El bordado reúne, puntada a puntada, una red de hilo que a su vez está compuesta por hebras tan delgaditas que apenas pueden ser visibles. Pero más allá de eso, es una red de mujeres que acuerpan historias que pasan de lo individual a lo colectivo.
En este tejido de historias y colores, un grupo de mujeres se reunió en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para visibilizar la resistencia de las académicas en el campo de las ciencias.
Rodeadas de bastidores, tijeras, agujas e hilos de diferentes colores, comenzaron a bordar una "A" en la parte de Académico sobre la "O" de sus batas, un gesto que se convirtió en un acto de rebeldía contra la invisibilización de las mujeres en la academia.
Foto: Sandra Rojas
En entrevista para La Cadera de Eva, la doctora Ana Carrera, titular de la Unidad Integral de Género de la Facultad de Ingeniería, explica que esta iniciativa surgió de la necesidad de visibilizar la presencia de las mujeres en la academia.
Ana Carrera fue la primera en tomar la iniciativa al bordar una "A" roja en su propia bata en 2024, como una forma de reclamar su lugar en la academia y cuestionar la ausencia de batas que reconocieran la contribución femenina.
Esta acción simbólica se convirtió en un movimiento que se extendió a otras facultades, convirtiéndose en una forma de resistencia y empoderamiento para las mujeres en la academia. El primer bordado se realizó el año pasado en la Facultad de Química.
“Si no nombramos las cosas pareciera que no existen. Yo creo que el bordado tiene un significado particularmente femenino, de forma histórica se nos ha asociado como que remendamos y a través de esa reparación justo estamos interviniendo una bata para poder nombrarnos” (Ana Carrera, titular de la Unidad Integral de Género de la Facultad de Ingeniería. )
Zurcir la desigualdad
En México, sólo tres de cada 10 profesionistas en carreras STEM son mujeres, según datos de 2021 del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Pero frente a la Explanada de la Fuente del Prometeo de la Facultad de Ciencias, llenas de hilos y agujas, estudiantes y profesoras se reunieron para tejer un futuro diferente, uno en el que su trabajo sea reconocido y valorado.
Para Alejandra Guzmán Cortés, profesora de asignatura de la Facultad de Ingeniería, el bordado es una herramienta que permite a las mujeres retomar y reinterpretar sus tradiciones y habilidades para contar su propia historia.
"Es importante hacernos valer como mujeres y visibilizar nuestro trabajo. Siempre se nos ha hecho ver como mujeres que no tenemos valía en el campo científico” (Alejandra Guzmán Cortés, profesora Facultad de Ingeniería.)
Esta visión es compartida por Ana Laura Nila, jefa del Departamento de Ingeniería Geológica. Para ella bordar su bata fue transportarse al pasado cuando tejía junto a su abuela, pero también fue un momento de introspección para reflexionar sobre los retos que enfrentan las mujeres al estudiar una carrera en las Ciencias.
“Hay muchos obstáculos, desde que duden de tus capacidades, acoso, comentarios machistas que te hacen sentir que no eres lo suficientemente buena. Estás en constante prueba, y parece que no importa lo que hagas, siempre habrá alguien que diga que no lo lograste por tus propios méritos, sino por alguna otra razón” (Ana Laura Nila, jefa del Departamento de Ingeniería Geológica. )
Nombrarse como acto de resistencia
Nombrarse es un acto de poder. Para Lloyd, estudiante de biología y persona no binaria, bordar la palabra "académicx” en su bata es una forma de declarar su identidad y reclamar su lugar en la academia. “Si no le ponemos nombre, entonces no lo reconocemos. Y si no lo reconocemos, es como si no existiera”, menciona.
La importancia de nombrarse académica es un tema que resuena en la comunidad científica. Miranda, estudiante de biología, señala que visualizar el papel de las mujeres académicas es fundamental para inspirar a las niñas y adolescentes a estudiar carreras científicas. "Es importante que vean referentes y se sientan motivadas a seguir sus pasos", afirma.
Foto: Sandra Rojas
El bordado de las batas se convirtió en un punto de encuentro para que las mujeres compartieran sus historias y experiencias en el campo de la ciencia. La "A" bordada en la bata se convirtió en un símbolo de resistencia y visibilización, un recordatorio de que las mujeres están presentes en la academia y que su trabajo es valioso.
Mientras las agujas seguían moviéndose, las mujeres seguían tejiendo su historia, una historia de lucha y perseverancia, de resistencia y visibilización. Y en cada puntada, se recordaban a sí mismas que nombrarse es un acto de poder, y que su presencia en la academia es indispensable.