Amix, ¿regresaste al trabajo después de fin de año y no puedes evitar sentirte agotada, cansada y con un torbellino de angustia por las responsabilidades laborales a las que te debes enfrentar nuevamente?
De una vez te digo que no estás sola, muchas lo estamos sintiendo y esos Tik Toks “divertidos” que viste sobre el agotamiento al inicio del año y de regreso a la rutina sí nos están revelando algo importante: estamos cansadas después de las labores de cuidados familiares, el descansito virtual y la probadita de la vida sin presión laboral.
El mandato social de ser productiva de inmediato en enero, cumplir con nuestra metas, hacer ejercicio durante las mañanas, comer sano, no caer en viejos hábitos y aparte trabajar, ignora la fatiga acumulada tras las festividades.
Pero, ¿qué está pasando realmente? ¿Estamos convirtiendo el cansancio en una forma de culpa individual en lugar de un fallo sistémico? Para conocerlo platicamos con Marilú Rasso Ibarra, nuestra psicóloga feminista de confianza y Directora Ejecutiva de Espacio Mujeres para una Vida Digna Libre de Violencia para desmenuzar este fenómeno aparentemente inofensivo.
El agotamiento de enero, las marcas de diciembre
Ya sé, todas queremos alcanzar nuevas metas, tener nuevas experiencias y abrazar suavecito a la vida pero parece que en enero se condiciona la rapidez y efectividad de dichas metas, y es que enero no suele ser un mes de renovación real, sino más bien el punto crítico donde se manifiesta un agotamiento acumulado tras un diciembre que funciona como un maratón de trabajo invisible y organización, explica Marilú Ibarra en entrevista.
¿Y de dónde surge este agobio? Pues sí, nace en la combinación de factores estructurales, económicos y sociales que impactan de manera desproporcionada a las mujeres y personas cuidadoras.
El fin de año lejos de ser un descanso, implica una carga masiva de tareas como compras, cuidados de menores y adultos mayores, visitas y cierres administrativos. Muchas personas, especialmente las mujeres en México, quienes realizan alrededor del 66.8% del trabajo de cuidados no remunerado, de acuerdo con información del Inegi, llegan a enero sin haber tenido una recuperación real y a eso se le suma el mito de la renovación anual. Un ritual que, conforme el paso de los meses, casi siempre se vuelve inalcanzable.

Marilú Ibarra señala que al iniciar el año, se produce un cruce entre la carga mental, el trabajo de cuidados y un regreso abrupto a la productividad laboral. Esto se agrava con las bandejas de correo saturadas y proyectos que inician de inmediato sin reconocer los ritmos humanos que se entrelazan con la violencia simbólica y los mandatos patriarcales de perfección femenina, pues durante este mes existe una fuerte presión social por ser una nueva persona.
“El discurso de empezar con todo, cambiar de actitud o si quieres puedes, se presenta como un motivador, pero muchas veces es una forma de violencia simbólica, un mensaje que niega el cansancio real y responsabiliza a cada persona, en especial a las mujeres, de no estar a la altura del ideal productivo. Cuando un cuerpo está agotado, la mente se satura, pero el entorno insiste en que la única respuesta correcta es rendir más, sonreír, ponerse nuevas metas y se instala la idea de que si estás cansada es porque te organizas mal”
El burnout de la chamba y el post-holiday blues
Cuando el aguinaldo y la quincena se despiden, llega el recordatorio que nos exige regresar al trabajo. En el mejor de los casos, la transición es afable con nuestras rutinas, pero en el común, se regresa a un estado de agotamiento mental con la sola idea de resolver los pendientes de la temporada laboral.
El agotamiento del trabajo, especialmente al inicio del año, no es un simple problema de estrés individual, sino una consecuencia estructural de un sistema que explota el tiempo y la energía, tratando estos recursos como si fueran infinitos, explica Marilú Ibarra. El agotamiento laboral se intensifica porque el trabajo no termina con el fin de año, sino que se comprime. Las personas llegan a diciembre con metas acumuladas y entregas pendientes, para luego enfrentarse en enero a la expectativa de arrancar con “toda la fuerza” desde el primer día.
