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<title>La Cadera de Eva - Voces</title>
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<description>La Cadera de Eva - Voces</description>
<language>es-MX</language>
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<title>La Cadera de Eva</title>
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<guid>https://lacaderadeeva.com/voces/donacion-de-leche-materna-humana-la-red-de-cuidados-que-salva/16721</guid>
<pubDate>05/26/2026 01:57:00 p. m.</pubDate>
<title>Donar leche materna humana&#58; nutrici&#243;n que entrelaza almas</title>
<description>La donaci&#243;n de leche materna humana es mucho m&#225;s que un acto de nutrici&#243;n&#58; es una forma profunda de comunidad&#44; empat&#237;a y cuidado colectivo&#46;</description>
<content:encoded><![CDATA[<div><img src="https://blob.lacaderadeeva.com/images/2026/05/26/portadas-lcde-1-232cf45c-focus-0-0-1280-720.webp" alt="Donar leche materna humana: nutrición que entrelaza almas" title="Donar leche materna humana: nutrición que entrelaza almas"></div><p>Hoy quiero hablar de la <strong>donación de leche materna humana</strong>, pero al sentarme a escribir me di cuenta de que no sabía por dónde empezar. Pensé en hacerlo desde la mamá primeriza que fui: aquella que pasó más de ocho horas separada de su bebé después del nacimiento. Esa mamá que hubiera deseado profundamente que el primer alimento de su hija hubiese sido su propia leche… o la leche amorosamente donada por otra mujer.</p>
<p>También pensé en hablar desde mi profesión y mi trabajo en alimentación y nutrición integral temprana de niñas y niños con anomalías craneofaciales. Porque entonces, tendría que decir algo que sostengo todos los días: toda infancia, sin importar su condición o circunstancia de nacimiento, merece recibir <strong>leche materna</strong> humana.</p>
<p>Después pensé en hablar desde la donante que fui durante los primeros meses de vida de mis dos hijas. Y fue ahí donde entendí algo que me transformó profundamente: jamás existe “poquita leche”. Porque para algunos recién nacidos, una sola gota representa una oportunidad más de energía, protección y vida.</p>
<p>Entonces comprendí que este texto tenía que escribirse desde todas esas versiones de mí. Porque hablar de donación de <strong>leche materna</strong> humana no es solamente hablar de nutrición, aunque nutricionalmente sea uno de los actos más poderosos para la primera infancia.</p>


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<p>La Organización Mundial de la Salud reconoce que la <strong>lactancia</strong> materna es una de las formas más eficaces de garantizar la salud y supervivencia infantil. Pero incluso esa definición se queda corta.</p>
<p>Hablar de donación también es reconocer el compromiso que existe detrás de cada mujer donante. Una investigación encabezada por la Dra. Alejandra Rodríguez Bautista sobre el Banco de Leche Humana del Instituto Nacional de Perinatología (INPer) documentó que, entre 2013 y 2024, participaron 2,661 mujeres donantes y que aproximadamente el 79% mantuvo una donación activa (INPer, UNAM), reflejando la enorme red de cuidado y solidaridad que sostiene la alimentación de muchos recién nacidos.</p>
<p><strong>Hablar de donación también es hablar de empatía entre mujeres que quizá nunca se conocerán.</strong> Es hablar de redes invisibles de cuidado. De una madre alimentando al hijo de otra. Porque cuando una mujer dona leche no solamente entrega alimento: entrega tiempo, energía, descanso, organización y muchísimo amor. Y creo que ahí habita algo de lo que pocas veces hablamos.</p>
<p>Seguimos viendo la <strong>lactancia</strong> como un acto individual, casi privado, cuando en realidad debería entenderse como una responsabilidad colectiva. Ninguna mujer debería sostener sola el peso físico y emocional de alimentar. Ningún recién nacido debería quedarse sin acceso a <strong>leche materna</strong> humana por falta de información, acompañamiento o redes de apoyo.</p>


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<p>En ese esfuerzo colectivo, organizaciones como PILU <strong>Lactancia</strong>, organización integrante del Pacto por la Primera Infancia, trabajan para acompañar, informar y fortalecer redes de apoyo que permitan a más mujeres ejercer una <strong>lactancia</strong> acompañada y sostenida.</p>
<p>Por eso, hablar de donación también es acercarnos al puente de la inclusión. Es reconocer que existen bebés prematuros, hospitalizados o atravesando condiciones complejas, para quienes la <strong>leche materna</strong> humana puede representar mucho más que alimento. Puede representar protección. Puede representar esperanza.</p>
<p>En el marco del <strong>Día Mundial de la Donación de Leche Materna Humana</strong>, no quisiera que las personas se quedaran solamente con la idea de “donar leche”. Quisiera que se preguntaran qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando una mujer es capaz de alimentar a un bebé que no gestó. Porque quizá ahí habita una de las formas más profundas de comunidad. Y porque sí: a veces, una gota cambia absolutamente todo.</p>
<p><br></p>]]></content:encoded>
<author></author>
</item>
<item>
<guid>https://lacaderadeeva.com/voces/hate-en-redes-y-machismo-digital-como-opera-la-violencia-en-linea/16708</guid>
<pubDate>05/23/2026 09:30:00 a. m.</pubDate>
<title>El efecto lupa&#58; c&#243;mo se enciende el hate patriarcal en redes</title>
<description>El odio en redes sociales no es espont&#225;neo ni inofensivo&#58; reproduce la violencia patriarcal&#44; se amplifica con algoritmos y ataca especialmente a discursos feministas y a hombres que cuestionan el mandato masculino&#46;</description>
<content:encoded><![CDATA[<div><img src="https://blob.lacaderadeeva.com/images/2026/05/21/portadas-lcde-2-65d8a3e0-focus-0-0-1280-720.webp" alt="El efecto lupa: cómo se enciende el hate patriarcal en redes" title="El efecto lupa: cómo se enciende el hate patriarcal en redes"></div><p>Las redes están llenas de personas lanzando insultos. Hay quienes atacan primordialmente contenidos feministas, transincluyentes, progres, woke, incluidos grupos de hombres que han decidido reflexionar sus violencias machistas. Entre ellos, @Dejar de chingar, colectivo organizado por personas disidentes al patriarcado en Guadalajara, Jalisco, cuyos posts más recientes han recibido mucho <em>hate</em>.</p>
<p>Muchedumbres improvisadas de <em>haters</em> se vuelcan en improperios, llamándoles <em>‘eunucos’, ‘club de vírgenes’, ‘huevos tibios’, ‘ni así le van a dar gusto a las femi’, ‘¿ya les dieron sus croquetas hoy?’, ‘la testosterona salió del grupo’, ‘por eso sus mujeres les ponen los cuernos’… </em>Un acto de afirmación a partir de escupir y repatear sobre lo que no se alinea con los valores dominantes del mandato masculino.</p>
<p>Sabemos que las <strong>redes sociales</strong> distorsionan verdades en posverdades, crean ídolos que promueven estilos de vida cuestionables y que, sobre todo, amplifican mensajes de odio. Para el <em>hater</em> promedio, las redes son un entorno en el que se puede expresar —vomitar— odio sin remordimientos, pues facilita condiciones de anonimato para atacar desde la comodidad.</p>
<p>Es importante subrayar que se trata de una postura muy cómoda —sin moverse de su asiento—, así como relativamente segura, pues rara vez implica un verdadero riesgo, esfuerzo o responsabilidad. No necesariamente se exponen públicamente, pues pueden esconderse tras la ya clásica foto de perfil de un auto deportivo, el escudo de un equipo de futbol o algún personaje musculoso de caricatura.</p>


