Mientras el año comienza para muchos con ajustes temporales, para las mexicanas jefas de hogar enero representa una prueba de resistencia: salarios más bajos, precios al alza y la responsabilidad de garantizar comida en la mesa aun cuando los recursos no alcanzan. La llamada “cuesta de enero” no impacta de la misma manera a todos los hogares, y en México tiene un rostro mayoritariamente femenino.

De acuerdo con el reporte “Cuesta, y cuesta más, a las mujeres”, presentado por la organización Ola Violeta AC, los hogares en situación de pobreza con jefatura femenina registran niveles de inseguridad alimentaria significativamente más altos que aquellos encabezados por hombres.

En estos hogares, la inseguridad alimentaria moderada alcanza el 18.4% y la severa el 14.2%, cifras que superan en 1.9 y 2.8 puntos porcentuales, respectivamente, a las de los hogares con jefatura masculina, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).

El inicio de año y la desigualdad que no se ve

La doctora María Elena Esparza Guevara, fundadora de Ola Violeta, señala que la aparente neutralidad de la cuesta de enero se rompe cuando se analiza desde una perspectiva de género. Para muchas mujeres, el arranque del año implica absorber presiones financieras acumuladas —reinscripciones escolares, compra de útiles y uniformes, así como ajustes en el costo de la renta— que se suman a una carga de cuidados históricamente desigual.

El informe advierte que las mujeres llegan a este periodo con menos margen económico. Datos del INEGI correspondientes al tercer trimestre de 2025 muestran que el 47.1% de las mujeres ocupadas percibe hasta un salario mínimo, frente al 34.3% de los hombres en la misma situación. Esta diferencia condiciona la capacidad de enfrentar gastos imprevistos y vuelve más frágil el equilibrio financiero de los hogares encabezados por mujeres.

A esta desventaja se suma la brecha salarial. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reporta que en México la diferencia salarial mensual entre trabajadores de tiempo completo es del 17%, por encima del promedio del organismo, que es del 12%.

Para las jefas de hogar, advierte Esparza Guevara, esta brecha se traduce en más horas de trabajo, mayor desgaste e incertidumbre constante, muchas veces sin acceso a derechos laborales básicos.

Precios que suben, tiempo que no alcanza

El contexto inflacionario intensifica esta presión. En enero de 2025, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una inflación anual de 3.59% en México, superior a la de Estados Unidos (3.0%) y Canadá (1.9%). El aumento impactó productos y servicios esenciales como alimentos preparados, gasolinas, pollo y vivienda, rubros directamente vinculados con la vida cotidiana.

De acuerdo con el reporte, el gasto en comida preparada, por ejemplo, no responde a una elección, sino a una necesidad. Para las mujeres que trabajan y cuidan al mismo tiempo, comprar alimentos listos suele ser la única forma de “resolver el día” cuando el tiempo no alcanza y la carga doméstica no se distribuye.

“Para las mujeres que sostienen sus hogares, el ajuste de inicio de año es más costoso: implica más horas, mayor desgaste e incertidumbre y, muchas veces, menos derechos”, resume la especialista.

Trabajar más para sobrevivir

Ante la insuficiencia de ingresos, muchas mujeres optan por extender sus jornadas laborales, frecuentemente en el sector informal. Al cierre de 2025, la ocupación informal femenina alcanzó los 13.6 millones de personas, lo que representa un incremento de 125 mil respecto al año anterior.

Esta estrategia de supervivencia tiene un costo alto: la ausencia de seguridad social y prestaciones deja a las familias en una situación de vulnerabilidad frente a enfermedades, accidentes o gastos imprevistos.

Aunque esta realidad se repite en otros países, en México se vive con especial intensidad. En Estados Unidos, el Departamento de Agricultura (USDA) reportó una inseguridad alimentaria del 33.1% en hogares encabezados por mujeres sin pareja, mientras que, en Canadá, Statistics Canada registró un 41% en familias de madres solteras, cifra que asciende al 60% entre madres solas indígenas.

El desgaste como normalidad

Más allá de las cifras, la cuesta de enero también deja huellas emocionales. La Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2023 revela que el 45.3% de las mujeres experimenta ansiedad por su situación económica, una carga adicional que se suma al trabajo remunerado y no remunerado.

Ante este escenario, especialistas como Nitzia Vázquez Carrillo, de la Facultad de Economía de la UNAM, recomiendan priorizar gastos indispensables como alimentos y servicios, evitar los llamados “préstamos exprés”, que con frecuencia derivan en fraudes, y detectar pequeñas fugas de dinero, como suscripciones no utilizadas.

Ola Violeta AC concluye que la cuesta de enero no es un episodio aislado ni una mala racha estacional, sino un síntoma de desigualdad estructural. Normalizar el desgaste de las mujeres —su tiempo, su salud y su futuro— implica aceptar que la desigualdad siga siendo la base sobre la que se sostiene la vida cotidiana en México.