¿Estos días has sentido cansancio, estrés o falta de motivación en el trabajo? Esto tiene un nombre, y se le conoce como post-holiday blues, es decir, la melancolía postvacacional que ocurre cuando las fechas de celebración de fin de año terminan y se regresar a la vida cotidiana se vuelve abrumador. Este es un estado emocional temporal en donde las personas pueden experimentar tristeza, fatiga, inquietud o falta de motivación, ansiedad, irritabilidad, insomnio y dificultad para concentrarse, especialmente en entornos que no reconocen los ritmos humanos ni la carga extra que supusieron las festividades, explica la especialista.
Para muchas mujeres, el regreso al ámbito laboral en enero no es un inicio, sino un cambio de escenario de la casa a la oficina. En efecto, las mujeres nunca dejamos de trabajar durante las fiestas debido a las tareas de cuidado no remuneradas.
Toda esta suma de factores genera el desarrollo del famoso burnout se manifiesta a través de la mente nublada, dolores musculares, irritabilidad o una sensación de ir en “automático” o como un “zombie”, aunque muchas veces estos signos suelen minimizarse.
“Las mujeres reportan más estrés y más síntomas de burnout que los hombres. 61% de las mujeres contra 52% de hombres en un estudio global de estrés laboral. Sin embargo, estos síntomas siguen siendo leídos muchas veces como debilidad individual y no como un problema estructural. Por eso no hay que desvincularlo, no sucede en el aire”.
La violencia simbólica y estética que marcan el inicio de año
Así es amix, en enero, la violencia simbólica y estética está al tope: entre dietas y rutinas estrictas y restrictivas, el sistema nos hace reproducir lo que la autora argentina feminista, Lala Pasquinelli, llama como “la carga mental de la belleza”, que abarca tanto el tiempo que nos roba el mandato potencial de la belleza como nuestra toma de decisiones y prioridades alrededor de nuestras metas.
Estos ideales de belleza y salud, como reinventar la vida, bajar de peso o “comer saludable”, funcionan como una forma de violencia simbólica sobre los cuerpos agotados. El entorno exige que, a pesar del cansancio, las mujeres deben rendir, sonreír y cumplir con nuevas metas estéticas y de actitud.
Bájale al maratón y súbele al ritmo lento
Y, ¿qué puedo hacer para combatir esta forma del patriarcado? Marilú Rasso propone transitar este período mediante estrategias colectivas y redes de apoyo que prioricen el bienestar sobre la autoexigencia. Debemos desmitificar el agotamiento como un fracaso personal, y comenzar a señalar como una consecuencia directa de un sistema estructural que explota el tiempo de las mujeres. No es normal pensar en enero, en el trabajo y en las metas por cumplir y ya sentirnos agotadas.
No basta con que “meditemos”, debemos construir metas realistas en los equipos de trabajo y una redistribución justa de los cuidados en el hogar. Para ello, Marilú Ibarra nos deja las siguientes recomendaciones. ¡Mucho ojo!
Bajar la vara de la autoexigencia: no intentar resolver todo a la vez. Se recomienda elegir solo una o dos prioridades reales para las primeras semanas.
Regreso gradual: planear un retorno al trabajo que deje márgenes de tiempo para respirar y ponerse al día, evitando llenar la agenda de inmediato.
Nombrar el cansancio: decir abiertamente “estoy agotada” en lugar de disfrazarlo de “pereza” o “falta de disciplina”.
Cuestionar los propósitos de año nuevo: rechazar el mandato de que en enero hay que reinventar la vida, bajar de peso y ser productiva simultáneamente. Es válido preguntarse: “¿Qué es lo mínimo indispensable que necesito para estar un poco mejor?”. No tenemos que resolver nuestras vida en enero.
Pequeños pactos de autocuidado: buscar espacios de descanso sin culpa, dormir más cuando sea posible, comer con calma al menos una vez al día y tener momentos sin pantallas.
¿Cómo te has sentido después del descansito de fin de año? Te leemos.

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