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<p><strong>El efecto lupa</font></strong></p>
<p>Sin embargo, no se trata de un fenómeno inofensivo: están jugando con fuego. El efecto incendiario se propaga velozmente y aunque no enciendan una hoguera, hacen daño. En cuanto al mecanismo de acción, parece que concentran su rencor en un punto específico —algún post, página o persona—, como cuando se usa una lupa para quemar algo.</p>
<p>Siguiendo esta metáfora: ¿Pueden quemar? Claro. ¿Puede doler? También. La masividad y la vulgaridad de los mensajes son una forma de violencia y descalificación. Además, es altamente redituable y favorece la acumulación de capital mediante algoritmos que alimentan la polarización. Muchos comentarios ni siquiera vienen de haters de carne y hueso, sino de cuentas automatizadas que siembran odio para cosechar <em>likes</em> y monetizar el desprecio.</p>
<p>Pero este escenario virtual de desencuentros y violencias —que son las redes— tiene claras limitaciones e implicaciones. A diferencia de la lupa que concentra la luz del sol, el <em>hate</em> en redes no proviene de una energía infinita o renovable. Se sostiene del combustible que ofrecen los haters, quienes consumen su tiempo en línea y los datos de sus dispositivos en mensajes, memes, <em>stickers</em> y largas cadenas de respuestas.</p>
<p>Se queman como un cerillo que se consume con su propia flama porque el odio demanda obediencia y es insaciable. Como señala Sayak Valencia, se exige a los hombres “ser objeto de su propia autodestrucción”. Me pregunto: ¿por qué reproducir un discurso que demanda nuestra propia aniquilación, que nos convierte en un factor de riesgo y usurpa nuestra capacidad de empatizar?</p>


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<p><strong>Cauterización de la herida</font></strong></p>
<p>La crueldad y la violencia que circulan en el espacio digital forman parte de la socialización masculina. Prácticas aparentemente inofensivas, muchas veces disfrazadas de juego —desde el bullying escolar hasta quemar hormigas con el rayo del sol y una lupa— normalizan el ejercicio de la violencia. Es necesario revisar cómo nos posicionamos frente al dolor ajeno, cómo habita la crueldad en el hueco del dolor propio; eso sí hay que revisarlo con lupa.</p>
<p>Para desactivar el <em>hate</em> patriarcal podemos promover un uso corresponsable de las <strong>redes sociales</strong> como espacio de creación, conexión y disfrute mutuo. Desafiar la <em>machósfera</em> comienza con bajarle el volumen y quitarle <em>likes</em>. No es ignorarla —en tanto fenómeno altamente nocivo e inflamable—, pero sí llevar la discusión al foro correcto (que nunca es la cadena de mensajes de odio).</p>
<p>Podemos priorizar lo que sí requiere un esfuerzo: hacernos cargo de la propia violencia y empatizar con el sufrimiento ajeno. Sostener la vida digital desde los cuidados y el buen trato puede ser difícil, pero también permite concentrar nuestra atención en algo crucial: cómo construir formas sanas de relacionarnos con otras personas, con otros hombres y con nosotros mismos.</p>
<p>¿O acaso me están diciendo que sólo el machismo me hace un <em>hombre de verdad</em>? ¿Qué sólo así es posible vincularnos en el plano amoroso, sexoafectivo y amistoso? ¿Qué una relación desde el machismo es sostenible en el tiempo y, más aún, en el cuerpo? En suma, <strong>¿todo ese machismo nos ha servido realmente a los hombres para relacionarnos sanamente?</strong></p>
<p><br></p>]]></content:encoded>
<author></author>
</item>
<item>
<guid>https://lacaderadeeva.com/voces/la-trampa-de-la-doble-explotacion-de-las-mujeres/16685</guid>
<pubDate>05/16/2026 09:00:00 a. m.</pubDate>
<title>&#191;Vivir o sobrevivir&#63;</title>
<description>El espejismo del falso reconocimiento laboral femenino en las metr&#243;polis mexicanas</description>
<content:encoded><![CDATA[<div><img src="https://blob.lacaderadeeva.com/images/2026/05/14/portadas-lcde-1-e2bd380a-focus-0-0-1280-720.webp" alt="¿Vivir o sobrevivir?" title="¿Vivir o sobrevivir?"></div><p>¿Acaso el reconocimiento laboral de las mujeres solo ha sido una trampa de un sistema que tiene la capacidad de capitalizar movimientos sociales y convertirlos en explotación laboral?</p>
<p>Me encontraba viajando en el metro de la Ciudad de México, cuando observé el vagón y me di cuenta de que todos estaban inmersos en su celular. Al mismo tiempo, escuché a una señora que le decía a su hija de 15 o 16 años que le había conseguido trabajo en el mercado, pues ya se tenía que aprender a ganar el dinero. Del articulo 173 al 180 de La ley Federal del Trabajo se busca regular el trabajo de personas menores de edad y, allí mismo, se establece que la edad mínima permitida para trabajar legalmente son los 15 años.</p>
<p>Según la Encuesta Nacional de <strong>Trabajo Infantil</strong> (ENTI) 2022 del INEGI encontró que, de los 3 millones 700 mil infantes que trabajan, 2.1 millones lo hicieron en alguna actividad no permitida. (UNAM Global Revista, “<strong>Trabajo infantil</strong> en México.”). En ese sentido, ¿por qué las personas en el metro habían normalizado o ignorado que una niña comenzara a trabajar tan joven en un país peligroso y con una de las mayores tasas de explotación infantil? Allí entendí que las pantallas y el cansancio laboral jugaban un papel importante. Aquel día el metro parecía, metafóricamente, una toma aérea de la sociedad y los problemas que se desarrollan.</p>
<p><br></p>


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</p>

<p><em>Fotografía: Andrés Ramírez Flores</em></font></p>
<p><br></p>
<p><strong>¿Qué dice la ciencia sobre la normalización de conductas sociales a través de las pantallas y el <strong>scrolling</strong> infinito?</font></strong></p>
<p>Diversos estudios científicos afirman que el uso constante del celular y redes sociales tiene un impacto grave en el cerebro. La neurocientífica de la Universidad de Harvard, <a name="OLE_LINK2" title="Mathura Shanmugasundaram" target="_blank" rel="nofollow noopener noreferrer">Mathura Shanmugasundaram</a> explica cómo se daña la Corteza Cingulada Anterior (CCA). Esta es una región del cerebro encargada de la regulación cognitiva y emocional. La lista de daños es larga; disminución en la capacidad de toma de decisiones, de atención y retención de información. ¿Qué fue lo que más llamó mi atención? Fatiga cognitiva, pérdida de la memoria y capacidad de análisis y cuestionamiento.</p>
<p>A lo largo de la historia han existido mecanismos de atención y control ideológico, pero no tan invasivos y similares a una droga ¿En dónde radica lo peligroso? Que ahora gracias al constante estimulo cerebral se normalizan procesos y cambios sociales sin cuestionar sus bases. Es decir, ¿En qué momento las mujeres se insertaron a las nuevas condiciones del mercado laboral con las mismas responsabilidades familiares y domésticas?</font></p>


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                                    <div>Por Daniela G Ramírez Martínez</div>
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<p><strong>El reconocimiento laboral femenino y su bienvenida a la doble explotación</font></strong></p>
<p>La economía “se dio cuenta” de que estaba desaprovechando una oportunidad de explotación. No dudó ni un segundo en dotar de mayor responsabilidad a las mujeres. Al mismo tiempo, este mismo mecanismo se colgó de la lucha de las trabajadoras que día con día exigen sus derechos. Estos “cambios” demuestran más una bienvenida de las mujeres a la precariedad y doble explotación laboral, pero ahora formalizada.</p>
<p>Lo anterior, no nos lleva a una teoría de conspiración: es un análisis de resultados de la brecha salarial ¿Por qué en las metrópolis de México la administración económica del hogar solo se sostiene si todos los miembros trabajan? En México la brecha salarial del 2025 revela que las mujeres ganan de 14% a 18% menos que los hombres y entre las causas esta la maternidad y las responsabilidades familiares. Existe movimiento en la economía, pero en donde realmente se hizo el ajuste fue en la administración del hogar.</p>


