-Analizar los sentimientos.

-La cosa más acuario.

-¡Sí!

La plática – entrevista con Amalia Andrade, colombiana, de 36 años y escritora, comienza así. Ambas somos de ese signo zodiacal y diría que es exageración mencionarlo, sino fuera porque en este nuevo libro de fotoensayo que publica No sé cómo mostrar dónde me duele hay vasta referencia a Shakira, otra mujer acuario. En su anterior libro de 2016, “Uno siempre cambia al amor de su vida”, hay más repertorio de la cantante de Barranquilla también. Y una creería que las canciones y letras de esa antigua Shakira, con la que crecimos las millennials, sería suficiente educación emocional, pero llega Amalia para decirnos que no es así.

“Todos los días me pregunto por esa diferencia, trato de sentir sin pensar o de pensar sin sentir y me siento como si tratara de descifrar el enigma del huevo y la gallina”, se lee entre los primeros párrafos del más reciente libro de Amalia Andrade.

Foto: Instagram @amaliaandrade_
Foto: Instagram @amaliaandrade_

Creer o no en signos es personal, pero lo cierto es que el analfabetismo emocional no es una cuestión de ser acuario o personas cáncer, ni nuestro ascendente o Venus. Es un problema de casi toda la humanidad, de la generación de nuestros padres, de nuestras madres y sobre todo, nuestros abuelos y los padres de ellos. Ojalá fuera algo zodiacal, así solo nos encargaríamos que nadie nazca entre mes y mes y listo, por desgracia, es más, mucho más complejo que eso.

Para nuestra fortuna, Amalia Andrade ha tenido que buscar en su interior para que nosotros podamos conectar con nuestras emociones. Con unas gafas de sol, su cabello rizado rubio con tonos naranjas y amarillos que cambia de lado a lado con ayuda de sus manos, Amalia cuenta en entrevista durante la Feria Internacional del Libro en Guadalajara que seleccionó varias fotografías al sentirse tan despojada de palabras.

“Soy muy amante de la fotografía y admiradora. Compré una cámara y empecé a tomar compulsivamente fotos creyendo que lo que hacía era no escribir (...) y después de mucho tiempo me di cuenta que las fotografías que tomaba era escribir, pero con imágenes. Y que las fotografías en sí mismas son textos", dice Amalia Andrade.

Al abrir el libro aparece una fotografía de uno de sus gatos con un mensaje a escritura manual que dice: “soy una máquina de sentir cosas que me aterra sentir” y al hojear un poco más, tenemos a Amalia en una serie de tres fotografías. En ellas sale en un sofá, sentada con las piernas dobladas, una playera blanca, poses sin pretensiones, evitando la cámara al inicio y después mirándonos con la luz del sol en su cara.

“No quería escribir este libro”, admite Amalia en el segundo capítulo que aborda el tedio. Escribir que una no quiere escribir, siquiera mensajes de Whatsapp o el nombre propio, (pero explicando además el por qué) es una paradoja en el proceso creativo de escritura que con poca frecuencia se escucha y más aún, que se plasma. Al final del día es la honestidad de Amalia la que nos ha vuelto seguidoras de su trabajo, pues te absorbe entre las páginas.

Entre la educación emocional y el "ya no llores" 

Amalia vulnerable y brutalmente honesta en “No sé cómo mostrar dónde me duele”, Amalia en sus redes sociales, Amalia de frente en entrevista y la Amalia rockstar con gafas oscuras que sale a su presentación frente a decenas de lectores con “Could you be loved” de Bob Marley que suena de fondo, son las versiones de Amalia que coexisten en este universo y todas ellas nos muestra sin dejo.

Durante la presentación del libro en la FIL Guadalajara el pasado miércoles 29 de noviembre, Amalia Andrade interpeló a la audiencia y preguntó entre risas si es que acaso todos habíamos sido tirados de niños de la cuna. Pregunta, pues parece común decirle a la gente que queremos mucho frases como “ya no llores” para reprimir nuestras emociones como si eso representara fortaleza emocional.

“Y recuerdo mucho a mi terapeuta diciéndome ‘tus propias emociones no están en contra tuyo. Tus emociones no son tus enemigas, aunque sea enorme esa tristeza, no te puede matar’. Yo sí sentía que podía matarme (la tristeza) y ahí dije como ‘wow, o sea, yo no sé nada”, confesó Amalia sobre cuándo se dio cuenta de su analfabetismo emocional.

Además, la escritora de Cali no solo habla sobre la importancia de acudir a sesiones de terapia como el único método para escuchar nuestras emociones, también ofrece en su libro otros consejos valiosos como escuchar a Alanis Morrisette para la reeducación sentimental. Ofrece bailes de salsa con Grupo Niche, retos al estilo de TikTok como “alguien de aquí”, pero en versión competencias emocionales y sobre todo, ofrece páginas en blanco para que los lectores y lectoras escriban, por ejemplo, una lista de cosas que les dan envidia. Porque sí, hay que atravesar la envidia, no evadirla.

Y entre citas de Café Tacuba, Shakira desde luego y hasta Joe Arroyo, la autora de “No sé cómo mostrar dónde me duele” también cuestionó entre el público la contradicción de cómo la música y letras de América Latina son súper emocionales, pero la educación emocional de la población es tan precaria. 

“Yo creo que si nosotros sentimos que nuestras educaciones emocionales son precarias, no me imagino como serán la de los alemanes, con todo el respeto de los alemanes, pero si no hay rancheras, no hay boleros, no sé cómo sienten. O como esa canción de Pimpinela que se responden el uno al otro. Yo no sé, pero eso es arte”, dice Amalia entre risas de los asistentes.

Foto: Instagram @amaliaandrade_
Foto: Instagram @amaliaandrade_

La violencia estructural en Colombia

Lejos, muy lejos de ser un libro de autoayuda o reflexiones superfluas, este fotoensayo con ilustraciones y letras honestas, así como textos educativos sobre las emociones, también aborda una problemática que en América Latina debe considerarse en cuanto la educación emocional de la población: la violencia estructural.

Y es que Amalia relata que ella vivió en su infancia los episodios de violencia por el narcotráfico en tiempos del capo Pablo Escobar, sumados a los de las guerrillas en Colombia. Que aunque poco entendía la situación por ser pequeña, no era ajena al terror que vivía la población civil.

“Para mí Pablo Escobar no tenía cara. Era como un malo que se podía aparecer, era como el coco, como la encarnación del mal. (…) Lo que valoro ahí es la idea de una infancia donde la persona más buscada del mundo, se puede meter en la casa de uno al igual que se pueden meter los ladrones, cosa que no iba a pasar”, comenta Amalia en entrevista.

Finalmente, la escritora colombiana que ha vendido más de 1 millón de ejemplares de sus libros, nos deja ver quién es ella como apartándose la cámara que le cubre el rostro. Aunque ella confiese en el libro que busca su identidad entre mensajes de texto, entre registros civiles o pláticas incómodas con las mujeres de su familia, parece que no se guardara nada y, que lo que no sale en este libro, quizás este en sus redes. Sin embargo, para el bien de todos hay temas que ni siquiera sospechamos y que atesora para sí misma.

“En esos silencios de lo que me guardo, que a lo mejor puede ser súper insignificante, como que lo cuido mucho. Lo cuido mucho”, dice Amalia en entrevista que, al finalizar, ahora procede a ser retratada por un fotógrafo como parte de sus actividades en esta Feria del Libro.