Imagina esto: despiertas con el sonido del exterior, evitas tu celular, escribes un par de párrafos en tu diario, haces ejercicio mientras escuchas música con tus audífonos de cable y, si saliste de tu casa, al regresar compras tu revista local favorita o la última edición del periódico. Así es, después de años, estás consumiendo contenido de forma “análoga”.

Durante diciembre de 2025 comencé a ver publicaciones en redes sociales, particularmente en Instagram, sobre cómo el 2026 daría un giro de 180 grados en la forma en la que consumimos contenido y exploramos nuestros pasatiempos. Y es que, de acuerdo con las predicciones de creadores y creadoras de contenido, este seríael “año de lo análogo”.

Pronto comenzaron a salir artículos que afirmaban que, este 2026, será el año en el que “más personas se alejarán de las pantallas y redescubrirán el atractivo de las actividades prácticas y fuera de línea”, como escribió el periodista de entretenimiento, Dayne Aduna, para la revista VMAN.

¿El año de lo Análogo?

La predicción se desprendió de la tendencia de “bolsas análogas” en Tik Tok, en la que personas jóvenes mostraban bolsas repletas de instrumentos de dibujo, para crochet, revistas, cartas de tarot, y cualquier otro insumo que sirviera para realizar una actividad offline. 

Como narra la periodista Callie Ahlgrim en el artículo para Business Insider, Tired of doomscrolling? It's time to start using an 'analog bag, la tendencia inició en agosto de 2025, cuando una usuaria compartió que su secreto para evitar caer en el doomscrolling, es decir, el consumo excesivo y prolongado de contenido de breve duración, generalmente negativo o insustancial, era tener un bolso repleto de actividades portátiles como crucigramas, acuarelas y agujas de tejer para alejarse de la pantalla. 

Los hashtags, #stopthescroll #nostalgia y #digitaldetox han ganado popularidad en tan sólo un par de semanas, y las publicaciones de cuentas que invitan a sus seguidores están repletas de comentarios que confiesan “haber regresado a comprar revistas”, “ver DVD´s en lugar de comprarlos o rentarlos en línea” y “comenzar a escribir cartas para enviarlas por correo a amigas”. 

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Escribo esto mientras pienso en mi propio viaje para “desintoxicarme” de las redes sociales y del contenido en línea. Hace medio año eliminé Tik Tok de mi teléfono, seguido por X. Un par de semanas después me encontré a mi misma invirtiendo tiempo de manera excesiva que podría reenfocar en otras actividades, y una de ellas, tal vez la más importante, fue regresar a leer en formato físico. 

Sin embargo, gestionar mi tiempo en diferentes actividades no fue la única razón por la que abandoné esos espacios. Llevaba un par de meses consumiendo noticias sin prestarles atención, intentando descifrar cuál fotografía había sido creada o modificada con Inteligencia Artificial y cuál no en un mar de imágenes, e incluso intentando comprender el lore del brainrot italiano, un fenómeno de internet que surgió a principios de 2025, caracterizado por fotos y videos de criaturas generadas por IA. Todo ello, y mucho más, me llevó a pasar alrededor de 8 horas en el celular en mis peores días. En efecto, necesitaba dejar de consumir contenido en redes sociales. 

De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Brasil, Colombia, México, Turquía y Portugal son los primeros cinco países con mayor tiempo promedio gastado en internet y redes sociales. En México, el promedio es de ocho horas al día, sólo por debajo de Brasil y Colombia, que superan las nueve horas. 

El vórtice de las redes sociales

Es imposible señalar que, mientras la tendencia de lo análogo crece, el mundo enfrenta una crisis generalizada de conservadurismo impulsada por una derecha. Sin temor a equivocarme, los síntomas más claros continúan siendo el asedio en Gaza y los recientes intentos, o amenazas, por parte del presidente Donald Trump, por anexar Groenlandia a los Estados Unidos. 

Este panorama, de catástrofe y del declive del orden occidental a paso acelerado ha encontrado un nido seguro en redes sociales, tanto así que el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha declarado que su gobierno busca comprar las plataformas de Tik Tok y X, para dirigir la “opinión de los judíos y de nuestros amigos no judíos”. Las redes sociales es el campo en el que se batalla la opinión pública y la esfera cultural.

Por ello, no es extraño que un sector de la gen z intente, de alguna u otra forma, regresar a lo análogo, “a lo similar e igual”, por definición de la palabra. Sin embargo, me parece que este movimiento va más allá de una tendencia de “detox” y que las herramientas para voltear parcialmente fuera de redes sociales siempre han estado a nuestro alcance. 

Y es que con el tiempo me di cuenta que varias de mis prácticas cotidianas ya estaban enfocadas en realizar actividades “análogas”: siempre cargo con un pequeño sketchbook para hacer bocetos, tengo un diario de recortes en mi buró y desde hace años solo hago fotografías con una pequeña cámara digital de principios de los 2000 y con mi reflex, ya hasta hace deje de escuchar música por un par meses debido a que mis audífonos con cable dejaron de funcionar hasta que recibí como regalo unos audífonos inalámbricos con los que aún no me encariño.

Si bien no todas las experiencias pueden ser semejantes, la materialidad del mundo no digital nos rodea y los espacios que habitamos siguen siendo vestigios de nuestra existencia física. Es posible reducir nuestro consumo de contenido digital sin caer en la mentira de la tendencia capitalista porque, si miro con atención, tampoco dejo de preguntarme si es que se trata de una estrategia capitalista para comprar algo que supuestamente nos hace falta. 

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Un tocadisco cuesta más de mil pesos mexicanos. Una revista de moda en su versión física ronda entre los 50 y 200 pesos y los insumos de papelería pueden llegar hasta los 500 pesos dependiendo la gama. 

Me pregunto si hemos llegado al punto en el que hacer la transición de nuestro consumo, de lo digital a lo análogo, ya es un privilegio.

No pude evitar pensar que, durante la primera mitad de 2025, algunas editoriales de revistas estadounidenses lanzaron sesiones de fotografías con celebridades rodeadas de fruta fresca. Una imagen que se interpretó como el retrato de la carencia de los alimentos como estatus social. 

¿Será lo análogo el nuevo estatus social o podremos trascender la barrera de la tendencia y crear vínculos mientras alimentamos nuestros pasatiempos responsablemente fuera de internet? En la era de la decadencia, no debemos dejar de analizar estas tendencias bajo una mirada más amplia, atravesada por la política y el régimen capital.