<p>
    
</p>

<p><em>Fotografía: Andrés Ramírez Flores</font></em></p>
<p><br></p>
<p>Mientras las pantallas hacen su trabajo y capturan nuestra atención nos venden la idea de libertad en una sociedad en donde la productividad organiza nuestras vidas, dejamos de cuestionar condiciones que hace algunas décadas hubieran parecido insoportables. Quizá por eso aquella niña en el metro ya no movía la indignación de nadie. El riesgo no es solo trabajar para sobrevivir, sino olvidar que aspiramos a vivir de otra manera. No niego el gran avance y reconocimiento histórico de las mujeres, pero esto se siente como una trampa para producir más en una economía con su propia moral.&nbsp;</p>
<p>Hoy en día la mujer trabaja y tiene más responsabilidades que en cualquier momento de la historia. Le llamamos igualdad de oportunidades a un juego que no da, ni siquiera, la equidad de condiciones a todos. Vivimos en un espejismo de igualdad social, cuando no hemos entendido que ni siquiera estamos en el juego. ¿Acaso no vemos los comerciales que normalizan que una mamá peine a su hija mientras pide un taxi por aplicación y va tarde al trabajo? Si seguimos este rumbo no quiero ni imaginar cómo normalizaremos que trabajen formalmente los menores de edad.</p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p><br></p>]]></content:encoded>
<author></author>
</item>
<item>
<guid>https://lacaderadeeva.com/voces/bts-en-mexico-el-gozo-politico-de-una-comunidad-de-mujeres-army/16665</guid>
<pubDate>05/11/2026 03:34:00 p. m.</pubDate>
<title>Cr&#243;nica ARMY 2&#46;0&#58; BTS nos uni&#243;&#44; pero nosotras nos sostenemos</title>
<description>La visita de BTS a M&#233;xico mostr&#243; que el fandom tambi&#233;n es comunidad&#58; un espacio donde mujeres se acompa&#241;an&#44; gozan y se sostienen&#46;</description>
<content:encoded><![CDATA[<div><img src="https://blob.lacaderadeeva.com/images/2026/05/11/bts-a5906b74-focus-min0.02-0.3-1280-720.webp" alt="Crónica ARMY 2.0: BTS nos unió, pero nosotras nos sostenemos" title="Crónica ARMY 2.0: BTS nos unió, pero nosotras nos sostenemos"></div><p>Entre el 6 y 10 de mayo de 2026, la <strong>Ciudad de México</strong> se transformó en el epicentro de un movimiento cultural sin precedentes: la llegada de la banda surcoreana, <strong>BTS</strong>, a México después de nueve años de ausencia en tierras mexicanas.&nbsp;</p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>La visita de <strong>BTS</strong> al país incluyó tres <strong>conciertos</strong> en el Estadio GNP Seguros, realizados los días 7, 9 y 10 de mayo pero la aventura comenzó antes; la banda hizo su primera aparición oficial en Palacio Nacional, después de responder a la convocatoria de la <strong>presidenta</strong> de México, Claudia Sheinbaum, para saludar a su <strong>fandom</strong>, conocido como ARMY, desde un palco del recinto, tras la apabullante <strong>demanda</strong> que se vivió el 24 de enero, fecha en la cual se vendieron los boletos para sus <strong>conciertos</strong>.&nbsp;</p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>Durante el primer mes de 2026, más de un millón de personas intentaron comprar boletos para ver a la banda surcoreana, sin embargo, únicamente más de <strong>140 mil personas</strong> obtuvieron entradas.&nbsp;</p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>A casi cuatro meses después de la venta <em>ARMY Membership</em>, los integrantes de <strong>BTS</strong>, RM, Jin, SUGA, j-hope, Jimin, V y Jungkook iniciaron el <strong>concierto</strong> del 7 de mayo con <strong>Hooligan</strong>, una canción energética que le habla a la juventud, a la rebeldía y al ímpetu de romper las reglas después de haber realizado su <strong>servicio militar</strong>, entre diciembre de 2022 hasta mediados de 2025.&nbsp;</p>

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            <div>Foto: Andrea Murcia/Cuartoscuro</span></div>
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                                    <h3 class="post__title">Crónica ARMY: cómo un fandom de mujeres expuso el abuso</h3>
                                    <div>Por Wanda Pacheco</div>
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<p><br></p>
<strong>2.0 y el <strong>derecho al gozo</strong></font></strong></h2>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>La visita de <strong>BTS</strong> a México da para hablar de muchas cosas; desde las críticas por la indolencia del gobierno federal, que pone al centro de la agenda mediática la visita del grupo, en lugar de priorizar demandas urgentes como la <strong>crisis de desapariciones</strong> en México, que al día de hoy suma más de 133 mil personas desaparecidas y no localizadas, hasta la importancia del <strong>derecho al ocio</strong>.</font></p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>Como una fangirl de <strong>BTS</strong> desde 2017, como periodista antipatriarcal, como mujer asalariada, estás conversaciones pesan en proporciones similares; nos atraviesa la violencia, la desigualdad, la precarización así como la falta de oportunidades por acceder a un <strong>concierto</strong> de nuestras y nuestros artistas favoritos.&nbsp;</p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>Mientras caminaba entre ARMY el 9 de mayo, la fecha de mi <strong>concierto</strong>, no podía dejar de pensar en una cosa: el <strong>gozo</strong>, el <strong>entusiasmo</strong>, el desenfreno y la <strong>comunidad</strong> deben ser un <strong>derecho para todas las mujeres</strong>. Entre chistes “locales”, freebies —pequeños regalos hechos a mano que las y los fanáticos obsequian o intercambian como recuerdo del <strong>concierto</strong>—, danzas y looks, ARMY le gritó al <strong>gozo</strong> y al sentido de pertenencia.&nbsp;</p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>Como señaló Leslie Jimenez, abogada jurídica y colaboradora de La Cadera de Eva, en redes sociales: “les fans están pensando políticamente. Si están cuestionando, sí están discutiendo, Y eso importa muchísimo”.&nbsp;</p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p><br></p>
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<p><br></p>
<p>Podía verlo en los ojos de quienes me extendían una photocard de mi integrante favorito, en las risas colectivas que disfrutaban del ambiente previo al <strong>concierto</strong>, en los carteles que celebraban la visita de <strong>BTS</strong> al país pero denunciaban las <strong>negligencias gubernamentales</strong>; para muchas —como para mí— este momento de comunión representaba algo más: un sueño cumplido, un nuevo comienzo, más espacio para el “muy” político gesto de esparcimiento y disfrute con <strong>consciencia política</strong>.&nbsp;</p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>Los mismos <strong>BTS</strong> los cantan en una de sus canciones más recientes, perteneciente a su último álbum, <strong>ARIRANG</strong>: Sí, me siento como nueva. Otro paso con <strong>nuevas especificaciones</strong>; paso dos, ni siquiera tenemos que correr.</p>


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                                    <h3 class="post__title">El fandom femenino como fuerza política


