¿Cuándo fue la última vez que un abrazo te hizo sentir que todo estaría bien? De esos que no piden explicación, que llegan justo cuando el cuerpo ya no puede más. No es solo una sensación bonita: es una forma de cuidado que nos recuerda que no estamos solas.
Y sí, te hablamos de esto hoy porque es 21 de enero, el Día del Abrazo. Una fecha que nació en Estados Unidos para promover el contacto afectivo —siempre consensuado— entre personas cercanas, pero que también nos invita a preguntarnos algo más profundo: ¿qué pasa cuando el abrazo se convierte en red, en refugio y en estrategia de supervivencia?
La ciencia y los organismos internacionales coinciden en algo: los abrazos son tan necesarios para la salud como una buena alimentación o el ejercicio. En un mundo que insiste en el aislamiento y la autosuficiencia, reivindicar el abrazo y las redes de amistad entre mujeres no es solo cariño: es resistencia política y cuidado colectivo.
Un salvavidas desde el primer aliento
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que el contacto físico puede salvar vidas. En sus directrices de 2022, estableció que para bebés prematuros o con bajo peso, el contacto piel con piel —conocido como método madre canguro— debe comenzar inmediatamente después del parto.
Karen Edmond, responsable médica de la salud neonatal en la OMS, ha señalado que este primer abrazo es “absolutamente crítico” para mejorar las posibilidades de supervivencia y reducir infecciones. Si el abrazo sostiene la vida desde el nacimiento, también puede sostenerla en nuestra cotidianidad.
La Escuela de Medicina de Harvard explica que los abrazos elevan los niveles de oxitocina, hormona asociada al bienestar emocional, y ayudan a disminuir el estrés y la ansiedad. Especialistas de la UNAM, como Alicia Castillo Martínez, añaden que el contacto interpersonal reduce el cortisol, protege las neuronas y fomenta la neurogénesis.
La conclusión es clara: necesitamos entre cuatro y ocho abrazos al día para mantener un equilibrio emocional, y hasta doce para un desarrollo óptimo del bienestar. El cuerpo también necesita cuidado y contacto.
Amistades que sostienen la vida
Más allá de la biología, el abrazo entre mujeres tiene una dimensión política.
Como señalan Erika Romo y Paula Maulén en el espacio Miércoles para la Igualdad de la UNAM, cuidar nuestras amistades es una forma de rebelarnos ante el patriarcado, que nos quiere aisladas, agotadas o compitiendo entre nosotras.
Cuando decimos que las amigas salvan vidas, no hablamos en metáfora. Son ellas quienes monitorean nuestros trayectos, acompañan crisis de ansiedad o se convierten en red de seguridad en contextos de riesgo.
Apostar por redes afectivas diversas —y no concentrar todo el cuidado en una sola relación— permite construir un soporte más sólido.
El abrazo como herencia feminista
El abrazo feminista es también memoria. Es un gesto de sororidad que nos vuelve invencibles al canalizar la energía colectiva. No es casual que en marchas como la del 8 de marzo, después de que una mujer comparte su testimonio de violencia y el coro de “no estás sola” resuena con fuerza, llegue casi siempre el abrazo que sostiene.
Recordar los abrazos de nuestras abuelas y madres tambien es honrar una genealogía de cuidado mutuo y resistencia cotidiana: una historia de cuerpos que se han acompañado incluso cuando todo alrededor intentaba separarlos.
Cómo fortalecer tu red de abrazos
- Riega tus amistades: las relaciones necesitan tiempo, escucha y presencia constante.
- Busca el contacto seguro: para que un abrazo cuide, debe ser siempre consensuado.
- No sueltes tu salvavidas: incluso en pareja, no abandones tus redes de apoyo.
Hoy, en el Día del Abrazo, la invitación es clara: abraza a esa amiga que siempre está. Porque cuando las mujeres decidimos sostenernos unas a otras, el patriarcado empieza a resquebrajarse.

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