2026 comenzó con una noticia que sacudió a toda América Latina y al mundo: la captura de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela por fuerzas estadounidenses en Caracas. Más allá del impacto inmediato, el hecho abrió preguntas sobre soberanía, derecho internacional y las consecuencias políticas para la región.
Para entender qué está pasando y por qué también importa desde México, aquí te dejamos las claves del caso.
1. La captura y los cargos contra Maduro
La madrugada del sábado 3 de enero de 2026, fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos realizaron una operación militar en Caracas, Venezuela que terminó con la detención de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
La acción fue ordenada por el presidente estadounidense Donald Trump, quien horas después difundió imágenes de Maduro bajo custodia en un buque de la Marina. Ambos fueron trasladados a Nueva York para enfrentar un proceso judicial en la Corte del Distrito Sur.
Maduro enfrenta cuatro cargos principales vinculados al narcotráfico y al uso de la violencia armada. De acuerdo con la fiscalía estadounidense, se le acusa de:
- Conspiración de narcoterrorismo, como presunto líder del llamado “Cártel de los Soles”.
- Facilitar la importación de grandes cargamentos de cocaína hacia Estados Unidos, con estimaciones de entre 200 y 250 toneladas solo en 2020.
- Posesión y conspiración para el uso de armas de fuego y dispositivos destructivos.
En su primera audiencia, este lunes 5 de enero, Maduro se declaró no culpable. Se definió como “prisionero de guerra” y su defensa quedó a cargo del abogado Barry Pollack, conocido por representar a Julian Assange, un activista y periodista australiano, fundador de WikiLeaks, una organización que publica documentos clasificados para revelar abusos de poder.
2. ¿Quién está gobernando Venezuela ahora?
Con Maduro detenido, el poder en Venezuela quedó en una zona gris. De acuerdo con la Constitución venezolana, la vicepresidenta Delcy Rodríguez debería asumir la presidencia interina. Sin embargo, desde Washington el mensaje ha sido otro.
Donald Trump declaró que Estados Unidos “administrará temporalmente” el país para facilitar una transición política y reactivar las reservas petroleras venezolanas, con inversión de empresas estadounidenses. Rodríguez, por su parte, calificó la operación como una “agresión armada” y rechazó cualquier tutela extranjera.
Que Delcy Rodríguez asuma la presidencia interina de Venezuela es importante porque como te contamos en esta nota es una de las dirigentes más influyentes del chavismo y ha concentrado durante años áreas clave del poder político y económico.
3. La postura de México frente a la crisis
Desde México, la presidenta Claudia Sheinbaum fijó una postura clara: rechazo a la intervención militar. En su conferencia matutina, reiteró que la política exterior mexicana se rige por los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos.
Sheinbaum sostuvo que “la intervención nunca ha traído democracia” y subrayó que solo los pueblos deben decidir sobre su forma de gobierno y sus recursos. Bajo la consigna “cooperación sí, subordinación e intervención no”, México se desmarcó de cualquier respaldo a la acción estadounidense.
A esta posición se sumaron más de 100 organizaciones y redes de derechos humanos en el país, entre ellas ARTICLE 19, la Red TDT y el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, que calificaron la operación como una agresión unilateral que pone en riesgo a la población civil y viola la Carta de las Naciones Unidas.
4. ¿Qué dice el Derecho Internacional (y cómo reaccionó el mundo)?
La legalidad de la operación es uno de los puntos más controvertidos. El Artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas establece la igualdad soberana de los Estados y prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de cualquier país.
Especialistas en derecho internacional han señalado a medios como la BBC que el combate al narcotráfico no justifica una acción militar de esta magnitud, salvo que exista autorización expresa del Consejo de Seguridad o un caso claro de legítima defensa.
En este contexto, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió este lunes en una sesión de emergencia solicitada por Venezuela. Durante la reunión, lejos de un consenso, la discusión evidenció una profunda fractura internacional.
Por un lado, varios países condenaron la intervención. España subrayó que los recursos naturales de Venezuela forman parte de su soberanía; China afirmó que ningún país puede asumirse como “la policía del mundo”, mientras que Rusia calificó los hechos como una expresión de “neocolonialismo”.
En América Latina, Brasil, Chile, Colombia y México exigieron respeto a la soberanía venezolana y rechazaron soluciones militares. Cuba y Nicaragua también condenaron lo que calificaron como una “agresión imperialista”.
Por otro lado, Estados Unidos defendió la legalidad de su operación. Argentina expresó su respaldo a las acciones estadounidenses, mientras que Panamá y Paraguay evitaron pronunciarse sobre la intervención directa, pero llamaron a una transición política basada en la voluntad popular y en procesos electorales.
En medio de estas posturas encontradas, el secretario general de la ONU, António Guterres, expresó su “profunda alarma” y advirtió que el ataque representa un “peligroso precedente” para el sistema internacional y el respeto al derecho internacional.
5. ¿Quién puede opinar sobre Venezuela?
En redes sociales se repite una frase: “si no eres de Venezuela, no opines”. En este artículo, la abogada Carla Escoffié ha señalado por qué este argumento no sostiene el debate público.
Primero, la nacionalidad no define una sola postura: dentro de Venezuela existen posiciones muy distintas, incluso entre personas críticas de Maduro que también rechazan una invasión extranjera.
Segundo, lo que ocurre en Caracas tiene impactos regionales. La narrativa de Estados Unidos que vincula a cárteles mexicanos con el caso Maduro coloca el tema también en el terreno de la seguridad para países vecinos.
Y, finalmente, Escoffié subraya algo clave: condenar una intervención militar no equivale a defender a Maduro. Es posible oponerse al autoritarismo y, al mismo tiempo, rechazar el intervencionismo extranjero, como ya ha ocurrido en otros episodios de la historia latinoamericana.
Así que ya lo sabes, lo que ocurre en Venezuela no es solo una noticia lejana ni un tema exclusivo de especialistas. Abre preguntas incómodas sobre hasta dónde pueden llegar las potencias, quién decide el destino de un país y qué precedentes se normalizan cuando la fuerza sustituye a la política.

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