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                                    <div>Por Editorial</div>
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<p><br></p>
<p><br></p>
<strong><strong>Mujeres</strong>, ARMYS y acompañantes</font></strong></h2>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>Debo confesar que, después de que la <strong>presidenta</strong> anunciara la visita de <strong>BTS</strong> a Palacio Nacional dudé en asistir; la discusión alrededor de su visita era ensordecedora. Me dije a mí misma que podría asistir con fines periodísticos y, para mi sorpresa, lo fue en cierta medida.&nbsp;</p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>Fuera del espacio de prensa, entre ARMY, entre <strong>mujeres</strong> de todas las edades, pude ver la <strong>euforia</strong> y la alegría que embellecía los rostros de quienes esperaban a <strong>BTS</strong> en la plaza del Zócalo; muchas no consiguieron boletos para sus <strong>conciertos</strong>, por lo que esta era la única oportunidad que tenía para verlos. Y así fue, cuando los integrantes se despidieron desde los balcones laterales de Palacio Nacional miré a mi alrededor y encontré múltiples gestos: personas llorando porque habían visto a su banda favorita; amigas abrazándose, <strong>emocionadas</strong> y conmovidas; madres e hijas tomadas de las manos, creando <strong>recuerdos</strong>.&nbsp;</font></p>

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            <div>Foto: Andrea Murcia/Cuartoscuro</span></div>
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<p><br></p>
<p>Ese día platiqué con una joven universitaria; lloraba y comencé a llorar también. Intercambiamos nuestra afición por el grupo a pesar de ser completos desconocidas, nos acompañamos en el placer de pertenecer, aunque sea por unos minutos. Esto también me ocurrió cuando ya estaba dentro del Estadio GNP: aunque iba sola, encontré acompañamiento en las fans que estaban a mi alrededor.&nbsp;</p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>Conocí a <strong>mujeres</strong> que considero cercanas aunque estemos lejos; sin embargo, esto no sería posible de no ser por los mensajes de autoestima, confianza y <strong>amor propio</strong>&nbsp; que promueven en sus canciones, de las letras que resuenan con quienes pasamos tiempos de confusión, de desasosiego y de tristezas.</p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p>Los integrantes de <strong>BTS</strong> se despidieron de México el domingo 10 de mayo&nbsp; con una <strong>asistencia</strong> a sus <strong>conciertos</strong> de más de 300 mil personas —dentro y fuera del recinto—. Prometieron volver y ARMY prometió esperar. En este <strong>entusiasmo</strong>, en el cariño mutuo, en la reciprocidad, pienso que hay un sentido de integración y <strong>gozo</strong> que solo la <strong>comunidad</strong> puede crear.&nbsp; Y es que si algo me queda claro es que <strong>BTS</strong> nos unió, pero nosotras nos sostenemos.</font></p>
<p><br></p>
<p><br></p>
<p><br></p>]]></content:encoded>
<author></author>
</item>
<item>
<guid>https://lacaderadeeva.com/voces/madres-en-prision-en-mexico-la-realidad-invisibilizada-del-10-de-mayo/16658</guid>
<pubDate>05/10/2026 08:00:00 a. m.</pubDate>
<title>Madres entre rejas&#44; una realidad invisibilizada</title>
<description>Miles de mujeres en M&#233;xico celebran el D&#237;a de las Madres desde la c&#225;rcel&#46; Muchas en condiciones de pobreza y sin alternativas&#46; Su encarcelamiento impacta tambi&#233;n a sus hijas e hijos&#44; mientras el sistema penal ignora las causas estructurales&#46;</description>
<content:encoded><![CDATA[<div><img src="https://blob.lacaderadeeva.com/images/2026/05/08/portadas-lcde-1-b8699a7e-focus-min0.02-0.2-1280-720.webp" alt="Madres entre rejas, una realidad invisibilizada" title="Madres entre rejas, una realidad invisibilizada"></div><p>El Día de las Madres tiene, cada año, a miles de mujeres en México celebrando desde el encierro. No salen en los anuncios publicitarios ni se aparecen en las postales de temporada, ¡pero existen! De acuerdo con la Oficina de las Naciones contra la Droga y el Crimen, 7 de cada 10 mujeres privadas de la libertad en el mundo son madres y la mayoría eran principales cuidadoras antes de su detención.</p>
<p>En México, al término de 2024, había 13 mil 985 mujeres privadas de la libertad en los centros penitenciarios del país, de acuerdo con el Censo Nacional de Sistema Penitenciario Federal y Estatales del INEGI. Lo que las estadísticas no dicen con suficiente claridad es que detrás de cada una existe, en la mayoría de los casos, una familia fracturada: <strong>al menos el 80% de las mujeres en prisión son madres.</strong></p>


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                    <a href="https://lacaderadeeva.com/actualidad/dia-de-las-madres-en-mexico-cifras-de-desigualdad-y-cuidados/16655" title="                                                                                                                                                                                                                            Actualidad                                    10 de mayo: la maternidad en México entre cuidados y desigualdad                                    Por Wanda Pacheco                                                                                                        " class="post post--inline">
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                                    <h3 class="post__title">10 de mayo: la maternidad en México entre cuidados y desigualdad</h3>
                                    <div>Por Wanda Pacheco</div>
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<p>El encarcelamiento femenino ha crecido de manera sostenida. La población de mujeres privadas de la libertad se triplicó en los últimos 20 años y la tendencia no cede. Los delitos por los que más ingresan a los centros federales son los relacionados con narcóticos, con 34.4% de los casos, lo que presupone que muchas son captadas por redes criminales en condiciones de pobreza extrema, sin opciones laborales y con hijos que alimentar. El sistema penal las sanciona sin atender las causas que las llevaron ahí.</p>
<p>Dentro de los centros, la maternidad se ejerce en condiciones precarias. Al cierre de 2024, el INEGI registró a 307 mujeres que vivían con sus hijas e hijos menores de seis años en prisión. De ese total, 42.1% tenía menos de un año de vida. Solo el 31.9% de los centros para mujeres o mixtos contaba con espacios para la maternidad y únicamente el 26.2% tenía áreas educativas para la niñez que vivía ahí. Crecer entre rejas no debería ser una condena para las y los hijos, pero el país aún no garantiza condiciones distintas.</p>
<p>El impacto sobre quienes no permanecen con sus madres es igualmente grave. La separación abrupta genera trastornos de ansiedad, dificultades de apego y rezago cognitivo y emocional, según documentan la organización Reinserta y algunas investigaciones sobre desarrollo infantil. Los hijos que quedan fuera crecen, en muchos casos, al cuidado de abuelas o familiares en precariedad, cargando el estigma de tener una madre presa. Un estigma que, como señala la feminista Marcela Lagarde, se funda en la exigencia patriarcal de que la feminidad se realice a través de la maternidad: <strong>la mujer que delinque es castigada dos veces.</strong></p>


