¡Amix, manden ayuda! Es 2026 y seguimos hablando del Victoria's Secret Fashion Show.
Cada año ocurre lo mismo y regresan conversaciones urgentes a la discusión pública —a excepción de esos seis años en los que la pasarela estuvo en pausa debido a pérdidas económicas y críticas por falta de diversidad corporal—: el “regreso” de la delgadez extrema en la era del ozempic, la falta de diversidad e inclusión y la reproducción de estereotipos de género y feminidad inalcanzables.
Y cada año terminamos sospechando lo mismo: ¿será que detrás de la lencería hay propaganda conservadora? Spoiler: ¡sí! Pero antes…
El chismecito de este año
Este 2026, las miradas también giraron en torno a dos eventos: la presencia de la modelo Barabara Palvin durante la pasarela. Palvin lució un set de lencería en un cuerpo esbelto y delgado a poco más de seis semanas de tener a su primer bebé.
En redes sociales, usuarias y usuarios aplaudieron su apariencia física como si se tratase de un logro, uno que, bajo el lente patriarcal, las mujeres suelen “fallar” pues conservan mayor peso después de tener un hijo o hija. Y es que, de acuerdo con el estudio, Postpartum Weight Retention Risk Factors and Relationship to Obesity at One Year, aproximadamente el 75% de las mujeres pesan más un año después del embarazo que antes de estar embarazadas.

Por otro lado, la conversación circuló alrededor de la aparición de la celebridad de reality show y empresaria billonaria, Kylie Jenner, que tuvo una aparición especial durante el espectáculo. Jenner portó el codiciado fantasy bra, un brasier especial y único en cada edición que regresó después de ocho años a la pasarela.
Esta pieza —y su portadora— causó polémica. Fue creado por la firma de joyería de “alta gama”, Jacob & Co. y fue elaborado con 18 kilates de oro y más de 4 mil diamantes. El precio es de susto: más de 55 millones de dólares. ¿Quién puede comprar el brasier más caro de la historia que, por cierto, no tiene tela?
Esa fue la pregunta central que se hicieron personas usuarias en redes.
Ambos sucesos nos reafirman que espacios como el Victoria's Secret Fashion Show redefinen el imaginario cultural. No se trata únicamente de un show de lencería sino de una campaña global masiva que exporta los ideales de belleza de occidente, sus prácticas de consumo capitalista voraz bajo la idea de un supuesto empoderamiento de las mujeres.
¿Qué tiene que ver el VSFS con la derecha?
Amix, antes de seguir, cabe resaltar que no hay problema alguno en que gustes de usar y comprar lencería. Como nos decía Anabel Venegas, directora creativa del Festival FACC en esta nota, en la sensualidad y el deseo hay mucha “belleza, dignidad y cachondería”.
El conflicto es más complejo. En el artículo The Weaponization of Fashion by the Far Right, de Andrea Grippo, la escritora explica que la moda ha sido una de las herramientas más efectivas de la derecha para controlar la hegemonía cultural. Desde la participación de la lujosa casa de moda, Hugo Boss, en la producción masiva del uniforme nazi durante la Segunda Guerra Mundial hasta el estilo trad wife impulsado por la ola conservadora en redes sociales.

Aquí es donde entra el VSFS. Aunque en apariencia es un show para “las girls”, en realidad tiene más vínculos con la derecha de lo que muestra. Para empezar, el multimillonario Leslie Wexner y ex propietario de L Brands, empresa matriz de la marca, ha sido vinculado con Jeffrey Epstein, con quien sostuvo una relación personal y comercial durante años.
En 2021, en medio de la controversia por falta de inclusividad, Victoria's Secret se separó de L Brands y se convirtió en una empresa pública independiente, sin embargo, en 2025 informes financieros de la Casa Blanca reportaron la compra de bonos corporativos millonarios por parte del presidente, Donald Trump.
Y esto nos lleva a la frase “Making America Hot Again”. En el artículo Have Conservatives Taken Sexy Back?, Jennifer Wilson la utiliza para explicar cómo en la actualidad la derecha ha producido un giro masivo en el que utiliza la sensualidad y lo sexy como herramienta política. Hoy, la bimboficación —transformación exagerada de la apariencia para lucir como una “muñeca femenina”— es común entre las personas asociadas con el movimiento MAGA. Basta con mirar la estética en medios y eventos republicanos, que integra escotes pronunciados, retoques estéticos y sensualidad.
El financiamiento por parte de Michael Dell, Jeff Bezos y Lauren Sanchez en firmas de lencería como SYRN, marca de la actriz Sydney Sweeney, criticada por perpetuar estereotipos de género y utilizar la sensualidad para apelar a audiencias masculinas, generalmente republicanas, es prueba de que la lencería, como la moda, no es neutral.
Es sumamente política.
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