae consigo desventajas?

El especialista señala que el Estado debe garantizar los derechos que ya existen en la Constitución mexicana para promover y propiciar el uso y desarrollo de las lenguas indígenas a través de la educación y enseñanza en las escuelas y la normalización de las reglas de escritura de las lenguas, ya que muchas de ellas no cuentan con un sistema de escritura normalizado, lo que impide que haya libros, difusión del conocimiento, leyes redactadas en estas lenguas, acceso a la salud y educación, y justicia.

“Todo este esfuerzo que le corresponde al Estado, que también está acompañado por la investigación, por los grupos de personas que buscan la promoción. El esfuerzo es conjunto, pero la idea es precisamente propiciar los espacios para que cuando surja  la pregunta, “¿para qué voy a enseñarle a mi hijo chichimeco?”,  haya menos razones para no enseñarlas que para sí enseñarlas”.