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                                    <div>Glosario Feminista</div>
                                    <h3 class="post__title">No son madres solteras; son maternidades autónomas</h3>
                                    <div>Por Wanda Pacheco</div>
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<p>Un vistazo al mundo entero muestra que existen otros caminos. Las Reglas de Bangkok, adoptadas por la ONU en 2010, instan a los países a privilegiar medidas no privativas de libertad para mujeres con hijos dependientes cuando los delitos no impliquen violencia. España permite la convivencia de menores con sus madres hasta los tres años. Italia contempla establecimientos de régimen atenuado y arresto domiciliario. Argentina también prevé alternativas al encierro. México avanza despacio: una iniciativa presentada en febrero de 2025 ante la Cámara de Diputados busca reformar la Ley Nacional de Ejecución Penal para garantizar protocolos de separación progresiva y sustitutivos penales para madres de menores de 12 años, pero aún no es ley.</p>
<p>Para las miles de mujeres que viven el Día de las Madres privadas de su libertad un buen regalo es nombrarlas, visibilizar su realidad y recordar que en la literatura criminológica y en informes institucionales se comprueba: su realidad no es un fenómeno homogéneo ni reducible a “decisiones individuales”; responde a una combinación de factores estructurales, relacionales y económicos. <strong>Atenderlos es una urgencia, con o sin 10 de mayo cerca.</strong></p>
<p><br></p>]]></content:encoded>
<author></author>
</item>
<item>
<guid>https://lacaderadeeva.com/voces/redes-de-cuidados-la-respuesta-urgente-ante-una-crisis-que-no-espera/16642</guid>
<pubDate>05/09/2026 12:00:00 p. m.</pubDate>
<title>Generar redes de cuidados&#58; de los discursos a las acciones</title>
<description>Ante una crisis de cuidados que se profundiza y rebasa al &#225;mbito familiar&#44; surge la necesidad de construir redes colectivas que distribuyan el trabajo de cuidar sin reproducir desigualdades de g&#233;nero&#46;</description>
<content:encoded><![CDATA[<div><img src="https://blob.lacaderadeeva.com/images/2026/05/07/portadas-lcde-1-64524fde-focus-0-0-1280-720.webp" alt="Generar redes de cuidados: de los discursos a las acciones" title="Generar redes de cuidados: de los discursos a las acciones"></div><p>Nos encontramos en un momento importante: paso a paso, gota a gota, en distintos lugares de nuestro país y de América Latina la conversación pública sobre los cuidados comienza a tomar más espacios y más tiempos. En distintos puntos geográficos se comienza a discutir en las instituciones del estado y en la sociedad la importancia de generar normativas y acciones gubernamentales que vayan dando vida y sostén al derecho al cuidado. Sin duda, cada una de las experiencias que conforman estos procesos son grandes logros históricos que, con sus retos, límites y alcances, al menos nos prometen que nuestras vulnerabilidades genéricas y, al mismo tiempo, socialmente distribuidos y vividas de manera desigual, serán sostenidas y atendidas por más manos que las de algunas mujeres en nuestras familias.</p>
<p>Sin embargo, mientras estos procesos toman vida, logran hacerse prácticos y sostenerse y ampliarse para atender, sino todas, al menos la mayoría de las necesidades de cuidados, éstas necesidades no esperan. No esperan y además rebasan algunos marcos y horizontes de estas políticas. Así, mientras esperamos que se concreten o participamos activamente en su concreción, a muchas de nosotras y nosotros, en carne propia o en la carne de otras personas allegadas, estas necesidades de cuidados se acrecientan y sobrepasan la posibilidad de ser atendidas únicamente en el ámbito familiar. Y no sólo porque hacerlo sigue siendo parte de una injusticia estructural actualizada cotidianamente que organiza nuestras sociedades. Sino también, porque muchas configuraciones familiares en las que vivimos actualmente ya no permiten que exista alguien que, aún cuando sea injustamente, se dedique principalmente a sostener todo este cuidado que debería ser provisto de manera corresponsable. No hay duda que la crisis de los cuidados se vuelve cada vez más intensa y más profunda dejándonos más vulnerables y desprotegidos.</p>


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<p>En ese proceso, una de las alternativas (que no debe ser la única ni un sustituto absoluto de la falta de corresponsabilidad social y de género en los cuidados que existe actualmente) es generar redes de cuidados para poder solventar un poco estas necesidades de cuidados acrecentadas en estas múltiples experiencias críticas de sostén de las vidas individuales y colectivas. Pensar en estas redes no es una idea para nada nueva. Pero quisiera tomar los párrafos que me faltan por escribir para anotar dos puntos que considero que pueden ayudar a impulsarlas.</p>
<p>El primero y más importante para mí es que aludir a la generación de estas redes debe salvarse de ser solamente un discurso público, privado o comunitario. Es decir, no deben ser sólo palabras que nos permitan encubrir que no nos estamos comprometiendo en sostener una parte justa de estas redes, o discursos políticamente correctos que simplemente nos permitan tener un lugar de enunciación (y por lo tanto de capital simbólico) en los debates públicos de los cuidados. Así, como dicen las éticas del cuidado (Arango y Molinier, 2011), es importante considerar que los cuidados son sobre todo un trabajo, es decir, una actividad práctica informada afectiva, ética y epistémicamente<strong> que se hace.</strong> Entonces, para mí, generar estas redes es comenzar a actuar: preguntarnos en conjunto qué podemos hacer y acordar cómo hacerlo para, precisamente, <strong>hacerlo.</strong> Por ejemplo: podemos acompañar eventualmente a alguien a una cita al médico, ir a ayudarle a hacer las compras y la despensa, realizar con ellos un trámite burocrático fundamental para sostener y cuidar de su vida, brindar cuidar emocionales, acompañarnos en las tareas domésticas y de cuidados que necesitamos o que brindamos.</p>


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<p>Cualquiera que sea el camino práctico que tomemos para tomar acción en los cuidados debe surgir de una deliberación colectiva sobre cómo tomarlos, como configurarlo, recibirlo y devolverlo. Es decir, como segundo punto, considero que al realizar estas prácticas debemos tener atención simbólica y actuante sobre cómo no reproducir las desigualdades y las injusticias de los cuidados en estas redes. Es decir, cómo hacer que no sean siempre las mismas personas (o mujeres) las que brindan cuidados en el ámbito de lo colectivo. Cómo hacer para que quienes siempre cuidan reciban ahora los cuidados que necesitan para sostener su vida y su bienestar. Cómo ligar estas redes con los esfuerzos gubernamentales (y al mismo tiempo, con cuidado de las relaciones de poder que les configuran) que intentan echar andar el derecho al cuidado en diversos puntos de nuestro país. En suma, cómo hacer para recurrir a la dimensión ética, política, afectiva y epistémica de los cuidados para no reproducir las relaciones de poder, de desigualdad y de injusticias en los cuidados hechos en y para lo común.</p>
<p>No cabe duda que la tarea es ardua, pero pienso que estamos en un momento en el que podemos comenzar a ensayar en la práctica y no solo en las palabras otras formas de cuidarnos de la forma más justa posible. Nuestras vidas penden de ello.</p>
<p><br></p>]]></content:encoded>
<author></author>
</item>
<item>
<guid>https://lacaderadeeva.com/voces/migracion-y-tareas-de-cuidados-mujeres-que-migran/16601</guid>
<pubDate>05/02/2026 10:00:00 a. m.</pubDate>
<title>Migrar para trabajar cuidando&#58; &#191;solo por dinero&#63;</title>
<description>La migraci&#243;n de cuidados no puede entenderse solo desde la necesidad econ&#243;mica&#46; Violencias&#44; b&#250;squeda de autonom&#237;a y desigualdades estructurales tambi&#233;n empujan a miles de mujeres a migrar para cuidar en otros pa&#237;ses&#46;</description>
<content:encoded><![CDATA[<div><img src="https://blob.lacaderadeeva.com/images/2026/04/28/neoconservadurismo-d5d84119-focus-0-0-1280-720.webp" alt="Migrar para trabajar cuidando: ¿solo por dinero?" title="Migrar para trabajar cuidando: ¿solo por dinero?"></div><p>En su novela&nbsp;<em>Ceniza en la Boca, </em>la escritora mexicana Brenda Navarro retrata una historia de <strong>migración</strong>. La madre se marcha a trabajar como cuidadora a España, mientras la hija adolescente permanece en México junto a los abuelos, encargándose de un niño pequeño en una Ciudad de México que los personajes perciben como precaria, dura e incapaz de abrazarlos. El resentimiento de la hija hacia su madre crece por el abandono y porque intuye que detrás del proyecto migratorio hay motivos que van más allá de lo económico, y para ella como hija esto es inexplicable. En un momento, la hija escribe:</p>
<p>“Me odias a mí y por eso me dejas a tu hijo, y por eso te haces la mosquita muerta, pero en realidad ya estás imaginándote en el avión, ya estás en el avión, desgraciadita, ya lo estás”.</font></p>
<p>La historia de esta familia y de esta madre es conmovedora y reveladora sobre la <strong>migración</strong> de cuidados, las afectaciones emocionales que dejan las fugas de <strong>cuidado</strong>&nbsp; y&nbsp; las múltiples razones que llevan a una mujer a convertirse en una migrante cuidadora remunerada.</p>


