En México, por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer percibe en promedio 86 pesos; esto indica la prevalencia de una brecha salarial del 13.8%, de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
A esta brecha se suma una desigualdad histórica para las mujeres: las tareas de cuidados. Y es que las mujeres realizan más del 70% de los trabajos de cuidado y del hogar. Ante este panorama surge la pregunta. ¿Cómo impulsar la autonomía económica de las mujeres para promover una vida digna y justa?
De acuerdo con Calala, Fondo de Mujeres, hablar de autonomía económica para las mujeres implica reconocer que se trata de “la capacidad de generar ingresos propios, acceder y controlar recursos económicos, y tomar decisiones financieras sin depender de terceros” y que esto incluye tener “el acceso a la propiedad, al crédito, a la seguridad social y a condiciones laborales dignas, tanto para mujeres a nivel individual como para las organizaciones y cooperativas que lideran”.
Para conocer más al respecto platicamos con Fátima Masse, economista y cofundadora de Noubi Advisors, una consultora económica y estratégica en la Ciudad de México.
¿Cuál es el panorama actual en México?
El monitor “Mujeres en la Economía”, del IMCO, señala que sólo el 46% de las mujeres de 15 años o más participan en el mercado laboral, frente al 75% de los hombres. Esto deja una brecha de participación de 29 puntos porcentuales, mientras que el 55% de las mujeres ocupadas trabajan en la informalidad.
A pesar de que entre 2005 y 2025 la brecha salarial pasó de 19.8% al 13.8%, el desafío continúa.

“Estas brechas en el mercado laboral, se reflejan en menor acceso y profundidad al sistema financiero. 73% de las mujeres tienen al menos 1 producto financiero, contra 81% de los hombres. Entonces todo esto apunta a que hoy la mayoría de las decisiones financieras las toman los hombres. Esto está cambiando poco a poco, pero aún hay muchas brechas”, señala Masse en entrevista.
¿Qué es la economía financiera?
“Yo definiría la autonomía económica y financiera como la capacidad para generar tus propios recursos y decidir libremente en qué gastarlos”.
Para contextualizarnos, la economista señala que en México la brecha de género en la economía surge de la expectativa social de que las mujeres cuiden, lo que limita el tiempo que tienen disponible para dedicarlo al trabajo remunerado y, por ende, a las decisiones laborales.
“Esto limita los ingresos que pueden generar, lo que pone a las mujeres en una posición vulnerable. Donde no siempre tendrán la libertad económica de hacer lo que ellas quieran”, explica y agrega: “A esto habría que sumarle que los empleos están diseñados para no competir con otras actividades, como si el trabajo fuera lo único y más importante de las vidas de las personas. Sumado a una serie de violencias y sesgos que minimizan el potencial de las mujeres. Todo en su conjunto complica la posibilidad de las mujeres para acceder a la economía remunerada y crecer profesionalmente”.
Masse identifica dos principales desafíos que impiden el desarrollo económico pleno de las mujeres:
Barreras estructurales profundas que inciden directamente en brechas de género de la economía y del sistema financiero.
Desde el sistema financiero, ver a las mujeres como un segmento de mercado que se debe analizar con perspectiva de género. No solo al diseñar productos específicos para mujeres, sino que en el diseño de productos financieros se contemplen las experiencias diferenciadas que viven. Las reglas actuales pueden perpetuar brechas de género, aunque se piense que “son neutras”.

¿Por qué apostar por la autonomía económica de las mujeres?
Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU) apostar por la autonomía y el empoderamiento económico de las mujeres es fundamental erradicar la pobreza y el hambre, impulsar la productividad y el crecimiento económico sostenible, garantizar los derechos de las mujeres y para para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030.
“Las desigualdades de género siguen obstaculizando el desarrollo económico y la prosperidad compartida”, señalan en su sitio web.
Esto nos dice que tener ingresos y recursos propios va más allá del bienestar material: cuando las mujeres logran autonomía, invierten en sus comunidades e impulsan la economía e incrementan la productividad.
De ahí la necesidad de generar espacios que promuevan la participación y autonomía económica de las mujeres desde una mirada feminista e interseccional y que tenga presente la dimensión de los cuidados.
Como señala Fátima Masse, espacios como el foro “La autonomía financiera también se construye en conversación “, organizado por la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) junto a La Cadera de Eva y en el que participará como ponente, recuerdan lo complejo que es cerrar brechas entrelazadas, permiten cuestionar normas machistas y ayudan a difundir prácticas replicables para tomar decisiones públicas y financieras realistas. “La libertad implica autonomía económica. Estos espacios son clave, porque nos recuerdan lo complejo que es cerrar brechas de género que se van anidando y van complicando el panorama de muchas mujeres”.
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