El pasado 3 de enero de 2026, Venezuela experimentó un evento histórico cuando fuerzas especiales del ejército de los Estados Unidos secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en una operación militar realizada en Caracas. 

Maduro fue trasladado a un buque de la Marina y posteriormente a Nueva York para enfrentar un proceso judicial en la Corte del Distrito Sur. Originalmente, se le acusó de dirigir el llamado “Cártel de los Soles”, término que Donald Trump utilizó para sentar las bases de los hechos, aunque posteriormente el Departamento de Justicia corrigió la acusación para describir esto no como una organización formal, sino como un sistema clientelar influenciado por la cultura de la droga.  

Este suceso, ordenado por el presidente estadounidense Donald Trump, ha generado un intenso debate internacional sobre la soberanía, la legalidad de las intervenciones, el futuro político del país caribeño, y lo que significa para la región 

Para conocer más sobre estos términos, en este Glosario Feminista platicamos con Arlene Ramírez Uresti, Doctora en Relaciones Internacionales y académica de la Universidad Iberoamericana.

¿Intervención, invasión o extracción?

Arlene Ramírez Uresti explica que intervencionismo se refiere al involucramiento de actores extranjeros en asuntos de interés o seguridad nacional de un Estado, particularmente cuando se afectan intereses de seguridad nacional o se vulnera el principio de soberanía. Generalmente estas acciones suelen ser unilaterales y  ocurren en contextos de relaciones de poder desiguales.

De acuerdo con la internacionalista, el propósito de este tipo de acciones es instaurar un mecanismo de control para que una potencia resguarde su esfera de influencia o dominio. No siempre es militar; puede incluir sanciones económicas, bloqueos, presión diplomática o el respaldo a ciertos actores políticos para influir en procesos internos.

¿Es posible intervenir sin invadir?

La experta puntualiza que este fenómeno es distinto de la cooperación internacional, la cual se articula a través de tratados, acuerdos multilaterales y marcos jurídicos compartidos, orientados a la estabilidad y a la preservación del Estado de derecho.

Por su parte, explica que una  invasión se configura  cuando fuerzas armadas de un Estado son desplegadas en el territorio de otro de manera permanente. En este escenario, la soberanía de un país se ve afectada, ya que pierde total o parcialmente su capacidad de autodeterminación y autonomía gubernamental.

Una invasión suele perseguir objetivos políticos de largo alcance, como el control de procesos electorales, la reconfiguración del orden institucional o la imposición de liderazgos afines a la potencia invasora.

Arlene Ramírez Uresti subraya que lo ocurrido en Venezuela no constituye, en términos estrictos, una invasión, ya que las fuerzas estadounidenses no permanecieron en el territorio y el país mantiene un gobierno en funciones, actualmente encabezado por Delcy Rodríguez, quien fuera ministra de Hugo Chávez y vicepresidenta de Maduro. Sin embargo, advierte que el alcance real de esta acción deberá evaluarse con el paso del tiempo, particularmente a partir de la postura y las estrategias de control que podría desplegar el gobierno de Estados Unidos, especialmente tras las declaraciones del presidente Donald Trump, quien afirmó que “Estados Unidos administra temporalmente” al país latinoamericano.

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Lo que sí se podría afirmar, explica la internacionalista, es que ocurrió una estrategia de extracción, es decir, una operación militar momentánea y estratégica para cumplimentar una orden judicial fuera del marco internacional convencional. 

Así, al no realizarse mediante un tratado de extradición, la acción se considera una intervención unilateral que violenta el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas de 1945, establece los propósitos, principios, derechos y obligaciones de los Estados Miembros, así como la estructura de la organización para mantener la paz y seguridad internacionales.

Intervenciones de Estados Unidos en Latinoamérica 

El evento ha provocado una fractura en la comunidad internacional, y es que las intervenciones de Estados Unidos en Latinoamérica se han manifestado a lo largo de la historia bajo distintos marcos políticos y operativos, pues desde México hasta Chile, Estados Unidos ha ejercido su influencia a través de su política exterior en el sur del continente. 

El intervencionismo estadounidense se estableció durante la primera mitad del siglo XIX, cuando se estableció la Doctrina Monroe el 2 de diciembre de 1823. Esta política prohibía la colonización europea en Estados Unidos, pero se convirtió en la justificación para el intervencionismo estadounidense en Latinoamérica.  

Ejemplos de la intervención estadounidense en la región van desde 1954, cuando bajo el mandato del presidente Dwight D. Eisenhower, Estados Unidos intervino en Guatemala a través de una operación encubierta de la CIA, llamada Operación PBSUCCESS, que derrocó al presidente electo Jacobo Árbenz, instalando una dictadura militar con Carlos Castillo Armas. 

En 1989, Panamá fue objetivo del intervencionismo estadounidense, cuando el presidente George H. W Brush Estados Unidos invadió Panamá con el objetivo de derrocar al gobierno encabezado por Manuel Antonio Noriega, a quien acusaba de narcotráfico. Durante la “Operación Causa Justa”, se desplegaron más de 20 mil soldados en el territorio caribeño que dejaron al menos 3 mil víctimas. 

Otros son los casos de El Salvador, que en 1980, durante la Guerra Civil Salvadoreña, el presidente Ronald Reagan apoyó al gobierno militar contra la guerrilla de izquierda del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), y de Nicaragua, que durante la década de 1980 también se ocupó de socavar al gobierno sandinista de izquierda. 

Impacto humanitario y perspectiva de género

Las intervenciones tienen efectos profundos que, de acuerdo con Ramírez Uresti, a menudo se ignoran en el análisis geopolítico, y es que las acciones de intervención pueden agravar crisis sociales preexistentes, como la que vive Venezuela, considerada una de las más graves a nivel mundial. 

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Tras la captura de Maduro, la vicepresidenta, Delcy Rodríguez,  asumió el cargo máximo  en el país. “Una intervención olvida que las más vulnerables son las niñas y las mujeres en situaciones de vulnerabilidad, no solamente por las condiciones desiguales que vienen tristemente de forma natural por la condición de género, sino porque muchas veces los regímenes tanto autoritarios como los que llegan a, entre comillas, resolver esa situación, se olvidan de los grupos vulnerables, se olvidan de las infancias, se olvidan de las juventudes, se olvidan de las personas de la tercera edad. Y eso tendría que ser prioritario”, explica la especialista.  Para la especialista, las siguientes son algunas de las consecuencias invisibles son las siguiente: 

  • Invisibilización de las personas  más vulnerables: en los conflictos, los regímenes involucrados (tanto el que interviene como el que es intervenido) tienden a olvidar las necesidades de las infancias, las juventudes y las personas de la tercera edad.

  • Exclusión de la sociedad civil: estas acciones impiden que la población participe en la definición de su propio destino, lo cual es fundamental para una verdadera democracia.

  • Silenciamiento de periodistas: en marcos de intervención y autoritarismo, periodistas y medios suelen ser sometidas al silencio o violentadas por el Estado, afectando de forma diferenciada a reporteras y comunicadoras.

  • Vulnerabilidad de la diversidad sexual: las personas de la diversidad sexual también se convierten en víctimas recurrentes de crímenes cometidos por grupos delictivos en contextos de desestabilización política.

  • Descuido de la agenda de género en la transición: en el caso particular de Venezuela, desde la perspectiva de la especialista, existe la preocupación de que, en los procesos de sucesión o transición, se prioricen los intereses políticos sobre la creación de políticas públicas para proteger a las mujeres en situaciones de postconflicto.