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                                    <div>Por Gad-Veda Galilea Flores de la Torre</div>
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<p>El relato exclusivamente económico que subyace al concepto de&nbsp;Cadenas Globales de <strong>Cuidado</strong>, definido por Hochschild como “una serie de vínculos personales entre personas de todo el mundo, basadas en una labor remunerada o no de asistencia” (2000), y sus desarrollos posteriores, potenciaron el relato único de una mujer migrante proveniente de un país pobre que decide insertarse en el mercado global de cuidados, vendiendo lo que puede ofrecer: su cuerpo, su tiempo y sus afectos.</p>
<p>En la visión tradicional de estas cadenas, hay un hogar de un país pobre (primer eslabón) que expulsa a una mujer&nbsp; (segundo eslabón), quien atenderá las demandas de un hogar en un país rico (tercer eslabón). En la mayoría de los casos, estas migrantes —más del 80% son mujeres, según la OIT (2023)— se insertan en el mercado laboral, con salarios precarios. Al trabajar en condiciones injustas, no solo solucionan la crisis de cuidados del hogar receptor, sino que contribuyen a la generación de riqueza del país. Se estima que hay 75,6 millones de empleadas domésticas en todo el mundo, de las cuales al menos el 30% son personas migrantes (OIT, 2023).</p>
<p>Sin embargo, y a pesar de la relevancia del concepto para ofrecer una perspectiva geopolítica sobre los afectos y su mercantilización —dice Hochschild: “El principal recurso extraído del tercer mundo ya no es el oro o la plata, sino el amor” (2000)—, este enfoque es insuficiente para abordar la multiplicidad de factores estructurales e individuales detrás de la decisión de migrar para trabajar cuidando.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Los múltiples factores detrás de la <strong>migración</strong> de cuidados</font></strong></p>
<p>Las razones que llevan a las <strong>mujeres migrantes</strong> a insertarse en estas cadenas globales trascienden lo económico. Factores como los conflictos armados y políticos, las violencias de género, el desplazamiento climático, la LGBTIfobia, entre otros, también explican la configuración de estos circuitos transfronterizos. La profesora colombiana Camila Esguerra introduce el concepto de&nbsp;tramas transnacionales del <strong>cuidado</strong>&nbsp;para complejizar la propuesta original de las cadenas globales de <strong>cuidado</strong>. La autora rompe con la narrativa tradicional de la "migrante económica", al considerarla unidimensional e insuficiente para comprender la dinámica global. Según Esguerra, las&nbsp;tramas transnacionales del <strong>cuidado</strong>&nbsp;son una urdimbre densa y compleja que incluye aspectos sociales, económicos, políticos, narrativas sociales sobre <strong>migración</strong> y <strong>cuidado</strong> y proyectos neo(coloniales) que sostienen el régimen transnacionalizado de cuidados&nbsp; (2021).</p>
<p>Ir más allá del relato economicista no significa negar las condiciones estructurales que generan las expulsiones (Sassen, 2015), sino reconocer la diversidad de factores estructurales e individuales que llevan a una mujer a migrar para dedicarse al <strong>cuidado</strong>.</p>


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<p>Ahora bien, hay también una diversidad de factores individuales que pesan en esta decisión, uno de estos es la búsqueda de autonomía. Muchas <strong>mujeres migrantes</strong> deciden insertarse en el mercado de cuidados para sostener un proyecto migratorio que les permita construir autonomía frente a instituciones como la familia, donde se reproducen diversas desigualdades, incluidas las de género. Como señala la profesora Alethia Fernández: “La <strong>migración</strong> suele ser un quiebre del espacio social y una oportunidad para controlar el entorno social a favor de las mujeres (a través de un empleo remunerado y reconocido, una nueva división sexual del trabajo, nuevas redes sociales y conocimientos adquiridos)” (2014)</p>
<p>Las <strong>mujeres migrantes</strong> que cuidan no son solo mano de obra barata, sino agentes sociales, afectivos y políticos con capacidad de acción individual y colectiva. Recordar esto nos permite romper con el mito de las <strong>mujeres migrantes</strong> como víctimas indefensas y pasivas. Los ejemplos de la capacidad de agencia de las <strong>mujeres migrantes</strong> cuidadoras son incontables. En España, la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar calculaba en 2021 que el promedio de participación migrante en las 32 asociaciones de trabajadoras del hogar recopiladas era del 84,20%. Más de 10 de estas organizaciones están conformadas exclusivamente por <strong>mujeres migrantes</strong>, como el Sindicato de Cuidadoras Sin Papeles, Mujeres Unidas entre Tierras y Libélulas, entre otros colectivos (EFFAT, 2021).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>La migrante cuidadora que no regresa</font></strong></p>
<p>En&nbsp;<em>Ceniza en la Boca,</em> los hijos adolescentes de la madre migrante se trasladan años después a España. La hija descubre la difícil situación económica de su madre, lo que define su propia experiencia migratoria. Entonces, surge la pregunta de por qué su madre sigue prefiriendo cuidar ancianos en España. Dice la hija: “Si en México nos podían decir que éramos pobres (…) pero en Madrid nos miraban como pobres y además como apestados”.</p>
<p>Los motivos de la madre no son del todo claros en la novela, pero lo que se observa es una mujer refugiada en su proyecto migratorio que, a pesar del tiempo y el dolor insiste en quedarse en España, cuidando. Entenderlo requiere explicaciones que van más allá del dinero.<strong></strong></p>
<p><br></p>]]></content:encoded>
<author></author>
</item>
<item>
<guid>https://lacaderadeeva.com/voces/bullying-escolar-educar-para-la-paz-es-la-unica-salida-real/16624</guid>
<pubDate>05/01/2026 07:00:00 p. m.</pubDate>
<title>Educar para la paz&#58; la &#250;nica respuesta real frente al bullying escolar</title>
<description>Normalizar el acoso escolar perpet&#250;a una violencia que deja huellas profundas en ni&#241;as&#44; ni&#241;os y adolescentes&#46; Frente al bullying&#44; es necesario construir entornos educativos basados en la empat&#237;a&#44; la escucha y la educaci&#243;n para la paz&#46;</description>
<content:encoded><![CDATA[<div><img src="https://blob.lacaderadeeva.com/images/2026/05/01/frida-2a1d874a-focus-0-0-1280-720.webp" alt="Educar para la paz: la única respuesta real frente al bullying escolar" title="Educar para la paz: la única respuesta real frente al bullying escolar"></div><p>Durante muchos años hemos escuchado frases como “son cosas de <strong>niños</strong>”, “así se llevan” o “a todos nos pasó”. Expresiones que, lejos de ser inofensivas, han contribuido a minimizar una de las problemáticas más persistentes y dolorosas dentro de nuestras escuelas: el <strong>bullying</strong>.</p>
<p>Hablar de <strong>acoso escolar</strong> no es hablar de un juego, ni de una etapa pasajera. Es hablar de <strong>una forma de violencia que deja huellas profundas en la identidad</strong>, la autoestima y el desarrollo emocional de quienes la viven. Y lo más preocupante no es solo su existencia, sino la manera en que, como sociedad, la hemos normalizado.</p>
<p>Desde mi experiencia como psicóloga y directora de <strong>Fundación en Movimiento</strong>, he tenido la oportunidad de escuchar cientos de historias que coinciden en algo: el dolor no proviene únicamente de la agresión, sino del silencio que la rodea. Niñas, <strong>niños</strong> y adolescentes que no son escuchados, docentes que no cuentan con herramientas suficientes para intervenir, y familias que muchas veces no saben cómo actuar. Este entramado de omisiones convierte al <strong>bullying</strong> en una herida social compartida.</p>


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<p>Diversos especialistas han señalado que la violencia no surge de manera aislada, sino que es el reflejo de dinámicas sociales más amplias. En este sentido, el sociólogo Johan Galtung plantea que la violencia puede ser directa, pero también estructural y cultural. El <strong>bullying</strong>, entonces, no es solo el acto visible de agredir, sino también el resultado de <strong>una cultura que tolera, justifica o invisibiliza estas conductas.</strong></p>
<p>Cuando una burla constante se vuelve “normal”, cuando un apodo hiere y nadie interviene, cuando la exclusión se interpreta como parte de la convivencia, estamos frente a una forma de violencia cultural que se reproduce sin cuestionarse. Y es ahí donde radica el mayor riesgo: en dejar de verla.</p>
<p>Los datos en México son contundentes, desde Fundación en Movimiento, fundación que forma parte del <strong>Pacto por la Primera Infancia</strong>, hemos identificado en nuestros diagnósticos que la mayoría de los casos ocurren dentro del aula, y un porcentaje mínimo recibe atención efectiva por parte de las autoridades escolares. Esto nos obliga a replantear no solo qué está pasando, sino qué estamos dejando de hacer.</p>
<p>No podemos seguir abordando el <strong>bullying</strong> únicamente desde la sanción. <strong>Castigar sin comprender no transforma la conducta.</strong> Necesitamos ir más allá: comprender el origen de la violencia, desarrollar habilidades socioemocionales y construir entornos donde el respeto no sea una norma impuesta, sino un valor vivido.</p>


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<p>En este camino, la educación para la paz se convierte en una herramienta fundamental. Llevar esto a las escuelas significa formar estudiantes capaces de reconocer sus emociones, comunicarse sin violencia y resolver sus diferencias de manera constructiva.</p>
<p>Hoy, en el marco del <strong>Día Internacional contra el Bullying</strong>, más que preguntarnos por qué sucede, tendríamos que cuestionarnos qué estamos haciendo para cambiarlo. Porque mientras sigamos minimizándolo, seguirá creciendo en silencio.</p>
<p>El <strong>bullying</strong> no es cosa de infantes o adolescentes. Es una responsabilidad de adultos. Y también, una oportunidad: la de construir, desde la educación, una sociedad más consciente, empática y en paz.</p>
<p><br></p>]]></content:encoded>
<author></author>
</item>
<item>
<guid>https://lacaderadeeva.com/voces/masculinidad-toxica-en-el-fearless-congress-de-jalisco/16599</guid>
<pubDate>04/30/2026 10:15:00 a. m.</pubDate>
<title>Las falsas salidas a la crisis de masculinidad</title>
<description>La crisis de masculinidad atraviesa a muchos j&#243;venes&#46; Frente a ello&#44; discursos conservadores y fen&#243;menos como el looksmaxxing ofrecen respuestas simplistas que refuerzan estereotipos&#46; La salida est&#225; en la educaci&#243;n&#44; igualdad y modelos masculinos m&#225;s libres y emp&#225;ticos&#46;</description>
<content:encoded><![CDATA[<div><img src="https://blob.lacaderadeeva.com/images/2026/04/28/columna-magdacoss-e31ced5f-focus-0-0-1280-720.webp" alt="Las falsas salidas a la crisis de masculinidad" title="Las falsas salidas a la crisis de masculinidad"></div><p>Es verdad que hay <strong>crisis masculina</strong>: los hombres lideran las cifras de suicidio, adicciones, encarcelamiento y muertes violentas; muchos se sienten perdidos, sin lenguaje emocional ni redes de apoyo. Sin salidas ni esperanza ante la policrisis económica, política y climática que el mundo atraviesa.</p>
<p>Además, en México esto ocurre en un contexto de violencia estructural extrema con al menos 43 mil personas desaparecidas reconocidas por el Estado, pero podrían ser más de 120,000 de acuerdo a los cálculos de organizaciones de derechos humanos. El 76% de las desapariciones son hombres.</p>
<p>¿Cómo cambiar esta realidad? ¿Cómo escapar de esta amenaza? Los chicos están buscando modelos a seguir, y los primeros en buscar su atención y “me gusta” son otros adolescentes u hombres jóvenes instagrameables que prometen fama, dinero, éxito y la vida perfecta si logran cambiar su físico. El <em><strong>Looksmaxxing</strong></em>&nbsp; y su versión más radical el <em><strong>Hardmaxxing</strong></em> que promueve llegar a cualquier extremo como tomar testosterona, hormonas de crecimiento y otras sustancias, o incluso recurrir a martillazos para cambiar tu estructura ósea, son una puerta de entrada a esa “machósfera” que mide su éxito según al número de mujeres que atraen.</p>
<p>Si después de desarrollar músculos y conseguir la apariencia “adecuada” no logras atraer mujeres, la culpa es de ellas. Al igual que para los “<strong>incels</strong>” (célibes involuntarios) las mujeres son culpables de negarles algo a lo que creen que tienen derecho.</p>
<p>Es en este contexto, se llevó a cabo el <em><strong>Fearless Congress</strong></em> en el estado de Jalisco, un espacio presentado como de “sanación emocional”, “trabajo personal” y “nuevas masculinidades”, apropiándose del lenguaje que el feminismo y los estudios de género han construido durante décadas, pero para reciclar una masculinidad patriarcal conservadora.</p>


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<p>¿Qué ofrece este espacio a los adolescentes confundidos por la falta de referentes masculinos y que intentan encontrar su propia manera de ser hombres? Encuentran respuestas simples a problemas complejos: una identidad cerrada, con roles rígidos de género, heteronormativa, separatista de las mujeres y enemiga del feminismo, y una narrativa que le dice que la raíz de su malestar es que “la masculinidad tradicional está bajo ataque”.</p>
<p>En el conservadurismo que organizó este tipo de congresos a las mujeres nos matan, nos desaparecen y nos mandan a sostener hogares en soledad y dependencia, pero a los hombres tampoco les va bien: guerras, secretos, suicidios, la obligación de llenar un molde específico en el que la única forma de ser exitoso es tener dinero en una sociedad de profunda desigualdad, crisis financiera y falta de oportunidades estructurales.</p>
<p>No se puede negar la crisis masculina: en Inspiring Girls la vemos en cada salón de clases; en los chicos que no encuentran palabras para nombrar lo que sienten, en los jóvenes que creen que para gestionar el dolor deben de recurrir al alcohol, drogas, violencia o silencio.</p>


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<p>Lo que necesitamos construir para ellos son espacios donde puedan cuestionar el mandato de ser fuertes, exitosos y dominantes, sin que eso implique perder su valor ni su pertenencia. <strong>Espacios donde tengan el derecho a construir una vida propia, situada, ética, compleja.</strong></p>
<p>Si de verdad nos preocupa el sufrimiento de los hombres, tenemos que mirar hacia la educación y no hacia congresos de reafirmación patriarcal disfrazados de innovación espiritual: necesitamos una educación sexual integral basada en evidencia, que hable de consentimiento, placer, diversidad, prevención de violencias y corresponsabilidad.</p>
<p>Una formación que muestre la plasticidad del cerebro y el peso del aprendizaje social en lugar de repetir que las chicas son emocionales y que los chicos son fuertes; currículos éticos y ciudadanos que coloquen en el centro los derechos humanos y la igualdad y enseñen a niñas y niños a preguntarse cómo impactan sus decisiones en los demás; políticas públicas con perspectiva de género y alianzas entre escuela, comunidad y organizaciones feministas para diseñar programas donde el feminismo deje de ser el enemigo que castiga a los hombres y se reconozca como la fuerza que puede liberarlos de mandatos imposibles y dolorosos.</p>
<p>Y sobre todo, necesitamos aliados, hombres reales, que se permitan la vulnerabilidad, que no basen su valor en dominar, en acumular poder o dinero, sino en vivir en paz consigo mismos y con las demás personas, capaces de ternura, de cuidar y pedir ayuda, de vivir sin violencia, sin dobles vidas, sin secretos que los destruyan por dentro.</p>
<p>Sólo con estos modelos y referentes que inspiren a los niños y jóvenes, lograremos sociedades más seguras e igualitarias para las niñas y mujeres.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><br></p>]]></content:encoded>
<author></author>
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<guid>https://lacaderadeeva.com/voces/el-feminicidio-de-carolina-flores-no-requiere-eufemismos/16595</guid>
<pubDate>04/29/2026 10:00:00 a. m.</pubDate>
<title>El feminicidio no se explica con eufemismos&#58; justicia y verdad para todas</title>
<description>El feminicidio de Carolina Flores reabre una discusi&#243;n urgente&#58; el riesgo de usar eufemismos para explicar violencias estructurales contra las mujeres&#46; M&#225;s all&#225; de las din&#225;micas familiares&#44; el caso evidencia omisiones institucionales y un sistema de justicia que permite que se perpet&#250;e la impunidad&#46;</description>
<content:encoded><![CDATA[<div><img src="https://blob.lacaderadeeva.com/images/2026/04/28/portadas-lcde-1-270ba17a-focus-0-0-1280-720.webp" alt="El feminicidio no se explica con eufemismos: justicia y verdad para todas" title="El feminicidio no se explica con eufemismos: justicia y verdad para todas"></div><p>El feminicidio de <strong>Carolina Flores</strong> se ha explicado en los últimos días utilizando términos psicológicos como "enmeshment" —que hace referencia a relaciones familiares con límites poco claros o excesiva dependencia emocional—. Sin embargo, calificar así este caso puede trivializar la violencia real y grave que ocurrió: un acto brutal contra una mujer.</p>
<p>Cuando empleamos términos diagnósticos para describir crímenes, corremos el peligro de reducir la verdad. No, no era una "familia unida" en absoluto. No era un problema de comunicación. Fue un acto de poder, uno que terminó con la vida de una mujer, en un entorno en el que el silencio y el tiempo jugaron a favor de la impunidad. </p>
<p>Con este señalamiento no busco descalificar a quienes han intentado explicar el caso desde conceptos como “enmeshment” o “incesto emocional”. Es comprensible que desde la psicología se busquen herramientas para nombrar lo que ocurre en las relaciones.</p>
<p>Sin embargo, desde una mirada de derechos humanos y de psicología feminista, es indispensable no perder de vista el centro: la violencia contra las mujeres no puede explicarse únicamente desde lo emocional o lo familiar, porque hacerlo corre el riesgo de desplazar la responsabilidad y diluir la gravedad del crimen.</p>


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                                    <div>Por Wanda Pacheco</div>
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<p>Este caso no es evidencia de descontrol emocional. Lo que demuestra es algo aún más perturbador: el riesgo muy real de que ocurra alguna violencia dentro de un lugar que, se supone, es seguro, y nadie responda de inmediato.</p>
<p>Las horas que transcurrieron antes de que se activara la <strong>justicia</strong> no son un detalle menor. Hablan de un contexto donde el tiempo no se usa para proteger, sino que puede convertirse en un recurso que favorece el encubrimiento.</p>
<p>Además, en el caso de Carolina no hay evidencia pública de una activación oportuna de los servicios de emergencia. Esto no es un detalle menor: es parte de las omisiones que pueden permitir que la violencia escale hasta sus consecuencias más graves.</p>
<p>Reducir este hecho a una dinámica familiar también implica otro riesgo: trasladar la conversación hacia las relaciones, las emociones o incluso la conducta de la víctima. Y eso no solo es impreciso, es revictimizante.</p>
<p>Nada en la vida de una mujer explica ni justifica la violencia que se ejerce contra ella. Desde una mirada de derechos humanos y de psicología feminista, es indispensable hacer un giro: dejar de buscar explicaciones en la intimidad de las familias, de dar “consejos” a las mujeres para detectar señales y comenzar a nombrar lo que sí está en juego.</p>
<p>La violencia contra las mujeres no es un fenómeno aislado ni individual, es estructural. Se sostiene en relaciones de poder, en desigualdades normalizadas y, sobre todo, en un sistema que no siempre responde con la urgencia y la contundencia que estos casos requieren.</p>
<p>Más allá de la promulgación de nuevas leyes, como la reciente Ley General para prevenir, investigar, sancionar y reparar el daño por el delito de feminicidio, propuesta en marzo de 2026 por la Presidencia de México y respaldada en el Congreso en abril del mismo año, es indispensable que las autoridades y fiscalías actúen con debida diligencia y un enfoque real de derechos humanos. De poco sirven leyes si quienes deben aplicarlas no lo hacen con eficacia y compromiso. Los casos de Carolina, de Edith y de cientos de mujeres más muestran claramente esta brecha entre lo normativo y lo real.</p>


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<p>Por eso, la pregunta no es cómo era la relación entre la <strong>suegra</strong> y su hijo. La pregunta es otra, mucho más incómoda: ¿Cómo es posible que una mujer sea asesinada en su propia casa y que el sistema tarde en reaccionar? ¿Cómo es posible que el tiempo transcurra sin activar de inmediato los mecanismos de <strong>justicia</strong>?</p>
<p>Ahí está el centro del problema, porque la impunidad no es solo la ausencia de castigo. Es también el margen que permite que la violencia ocurra, se gestione y, en muchos casos, se normalice.</p>
<p>Nombrar correctamente estos hechos no es un asunto de lenguaje, es un asunto de <strong>justicia</strong>.</p>
<p>También es necesario cuestionar por qué estos hechos no se investigan con la debida diligencia y perspectiva de género, incluyendo todas las líneas que permitan esclarecer posibles responsabilidades y omisiones.</p>
<p>La negligencia no es solo un error: es una condición que permite que la violencia se perpetúe. Es el silencio institucional el que puede hacer funcional el silencio de quienes no actúan. Si el sistema de <strong>justicia</strong> fuera una respuesta real e inmediata, el tiempo no jugaría a favor de la impunidad.</p>
<p>Normalizar que una escena de violencia pueda sostenerse durante horas sin una intervención oportuna no solo es grave: es parte del problema que el sistema de <strong>justicia</strong> reproduce.</p>
<p>Es urgente dejar de colocar la responsabilidad en las mujeres y de usar narrativas que minimizan la violencia.</p>
<p>Nombrar con claridad es fundamental: cuando se diluye el crimen, se fortalece la impunidad y la revictimización.</p>
<p>Las instituciones tienen la obligación de responder con debida diligencia, perspectiva de género y mecanismos efectivos de protección.</p>
<p>Y como sociedad, nos corresponde exigir <strong>justicia</strong> y no normalizar la violencia. Nombrar la violencia con claridad también es una forma de <strong>justicia</strong>.</font></p>
<p><br></p>]]></content:encoded>
<author></author>
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